En el camino a las elecciones del próximo junio se ha disparado una fuerte polarización política y social sobre los distintos cargos de elección popular, sobre todo en cuanto a la elección presidencial.
Si bien, la variedad de partidos ha estado siempre presente, la polarización es diferente en esta ocasión y esto radica en que la elección presidencial se resume prácticamente entre dos bandos. Esta distancia ideológica ha generado consecuencias dentro de la sociedad, hablo de una constante lucha y ataque entre los votantes, de la intolerancia entre las propias candidatas y la tensión entre ellas que pudimos ver en los diversos debates, así como las expresiones de ambas sobre su contraria, constantes discursos de odio y la intromisión en la vida personal y familiar de los candidatos. Todas estas actitudes han incentivado una lucha social que desencadena precisamente en una polarización social de los votantes de Morena y los del bloque opositor.
Curiosamente a nivel mundial, este tema es considerado uno de los riesgos geopolíticos más importantes, siendo un año de elecciones considerable en todo el mundo. Esto no significa que la polarización política sea solo tema actual, sino que siempre se encuentra esta distancia ideológica, que, si bien genera grupos fuertes y viables con la misma ideología, termina por generar otras situaciones que no son visibles en un primer momento.
Las brechas entre los grupos sobre las preferencias electorales son, por un lado, el resultado de creencias basadas en la unión y cohesión social con el grupo simpatizante, y por otro, el rechazo, descontento social y político al grupo contario. A pesar de que parezca una estrategia favorable para los líderes políticos generar esta brecha y obtener votos seguros y simpatizantes del partido, termina por arriesgar la misma democracia porque incentiva un sentimiento muy fuerte de lucha entre los bloques, partidos políticos, o entre los que tienen el poder en contra de los que aspiran a tenerlo.
No olvidemos que son los líderes políticos quienes tienen la verdadera responsabilidad de no dividir a la sociedad, por el contrario, deben hacer saber que se gobierna para todos.
Los autores Levitsky y Ziblatt han escrito sobre las reglas no escritas de la democracia y estas son la tolerancia mutua y la contención. Hablan de las reglas que permiten a una democracia funcionar con líderes opuestos, de moderar el poder y de aceptarse como adversarios legítimos a pesar de las distintas ideologías.
Es importante considerar todo el tiempo la identidad social de los simpatizantes, pues son los líderes políticos quienes juegan todo el tiempo con ello para generar esta polarización. Realmente los votantes no son enemigos, todos aspiran a un mejor país en todos los sentidos, la manera de hacerlo posible claramente implica caminos distintos, pero esa distancia en la ideología no es precisamente el problema, sino lo que nos han hecho pensar por ser de distinto bloque.
La polarización política y social realmente no es mala, en una democracia es totalmente normal que exista, pero es importante analizar como los políticos y gente de gobierno hacen uso de esta para dividir a la ciudadanía. No estamos polarizados, sino que somos diversos y plurales.