Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 

En lo oscurito recibieron los diputados a los jefes policíacos” Tomado de las redes sociales aquí, en Aguascalientes.

Entre el riquísimo acervo de expresiones populares coloquiales me encanta esta; en lo oscurito. Así con el diminutivo tan caro pa’ nosotros los mexicanos. Hay quien dice que proviene de la actitud sumisa (sería ladina) de los indígenas (nuestra otra mitad), ante los conquistadores (la otra micha), que se quedó como sello en el mestizaje, que’sque la raza cósmica (a veces pienso que le vendría mejor el apelativo de “raza cómica”, porque tomándosela en serio esto que vamos viviendo está como para sentarse a llorar con tonada, como decía mi mamá). Bueno hasta hay un país que su toponímico es “tico” por el uso frecuente del diminutivo terminándolo en ico en vez de ito, que también viene del castellano. Ahí tenemos por ejemplo “borrico”.

Estar en lo oscurito evidentemente puede referirse en un sentido directo a cobijarse bajo una sombra no tan cerrada, no tan tupida, o seáse “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”, estar en lo oscurito es refrescarse, es protegerse de los rayos inclementes del sol, es un vasito de agua en el desierto, es lugar de reposo y restauración. Pero, pOr supuesto y para eso nos pintamos solos los mexicanos es darle otros sentidos figurados o picareescos. Juan Verdaguer, el fino humorista argentino solía decir que le encantaba venir a trabajar a México, porque a sus chistes de doble sentido los mexicanos les encontraban seis.

No es extraño pues, darle a “lo oscurito” un sentido de picardía. Querer llevar a una mujer a lo oscurito se interpreta como la pérfida intención (o no tan pérfida, depende de lo apetecible que esté el galán) de cruzar el umbral de la “friend zone”, según me dicen algunas jóvenas amigas que ahora se estila decir. En otras palabras que tienen la despreciable pretensión (o no tan despreciable, según queda dicho) de cuchiplanchar a la interfeuta, lo que puede ser muy feo, o muy lindo, todo depende de que sea unilateral o bilateral el asunto. Ya se sabe que lo  que ocurra entre dos adultos de común acuerdo, en que se involucren los cuerpos y las almas, no puede menos que tener la bendición de Dios, aunque a veces lo condenen sus testaferros. Ora que si son mas de dos, como decía Lalo González “El Piporro”: A lo mejor es sabroso, pero no está muy bien visto.

La versión picaresca puede sonar divertida o grotesca, pero hay una acepción mas, no tan divertida, mas bien, nada divertida, y es aquella que alude como dicen los políticos que dicen “mandatar”, a la “secrecía” (los que no saben gramática, que hubo tiempos en que había políticos que si sabían “Lengua Nacional”,). En esta acepción se alude pues, a ocultarse, a no dejarse ver, a realizar algo a hurtadillas, a escondidas, vamos, porque ese algo es algo (que valga la rebuznancia), que no se podría hacer delante de los hijos, a menos que estos fueran de la misma calaña. En lo oscurito denota la intención de ocultar u ocultarse, de no mostrarse tal cual es.

En días pasados comisiones del Congreso del Estado solicitaron la comparecencia de los Secretarios de Seguridad Pública del Estado y del municipio de Aguascalientes, a efecto de explicar las políticas y las acciones en materia de Seguridad Pública, expresamente, se filtró, se dejó fuera el penoso incidente, o por mejor decir, el peligroso incidente de las normalistas de Cañada Honda y los normalistos de Tiripetío, Mich., que no es cosa de poner en duda las actuaciones policiales sino solamente de poner a consideración de los representantes populares (así les dicen), las propuestas para poner remedio a la cascada de robos, asaltos, y delitos que han proliferado de un tiempo atrás. Algunos diputados, algunos medios, algunos ciudadanos insistieron en que la comparecencia fuera pública. La mayoría (las mayorías mandan) decidió que no era conveniente que se hicieran públicas las políticas, las medidas, o los programas policíacos que las autoridades de Aguascalientes esperan pueda servir para reducir la percepción de inseguridad que la población tiene.

Ya se sabe que desde que se acuñó el término posverdad se puso de manifiesto que la “emoción pública” sustituye a la opinión pública, y la percepción sustituye a la realidad objetiva. Si bien no es la “verdad”, opera en la realidad como si lo fuera, de manera que es muy importante que la ciudadanía tenga elementos para juzgar, formular una opinión, expresarla, y aprobar o reprobar los resultados policíacos.

Seguramente los argumentos en el sentido de que las comparecencias fueran a puerta cerrada prevalecieron, porque los esgrimió la mayoría, y además porque los ciudadanos en general no tienen la madurez ni la preparación para juzgar estrategias y políticas de seguridad. Pero, habría un sólido argumento en contra, es decir en favor de que las comparecencias fueran públicas: la importancia de enviar un mensaje de tranquilidad, de confianza, de aplomo y de certeza que se está trabajando en el sentido correcto. Vamos, recordando el apotegma romano: “la mujer del César no sólo debe ser honesta, debe parecerlo”. No es un mensaje tranquilizador para la mayoría de la población el saber que a juicio de las autoridades que eligió para representarle considera que no tiene la madurez, ni el  criterio ni la preparación para evaluar el desempeño y el resultado del desempeño de los funcionarios. Conviene que los que tenemos el privilegio de desempeñar un puesto de servicio público, no olvidemos que el juez último es el ciudadano, y más aún, su veredicto es inapelable.

A nadie escapa también que puede haber aspectos delicados que deban ser tratados temporalmente con discreción y aún en secreto (que no secrecía), pero el principio general en el servicio público es el de máxima publicidad. Una alternativa que no se exploró y que quizás conviniera analizarla es la de hacer la comparecencia en dos niveles: uno abierto con presencia de medios de comunicación y ciudadanos y sometido al interrogatorio y cuestionamiento, lo que serviría también para que los funcionarios le “tantien el agua a los camotes” y otro especializado para que se analicen a profundidad temas que requieran reserva temporal…

pero… quien será el valiente que pudiera decir como mi maestro Martín Antonio Ríos: “Pregunten lo que quieran, de lo que quieran”.

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