Juan Pablo Martínez Zúñiga

“EN LA MENTE DEL DEMONIO” (“DEMONIC”)

Yo me suscribo a la idea de que a cualquier director de género se le debe tolerar por lo menos un ejercicio personal ya sea estilístico o temático donde purgue sus ansiedades creativas o formativas para posteriormente darle vuelta a la hoja y proseguir con la consolidación de su idiolecto. Pero en el caso de Neill Blomkamp (“Sector 9”, “Chappie”, “Elysium”) simplemente no hay por dónde agarrarle el gusto a su descacharrante desplante como narrador cuando sus ideas no sólo fagocitan a Cronenberg y una que otra italianada de los 80’s, sino que termina por consolidar aquella noción que nos sembró su primera cinta sobre extraterrestres afincados en Sudáfrica a modo de parábola moralina y de muy chafa contextura argumental de que el señor es un farolero de primera categoría, incapaz de elucubrar algo sensato que valga la pena el tiempo dedicado a desencriptar sus códigos fantoches sobre conductas socialmente aceptables o deshumanización de caricatura por su fino manejo de la cámara que hace ver nuevo algo que ya pasó por muchas y mejores manos. Mas el colmo es este bodrio de consistencia cruda y vacua titulado “En La Mente del Demonio”, un risible intento de Blomkamp por unir la tecnología con posesiones demoníacas de la forma más pesada posible, con villanos humanos de cartón, una congregación de sacerdotes asesinos (los cuales se mencionan ad nauseam en la cinta hasta su decepcionante participación en la historia al no durar ni dos secuencias en la película ante el enemigo sobrenatural) y una protagonista hecha a la medida de un dramón de Televisa. La trama, por cierto, también parece sacada de un taller de guionistas de la infame televisora: Una mujer llamada Carly (Carly Pope), afectada profundamente por una fractura en la relación materna, debe reencontrarse con su progenitora una vez que ella está recluida en un hospital en estado de gravedad. Los científicos que ahí laboran la convencen para que una su psique a la de ella en una suerte de realidad virtual para averiguar qué le impide a la señora regresar a la realidad, sólo para descubrir que la razón por la que la madre mantuvo una actitud hostil y violenta hacia su hija es por un demonio alojado en su ser, así que ahora Carly deberá combatirlo, así como a los siniestros científicos que, faltaba más, tienen sus motivos ulteriores al respecto. Y así se despliega una sarta de tonteras donde temas valiosos como el amor filial, el desbaratamiento del alma por posesión e incluso un factor atractivo por lo absurdo de su concepción como una orden de sacerdotes mercenarios se tira por la borda para darle cabida al acostumbrado manejo petulante de la trama por Blomkamp. “En La Mente del Demonio” no se quedará en la mente del espectador ni dos minutos terminada la cinta.

 

 

 

 

 

 

“MADRES”
Una pareja chicana, Beto (Tenoch Huerta) y Diana (Ariana Guerra), recién casada y con el nacimiento de su primer hijo en puerta, se muda de una gran ciudad a una comunidad rural californiana a instancias de Beto, quien consigue un trabajo como capataz de un grupo de jornaleros dedicados a la pizca. Las cosas comienzan a desarrollarse con algunos tropiezos, como el desconocimiento de Diana del idioma español a pesar de su ascendencia mexicana o sus graduales descubrimientos sobre la vida que llevó la dueña anterior del hogar que ocupan, quien al parecer desapareció dejando atrás en el desván un diario personal y ominosos recortes periodísticos locales sobre una epidemia producto de los pesticidas empleados en los cultivos. Gradualmente se produce una intriga donde lo sobrenatural y una extraña conspiración se entremezclan que pondrán en riesgo la vida tanto de Diana como de su hijo nonato y la de otras mujeres en su misma condición. El novato director Ryan Zaragoza bebe de otras producciones de horror para generar sus atmósferas y situaciones riesgosas (en particular lo ya planteado por la compañía Blumhouse, la cual no es de extrañar produce este proyecto) por lo que el proceso se percibe bastante rutinario, tan sólo rescatado por el buen trabajo del reparto y una serie de cuestionamientos bastante válidos e interesantes sobre la identidad, el etnicismo y las implicaciones de llevar una vida hogareña o fundar la familia en tierra ajena. “Madres” pretende fundamentar un discurso sobre la maternidad y sus implicaciones psicológicas y emocionales pero choca con esa maraña argumental sobre una bizarra conjura contra las madres expectantes. “Madres” logra sostenerse gracias a sus bondades actorales y técnicas, pero el argumento debió amamantarse un poco más.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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