Su nombre es Andrea Rivera, actualmente es la encargada del Área de Socorro de la Cruz Roja Mexicana en la delegación estatal, formando parte del equipo de más de 40 personas asignadas para la delicada misión del traslado de pacientes sospechosos y positivos de COVID-19.

Consciente de que la atención en la presente pandemia es uno de sus mayores retos como paramédico, asegura también que de manera progresiva ha ido perdiendo el miedo, sin relajar la implementación de las estrictas medidas preventivas en todo momento.

A 200 días de que se registrara el primer caso positivo de coronavirus a nivel local y dada la eventualidad sanitaria que obligó al sector salud a coordinar trabajos con otras instituciones para controlar la propagación del virus, desde el pasado 2 de abril la Cruz Roja Mexicana se ha coordinado con el ISSEA en el traslado de pacientes, algunos de ellos en estado grave. Desde entonces y hasta la fecha, personal de la benemérita institución ha realizado más de 200 traslados previamente programados incluso en territorio del vecino estado de Zacatecas.

La paramédico explicó que conforme han ido transcurriendo los días, el tiempo de equipamiento de los trajes de protección contra COVID-19 ha ido disminuyendo, pues en un principio tardaban hasta 45 minutos retrasando la salida por el paciente, actualmente basta un tercio de ese tiempo para alistarse y prestar oportunamente sus servicios. Aún así, Andrea reconoce que lo complicado ha sido y será soportar los estragos de los trajes, los cuales llegan a portar de entre dos y hasta tres horas por servicio, provocando mareos por la falta de oxigenación correcta y marcas notables en el rostro.

Cabe mencionar que la Cruz Roja Mexicana mantiene un promedio diario de 6 traslados de pacientes sospechosos a los diferentes hospitales de atención en la presente eventualidad. En la ambulancia únicamente viajan el operador y el jefe de servicios médicos, quienes se encargan en todo momento de la persona sospechosa, y por cuestiones de seguridad no se permite ningún acompañante.

Posterior a los traslados, la ambulancia regresa a la base en las instalaciones del ISSEA, donde es sometida a una desinfección a detalle, primero con agua a presión, cloro y finalmente sanitizante; desmontar todos los accesorios de la parte posterior de la ambulancia es también una labor indispensable para evitar mayores riesgos en un traslado futuro, de la misma manera la camilla es sometida a un estricto protocolo de sanidad.

Finalmente, la integrante de la Cruz Roja pidió a la población en general a no bajar la guardia y continuar adoptando en todo momento las medidas sanitarias para evitar la propagación del mencionado virus. “Ya se va perdiendo el miedo con tantos días, pero sigue siendo agotador portar el traje que tenemos que usar si bien nos va al menos dos horas, sin duda es una de las experiencias más duras que he vivido como paramédico junto con las atenciones en urgencias”, concluyó.