Con la participación de más de veintidós mil jóvenes de todo el país, inició ayer en esta ciudad el Encuentro Nacional de Jóvenes de Renovación Carismática en el Espíritu Santo, cuyo objetivo es que la juventud participante tenga un encuentro con Cristo para recibir el perdón y la sanación física y espiritual.

En conferencia de prensa en el marco de la inauguración de los trabajos que se llevan a cabo en la Isla San Marcos, la coordinadora nacional de Renovación Carismática, Lina González, explicó que este movimiento católico cuenta con 48 comunidades en la entidad, de edades diferentes, pero todas encaminadas a encontrar vida y luz en nombre de Jesús.

Hoy en día, dijo, todo lo que hace el hombre, sea violencia, daño a otras personas, desintegración, desunión o cualquier nombre que se le dé, tiene como raíz el sufrimiento personal.

“De ahí que un encuentro con Cristo como el que los jóvenes están viviendo en este evento, ataca de raíz ese sufrimiento porque la persona suelta sus cadenas, sus amarras y crece espiritualmente, por lo que vive una liberación sustancial en su ser”.

En ese contexto, Miguel Horacio, ponente oriundo de República Dominicana, manifestó que el mayor problema que enfrentan los jóvenes en esta época es el relativismo que viven bajo sus impulsos, sentimientos e ideas, por lo que a veces salen del orden y sufren.

El encuentro les servirá para volverse a conectar con Dios y reordenar su vida que además, experimenta violencia y para ello requieren este espacio de esperanza que los convierte en portadores de una nueva vida.

Lina González subrayó que la guía y orientación que los miles de jóvenes experimentan en este encuentro con Cristo, está encaminado además a romper paradigmas y mitos que generan temor, como la creencia de que nuestro Dios castiga.

“Cuando los jóvenes aprenden y sienten la diferencia, encuentran su camino que antes perdieron pensando en que tenían que ser buenos para llegar a Dios, cuando la realidad es contraria, hay que acercarse a Dios para poder ser buenos”.

Destacó que la propuesta de la Renovación Carismática, la identidad del movimiento, es presentar a un Dios vivo que no se ha quedado en la escritura, sino que ésta vivo y que “nuestra fe no es un conjunto de reglas morales que obligan a portarse bien y a ir a misa los domingos, sino a sentir y vivir en Dios la oportunidad del servicio y de la esperanza para todos”.