Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(No me desborre.- Todavía la semana pasada intercambiamos mensajes. Me mandó la imagen de dos guapas mujeres con sendos letreros Astra y Zeneca, peligrosas para adultos. Con su característica bonhomía, su cordialidad y su don de gentes, el profesor Andrés Valdivia Aguilera no dejaba pasar la oportunidad para hacerse patente. Personaje de Aguascalientes, sinónimo de política en el sentido de servicio a la comunidad, hizo una larguísima carrera con una presencia fuerte que sólo la muerte podría truncar. Actor imprescindible, consejero necesario, compañero confiable, crítico amable, amigo perenne, rival caballeroso, se sobrepuso a muchas pruebas, la más fuerte quizás, la muerte de un hijo. Difícil imaginar la vida pública de Aguascalientes sin su presencia. Descanse en paz con la seguridad de que su vida fructífica no se desborrará.)

Seguramente ya la conocerán los desconcertados lectores pero viene al caso recordar la narración de Alfonso Reyes: Tamazunchale. En ella, Reyes dice que la juventud de esa población huasteca está confundida, la Carretera Central divide al pueblo y si usted está del lado oriente de la carretera los vehículos que van de México a Laredo, circulan de izquierda a derecha: México está a la izquierda y Laredo a la derecha, pero si usted cruza la carretera los mismos vehículos circulan de derecha: México, a izquierda: Laredo. México queda a la derecha y Laredo a la izquierda. Ante la imposibilidad de ajustar tales relatividades los jóvenes de Tamazunchale (no atiné con el toponímico) se encuentran en la permanente incertidumbre. ¿Dónde queda la izquierda y dónde la derecha?

Hace pocas semanas se publicó un libro que, pese a la pandemia, ha circulado profusamente a través del internet, lo que desde luego agrega una nota de sospecha ante la difusión gratuita de la obra, titulado “Regreso a la jaula” del sociólogo Roger Bartra, que fuera compañero de acciones políticas y amigo en algún momento de Andrés Manuel López Obrador. Pensador de izquierda, activista (como dicen ahora), luchador social, miembro del partido comunista y ahora identificado con la corriente del socialismo demócrata que rechaza los métodos autoritarios de transición en favor de los movimientos de base con el objetivo de la creación inmediata de descentralización y democracia económica. Bartra señala que las pocas acciones de López Obrador se circunscriben a desmantelar los controles democráticos que se crearon para atemperar la autoridad presidencial, que tanto daño nos hizo, regresando a una visión idílica y utópica de un socialismo que nunca existió y que él concibe a partir de la encarnación en una persona de los valores y las virtudes. La justicia soy yo, la democracia soy yo, la república soy yo.

Bartra resalta que ninguna de las pocas acciones que el presidente ha tomado tienen que ver con una ideología de la llamada izquierda, ni ortodoxa ni moderna (por llamarle de alguna forma) y que por el contrario el control férreo del gasto, el austericidio, la apuesta a fuentes de riqueza sin futuro, el recargarse en los cuerpos armados, el hostigamiento a la prensa crítica y la descalificación constante, las mentiras y las ocurrencias insostenibles, prefiguran un gobierno autoritario y nostálgico del PRI en el que se formó de joven, el de Luis Echeverría Álvarez.

En una reciente entrevista publicada por el diario español El País con motivo de la terminación del mandato de José Ángel Gurría como jefe de la OCDE, éste hace un balance de su periodo y un recuento de la situación actual que, ineludiblemente tiene que pasar por México. Entre otras cosas señala con espíritu crítico: “Lo ortodoxo hoy es gastar e ir con todos los cañones de Navarone contra el virus y acabar con él lo antes posible. Sigue siendo el momento de gastar: vale la pena tener un poco más de deuda a cambio de erradicar el virus; es mucho más caro dejarlo vivir.” Al preguntarle si sus opiniones ahora han cambiado respecto a las que tenía hace quince años cuando asumió la jefatura de la OCDE, contestó con una cita de John Maynard Keynes: “Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Qué hace usted?”. En su opinión las medidas que ha tomado México en materia de desarrollo económico y en materia de salud en una pandemia que tendrá consecuencias desastrosas para la economía, han sido equivocadas y en buena medida contraproducentes: el crecimiento estancado, la deuda pública interna y externa creciendo y millones de desempleados.

El país se debate en un enfrentamiento estéril, ahondando las divisiones y profundizando en las crisis social y económicas. El presidente en una cacería de brujas que inició desde antes de tomar posesión, se ha dedicado a buscar el villano a quien responsabilizar de la mala situación en que recibió el país, que tendrá que ser, muy probablemente, el responsable de que el país no avance y en muchos rubros retroceda. De alguna manera me recuerda aquel relato zen del guerrero herido por un flechador fue llevado con el médico que se dispuso a extraerle la flecha pero fue atajado por el herido que condicionó: Antes de que me saque la flecha quiero saber el nombre de quien me hirió, quiero saber la razón por la que me disparó a mí, quiero conocer qué tipo de arco usa, quiero saber todo de él antes de que proceda a la curación.

Las cosas no le han rodado bien al presidente. Su popularidad innegable y el grado de aprobación de su mandato no tienen que ver con lo que él es y con lo que ha hecho, sino con lo que el pueblo bueno quiere creer de él. Siempre es bueno contar con villanos, nos permiten explicar cosas que de otra manera resultarían muy complicadas de entender y hacer entender. Sus partidarios necesitan creer en él, lo contrario sería aceptar el error y la equivocación propia. Los villanos están presentes, los del pasado fifís, conservadores, ultraderechistas vagamente señalados y los futuros que pagarán los platos rotos de una elección incierta: las instituciones electorales.

La disyuntiva no es ideológica, la disyuntiva está en seguir creciendo como pueblo democrático o apoyar la autocracia y autoritarismo de un presidencialismo que no debería haber regresado.

 

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