Desapareció la isla del Cristo Roto en la Presa Calles de San José de Gracia. La evidencia de hasta dónde llegaba el agua, al menos en 2005 cuando se erigió la escultura monumental, está marcada por un par de piezas compuestas con perfiles soldados que forman tres estructuras cuadriculadas, como tableros de ajedrez, unidas para formar tres brazos de una cruz griega, similar a la cruz roja donde todos los brazos son iguales. Seguramente estas estructuras estuvieron cubiertas con tablas que fungieron como embarcadero y que ya han desaparecido. Otra observación notable, cuya naturaleza ignoro, son los restos de varias paredes de piedra que parecen haber formado cuartos y que sobresalen en el lado derecho, muy cerca del agua. Esto me lleva a pensar que hasta hace poco estaban sumergidos, aunque dudo que se trate de los restos del antiguo pueblo, que en mi opinión inútil están ubicados hacia el noroeste de la ex isla del Cristo Roto, y del cual recuerdo haber visto hace muchos años algunos empedrados de calles y una estructura de cantera, y nada más. En verdad es una estructura notable, que alcanza unos dos metros de altura en algunos puntos; quién sabe qué podría ser. Quizá mi colega, el cronista de San José de Gracia, Víctor Hugo Burgos Suares, tenga la respuesta.

En contraste con la sequía que mis ojos secos contemplan, recuerdo el abundante ciclo pluvial de hace 9 años, en 2015. Una noticia en el diario LJA da cuenta de ello. En su edición del 11 de julio de ese año, este rotativo se refirió al beneficio que trajo el temporal. El periódico menciona que «en la zona turística del Cristo Roto, el secretario de la sociedad cooperativa de lancheros, Héctor Rangel, celebró que, con el aumento del nivel del agua en la presa, el número de turistas se incrementó, así como la facilidad para navegar sin tanto riesgo de encallar en las hierbas del fondo: ‘Para nosotros no es una molestia sino una bendición, ahora tenemos un espejo de agua más grande que nos permite navegar sin tanto problema’. En esta cooperativa están inscritos 28 lancheros además de tres que ofrecen una travesía distinta y uno más llamado el Navegante; de ahí, alrededor de 40 familias se benefician directamente de esta temporada, donde las ganancias pueden alcanzar al menos 15,000 pesos por fin de semana.» ¿Y ahora? ¿Seguirán activos todos los lancheros?

Evidentemente, estas hierbas del fondo… O bien se secaron, o fueron devoradas por los animales antes de que sucediera algo. En cuanto a las piedras, no se secan, ni se comen, ni se recogen. ¡Qué cantidad de piedras sueltas hay en San José de Gracia!

En verdad, la ausencia de agua es tal que probablemente pasen varios ciclos pluviales antes de que vuelva a formarse la isla. Estaba viendo en internet un reporte del monitoreo de presas de la Comisión Nacional del Agua (Sistema Nacional de Información del Agua. Monitoreo de las Principales Presas de México) del 13 de junio pasado… Según este organismo, la capacidad de la presa es de 358,121 hectolitros cúbicos y actualmente tiene 36,741, lo que representa el 10% de su capacidad… En fin, quién sabe cómo terminará este asunto.

Emprendimos el camino de regreso y justo cuando nos disponíamos a incorporarnos a la carretera, venía en sentido contrario un rebaño de unas 10 vacas, dirigido por un vaquero montado en un hermoso caballo blanco. Afortunadamente, la manada no tomó el camino de terracería, sino la tierra adyacente, mientras el jinete dio media vuelta, galopó de regreso a la carretera y desapareció en la curva. ¡Qué osadía cabalgar así sobre el asfalto! A unos 500 metros, quizás un poco más, vimos al jinete junto a otro vaquero, un adolescente, cuidando a una vaca que seguramente se había separado del rebaño y que estaba entre la carretera y una barda. Los jinetes agitaban sus reatas, probablemente intentando guiar los pasos de la res… La escena era conmovedora: el paisaje rural, polvoriento, con sed en el aire, los vaqueros esforzándose por cuidar de sus animales, preservando un patrimonio frágil, y el contraste con la vida urbana, que gustosamente da la espalda al campo.

Termino esta serie parafraseando el final del evangelio de San Juan, para que diga lo siguiente: Este es el cronista que da testimonio de estas cosas, y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

Y agrego: si duda de mi palabra, cosa más que probable en este momento de profunda desconfianza y escepticismo, nomás vaya y vea… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).