Jorge Ricardo Nicolás 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO: Matracas, playeras, gorras, banderas y banderolas, pero sobre todo ese desconocimiento o desdén del para qué se existe y se ondea una bandera. El estilo priista de acarrear no se ha ido. Quien no lo vio el viernes en el Zócalo con Claudia Sheinbaum y Clara Brugada lo pudo ver ayer en el Parque Bicentenario, al poniente de la Ciudad, con Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada.

Segundo día de campaña. «Elvia, Elvia, venimos con Elvia», decía un vendedor de hamburguesas que alzaba su cartel entre banderas verdes y rojas. Lo corrigió la que coordinaba al grupo: «Con Rubén Barrios, el hermano de Diana Sánchez Barrios (líder de los ambulantes)».

«Mejor busque a otro, así estoy bien», agregó el vendedor y siguió caminando con su cartulina que le tapaba los ojos o le servía de sombrilla: «Apoyo total al Tabuada (sic). La Merced presente».

En su campaña a la presidencia, Gálvez tuvo su primer mitin en la Capital en una antigua refinería de Pemex contaminada, sucia que en 2010 se transformó en algo mejor, la segunda zona verde más grande de la Ciudad. El grupo llegó tres horas antes para la reunión a las seis de la tarde en dos microbuses. El sol punzaba en las molleras. Comió tacos de canasta que le regalaron y entró al parque. A pocos minutos, salió de nuevo.

«Si no cómo comprobamos, compañeros», les dijeron.

Los formaron en el camellón. Les tomaron una foto.

«¡Se ve, se siente, el Frente está presente!», entraron gritando unas 500 personas. Todas con sus gorras blancas que decían «Ordóñez. ¡Ahora sí!». Ordóñez es Daniel Ordóñez, aspirante del Frente PAN, PRI, PRD por Iztacalco que en 2021 se quedó con las ganas, aunque pocos lo supieran.

«Quién sabe quién, ha de venir ahí en la bola, pregunte», respondía una mujer y se reía. ¿Qué si les pagaron algo? «¡Nooo, cómo cree!».

Había gorras y banderas, azules y blancas del PAN, amarillas del PRD, rojas del PRI. Los tres van en coalición por el frente opositor.

A un grupo de ciegos masajistas en la calle de Gante no les dieron ni una gorra, apenas unos tacos. «No, no sabemos quién va a estar», dijo una joven que medio veía. Dos pares de manos que la seguían temblaban en su hombro. «Nos reunieron por Eje Central, venimos en un camión, no los conté, unos 30. Ojalá que nos dieran un poquito de apoyo para que podamos seguir trabajando».

Se le diga como se le diga, movilización, acarreo, invitación, en ese rubro la contienda electoral luce más cerrada. El viernes, en el arranque de campaña de Sheinbaum a la Presidencia muchos fallaban también con lo difícil de su apellido. Pero igual se repartía comida, agua, playeras, tortas y algo de fruta en el primer mitin de Gálvez en la Ciudad de México.

«Con mi carnal el Pancho de Tepito. Venimos a apoyar a ¿cómo se llama?», pregunto un muchacho de gorra volteada y lentes rojos. Alzaba el centro de la lona de Venustiano Carranza, frente otro grupo de priistas. «A Taboada», le dijeron. «A Taboa». «Taboada», le corrigieron. Y él, de nuevo, asomado detrás de la lona: «¡Taguada, Taguada, Taguada!», pero sin desanimarse: «Vamos a ganar, arriba, ánimo, arriba las banderas». ¿Quién ganaría entre Sheinbaum y Taboada?

El viernes eran camiones foráneos porque la movilización llegó desde Chiapas y Sinaloa. Ayer eran microbuses citadinos porque la armó gente de Taboada, que compite por el Gobierno de la Ciudad. Ocupaban más de un kilómetro de la Avenida Aquiles Serdán y Avenida Invierno por los dos costados.

El perredista Guadalupe Acosta Naranjo entraba junto con el panista Roberto Gil, ex presidente del Senado.

«Ayer en el Zócalo los miré, pelearse divididos, sin gente, acarreados, arrancando la campaña con gente de Sonora en la Ciudad de México», dijo Acosta Naranjo.

«El reto es que no se meta el Presidente en la elección. El reto es que no se meta el Jefe de Gobierno. El reto es que no usen programas sociales. El reto es que no cometan delitos los de Morena», agregó el panista. Adelante iba Margarita Zavala.

Entre todos, los panistas parecían más. Más seguros incluso del porqué.

«Hay que defender las instituciones», dijo Marta Villarroel, una voluntaria que llegó a ayudar en la coordinación desde Milpa Alta.

Adentro ya había tantos que unos ya no lograron pasar al lugar del mitin y se fueron antes. Un grupo de migrantes haitianos, contagiados por la fiebre electoral, entró detrás de los últimos panistas de Tlalpan que agitaban pompones blancos y azules, se tomaron una foto con sus gorros de lana y se fueron. Había tantos que nadie los habrá extrañado.