Desde hace algunos días, hemos observado cómo se comienzan a movilizar las aguas electorales en Estados Unidos. Para el próximo mes de noviembre, se presentarán elecciones presidenciales en nuestro vecino del norte. Los ciudadanos de aquel país, contarán con dos opciones. Por un lado, podrán apostar a continuar con el polémico Donald Trump; y por otro, regresar a una ideología demócrata en manos del ex vicepresidente de Barack Obama, Joe Biden.

Dentro de los próximos meses, seremos testigos de una constante confrontación de ideas entre ambos partes. Indaguemos las relacionadas en materia económica, así como generalidades de ambos.

Viajemos antes de COVID-19. Estados Unidos ostentaba una economía que avanzaba a toda máquina. Trump cerraba el año anterior, con tasas de crecimiento de 2.3 por ciento; si bien, era una tasa menor a la obtenida en 2018 (2.9%), prolongaba el ciclo expansivo de su economía más alto de toda su historia: 11 años. La tasa de desempleo también se encontraba en cifras históricamente bajas.

Como es costumbre, Trump acusaba a la Reserva Federal, de ser la causante de no lograr cumplir su objetivo de crecimiento prometido -tres por ciento-, al tener el costo del dinero muy superior de que necesitaba el engranaje de la economía nacional. La presión de Trump estaba sustentada en la desaceleración de la producción y el consumo, las cuales se reflejaban en una distancia de 7 décimas, con la tasa objetivo de inflación de dos por ciento. Números negros en todas sus variables macroeconómicas.

Con todo esto, los números le daban a Trump la plena seguridad de su reelección, superando, inclusive, por cuatro puntos el apoyo popular que lograba Obama a la misma altura para el año 2012. Recordemos que Barack no tuvo ningún contratiempo en consumar su segundo periodo en la mítica oficina oval.

Cuando todo iba viento en popa, llegó al que Trump, al igual que todo el mundo, debe considerar como una amenaza que cambió las cosas para siempre: la pandemia del SARS-CoV-2.

Esta trajo consigo que la economía de la potencia mundial se desmoronara; así, como la necesidad de replantear la estrategia electoral ante el crecimiento de un digno rival a enfrentar: Joe Biden.

La historia de Biden en la política data desde hace más de cuarenta años y ha estado rodeado de profundas tragedias, que sin duda han formado el carácter de un verdadero líder. Desde la muerte de su primera esposa en un accidente automovilístico cuando era senador de la República, hasta la muerte de su hijo meses previos a ser anunciado como candidato demócrata para la presidencia en el año 2016.

En cuanto a sus primeras propuestas económicas, se vislumbran principalmente tres.

En primer lugar y siendo uno de los ejes principales para el rescate de la economía del país desfilará por la creación de empleo.

Para ello, la campaña del candidato demócrata ha diseñado un plan económico de 700 mil millones de dólares destinado a impulsar la manufactura estadounidense mediante la compra de productos y servicios nacionales; una idea que, según sus cálculos, supondrá más de cinco millones de empleos en esos sectores.

El objetivo de Biden es usar la política fiscal para estimular la innovación tecnológica, reducir la dependencia de otros países y reformar la clase media con políticas tributarias que busquen impulsar el crecimiento de todas las pequeñas y medianas empresas.

En segundo plano y muy ligado de lo primero, busca que su esencia del crecimiento esté ligada con el sector intermedio empresarial. En múltiples ocasiones, ha mencionado que la actual administración basó su programa de estímulos fiscales, pensando solo en directores de empresas corporativas y directivos de Wall Street. Esto aunado a que no existían condiciones de inversiones en el país para el enorme ahorro tributario que representó para los empresarios.

Por último, busca erradicar la enorme brecha salarial. Este apoyo a las minorías, entre otras medidas, pretende disminuir la deuda estudiantil, aumentar el salario mínimo a 15 dólares la hora y crear un nuevo Fondo de Oportunidades para las Pequeñas Empresas. Con esto, se logrará acercarse a un sector que no tiene la mejor relación con Trump.

De tal forma, durante los próximos meses, se deberá estar muy atento a todo tipo de propuestas, de cualquier índole, que puedan estar ligadas con nuestro país. No es ningún secreto nuestra relación económica con Estados Unidos; así, como tampoco es secreto que somos la principal herramienta de Trump para su campaña; esto, sin importar, si nos falta o no al respeto.

OVERTIME

Continuando la línea de Estados Unidos, una profunda admiración a la ex primera dama de aquel país, Michelle Obama. El día lunes, cerró la primera jornada de la Convención del Partido Demócrata con un discurso poco convencional y con un profundo contenido político. Parecía congénita su habilidad política, a pesar de expresar su desagrado hacia la misma. Interesante sería verla ostentar algún cargo público.

 

 @GmrMunoz