Noé García

«Mal tiempo para votar», así comienza la novela Ensayo sobre la lucidez del escritor José Saramago; a dicha frase se le puede dar una interpretación más allá que la literal y no solo al tiempo climático, ya que el desarrollo de la historia es en medio de una lluvia torrencial en el día de una jornada electoral, la otra interpretación alude al mal tiempo para votar en una época de descomposición política.

Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada, más del 70% vota en blanco. Nadie esperaba este resultado. Los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio. La inquietud de los políticos contrasta con la tranquilidad de los votantes. Miles y miles de personas de todas las edades, ideas políticas e ideologías y condiciones sociales, han manifestado su descontento con los partidos políticos y la política votando en blanco.

En México se pretende satanizar cualquier forma de expresión ciudadana que no sea traducida en la votación por algunas de las opciones previamente designadas por las camarillas de los partidos políticos; el voto nulo, la abstención consciente, se estigmatiza como un bobo útil, dicha defensa de la elite política al actual sistema electoral tiene el fondo de que cada elección legitima el sistema y las reglas del juego que ellos imponen, cualquier variable que se salga de sus reglas causa temor, desconcierto y por ende se busca vapulear a toda costa.

En nuestro país, no hay partido que no arrastre consigo desprestigio, ni los de reciente creación pueden partir de cero ya que sus fundadores tienen un largo historial político y partidista, o también recurren a “cartuchos quemados” o sea, candidatos con pasado.

La realidad es que el voto nulo y voto blanco es una herramienta utilizada en distintas democracias y en algunas tienen repercusiones directas en la elección, en un sistema democrático todos tendrían que tener el mecanismo para poder expresar su opción, aun los que no les satisface la baraja de candidatos que se presentan. En México los ciudadanos ¿qué herramienta democrática nos permitiría expresar que ninguna opción política nos satisface? Y ¿si es un importante número, qué repercusiones o incidencia tendría en la elección? José Luis Vázquez Alfaro realizó un amplio estudio que fue publicado por el IFE (hoy INE) llamado “El voto nulo (y el voto en blanco)” tomaré los ejemplos de España y Colombia.

España: El voto en blanco es válido y además se toma en cuenta en el reparto de escaños. Dado que en España se utiliza la ley D’Hondt, por lo que los escaños se distribuyen entre los partidos en función del total de votos emitidos, el voto en blanco se suma al número total de votos del escrutinio, a partir del cual se calculan los porcentajes de representación.

Colombia: Los votos en blanco forman parte de los votos válidos y son considerados, en su caso, para la determinación del umbral y la cifra repartidora (cociente electoral) para la distribución de puestos de elección popular por el principio de representación proporcional. Por otra parte, cualquier elección en la que los votos en blanco constituyan mayoría absoluta en relación con los votos válidos deberá repetirse por una sola vez. Además, cuando se trate de elecciones uninominales, no podrán presentarse los mismos candidatos. En el caso de las elecciones plurinominales sólo podrán presentarse las mismas listas de candidatos cuando estas hayan superado el umbral establecido en las leyes para el efecto.

Es necesario comenzar un debate sobre el funcionamiento de la democracia en la que vivimos, donde se resalte el poder de maniobra y empoderamiento que tiene que residir en los ciudadanos, el voto en blanco puede ser una opción, para manifestar su descontento con esta situación, ¿por qué nos tienen que orillar a votar por una u otra opción política, cuando muchas veces ninguno de ellos atiende verdaderamente a nuestras necesidades sociales y económicas?

Hoy en día, en todos los casos, el voto blanco es aquel donde se deposita la boleta electoral sin ninguna marca, hay propuestas donde se vaya más allá, donde en la boleta exista un recuadro con las mismas proporciones del destinado a partidos y candidatos que contenga la leyenda “ninguno” para así, garantizar que la voluntad del elector no esté sujeta a interpretación o manipulación (imagine el caso de que ante una boleta en blanco alguien pretenda aprovechar y marcarla por alguna opción política) y entonces sí, el conteo de esta opción tenga una repercusión directa en la contienda electoral ya sea A) en el porcentaje requerido para alcanzar el reparto de recursos públicos, registro o escaños de representación proporcional, B) un determinado porcentaje (más 50%) se repetirían las elecciones con nuevos candidatos.

Si duda las actuales condiciones políticas y electorales son cómodas para los políticos y desilusionantes para el ciudadano, las reformas propuestas cíclicamente van encaminadas a una convivencia “sana” entre partidos, no van dirigidas a empoderar al ciudadano, ¿de qué ha servido al ciudadano que los partidos no compren spots y ahora se los regalen? Nada, esa es la realidad, la actual clase política propone reformas electorales para que todo siga igual, el día en que se propongan reformas para fortalecer la participación directa del ciudadano es ahí cuando comenzará a cambiar el sistema de partidos y político en el país.

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