Por Armando Romero Rosales

(Tercera y última parte)

Las “Horas del Ocaso”, así denomina en su libro nuestro escritor a los detalles y anécdotas del último año de su gobierno. Percibo que como todo lo importante que estamos por concluir, el último año de su gestión como gobernador fue un conjunto de actividades y emociones. Destaca, por ejemplo, el haber llevado a cabo junto con su equipo y el del gobernador electo una transición como se dice luego, trasparente y tersa. La aprobación por parte del Congreso de sus cuentas públicas sin ningún problema, fue sin duda alguna una acción que le dejó muy grata satisfacción. Incluso nos hace saber de una carta que le envió un destacado y respetable diputado del PAN, Lic. Fernando Jiménez Patiño, dos meses después de haber culminado su encomienda, que dice: “De muchos es conocido que usted ejerció el cargo de gobernador de nuestro Estado, con moderación, prudencia y calidad”. Igualmente comenta cómo el gobernador Felipe González declaró “debo decir que el Lic. Otto Granados me facilitó iniciar mi gobierno trabajando desde el primer día”, y que nunca le pidió nada a cambio. Lo anterior sin dejar de comentar que también hubo algunos panistas que quisieron desvirtuar su gobierno a toro pasado, pero no lo lograron.

Describe con mucha emoción el mensaje de despedida del 24 de noviembre de 1998 en la reunión del Plan Estatal de Desarrollo, donde quiso hacer un repaso final de las políticas públicas; prácticamente fue su adiós a la sociedad aguascalentense en su calidad de gobernador constitucional del Estado. En su discurso, manifestó con mucha emoción, sinceridad y melancolía, su gran satisfacción al trabajo realizado durante seis años. Vale la pena y yo recomiendo volver a leer y releer estos pensamientos de Otto en su despedida y que están en la página 468 y 469.

En el capítulo final, La Ceremonia del Adiós. Chile y la SEP: El Eterno Retorno, nos hace un relato muy ameno de los tiempos en que cumplió estos importantísimos cargos, estando de presidente Ernesto Zedillo en su primera incursión y Enrique Peña Nieto en su segunda ocasión como Embajador en Chile. Nos lo comenta tan “sabroso” que al menos a mí me hizo sentir que andaba al lado del embajador viviendo esas experiencias. Será porque alguna vez, cuando estaba yo en la preparatoria, quise prepararme para ser algún día representante de nuestro país en el extranjero. Especialmente llamó mi atención el relato de lo bien que se sintieron familiarmente hablando durante su estancia en Chile y su oportunidad de conocer toda su geografía y cómo consolidó amistad con grandes políticos e intelectuales de ese país, trabajar con los ex presidentes Sebastián Piñera y Michelle Bachelet y sus respectivos gabinetes.

Finalmente, nos comenta a detalle cómo es que regresa a México con el cargo de subsecretario de Educación Pública en agosto de 2015. Lo hace expresando muy emotivas reflexiones de cómo fue haber regresado al lugar donde prácticamente inició su carrera pública: la SEP, algo que, nos dice, jamás se imaginó. El 6 de diciembre de 2017 el presidente Peña Nieto, lo mandó llamar a los Pinos para designarlo secretario de Educación. No a cualquiera le sucede algo igual: iniciar a principios de los años ochenta como secretario particular del secretario de Educación, Jesús Reyes Heroles –uno de los mejores que ha habido– y, al correr de los años, regresar como secretario, es muy gratificante para cualquiera. Esto sólo se lograba antes a base de méritos, de enseñanzas, de honestidad en los cargos públicos, de esfuerzo y de mucho estudio. Considero que, hasta hoy, ésta ha sido la “cereza del pastel” de la carrera política y administrativa del Otto Granados Roldán.

Finalmente, narra Granados cómo fue el giro tan drástico que el Presidente López Obrador le dio a la Reforma Educativa, que prácticamente ha hecho una regresión, una contrarreforma que perjudicará enormemente a la niñez y a la juventud, principalmente; pero irremediablemente al futuro de toda la nación. Culmina su libro haciendo una remembranza emotiva de su despedida cuando terminó su gestión y agradeció a sus compañeros de trabajo su acompañamiento en esta gran aventura.

En suma, el libro es una cátedra magistral de cómo gobernar frente a las adversidades y una cátedra de administración y política; su desempeño en todos los cargos que ha tenido ha sido con mucho esmero y meticulosidad y por esa razón siempre ha entregado buenas cuentas. Asimismo se ha ganado fama de ser un personaje honesto y capaz, cualidades que lo distinguen. Y enriquecen la narración del libro las innumerables citas de grandes personajes de talla mundial y nacional, así como el fino lenguaje que utiliza.

Para un servidor, leer este libro me produjo gratas emociones, seguramente por, además de considerarme su amigo, haber trabajado cerca de él: como coordinador de su campaña –siendo diputado federal–; como representante de su gobierno en el entonces Distrito Federal; como presidente del CDE del PRI y como secretario de Desarrollo Social durante el último tercio de su sexenio. Leerlo me produjo sentimientos de admiración, respeto, reconocimiento a su capacidad y gratitud a sus enseñanzas. Me quedo con la frase que escribió hacia el final de su libro: “alguien recordó que los seres humanos abandonamos nuestros sueños por miedo a naufragar o, peor aún por miedo a tener éxito”.

Estoy seguro que Otto Granados Roldán, nunca los ha abandonado.