Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una sedición musical

Cuando le fue concedido casi treinta años el Premio Nobel de Literatura a la escritora afroamericana Chloe Ardelia Wofford, mejor conocida por su nome de plume Toni Morrison, siendo ella la primera autora negra en recibirlo, declaró: “Mis libros no responden a preocupaciones estéticas, así como tampoco a preocupaciones políticas. Pienso que, para ser tomado en serio, el arte debe hacer las dos cosas a la vez”. “El Verano del Soul”, filme galardonado este año con el Óscar al Mejor Documental, logra tocar ese ideal pronunciado por la escritora al tejer un rico tapiz sociocultural que no sólo rescata la esencia de la convulsión política e identitaria que se vivió en el Harlem neoyorquino durante el recordado año de 1969, cuando sus habitantes conjuntados en minorías raciales padecían los azotes de la heroína, la persecución judicial por parte de las “fuerzas del orden” ( mejor conocidos entre ellos como “cerdos”) y la conmoción emocional que significó el reciente asesinato de su guía ideológico Martin Luther King, sino que también maneja un discurso distendido sobre la música que los define e identifica mediante un Festival Cultural que tuvo como epicentro a Harlem en el transcurso de seis fines de semana, donde se presentaron algunos de los intérpretes más significativos de la comunidad afroamericana, sus movimientos contestatarios en forma de las Panteras Negras e, incluso, sobre la moda afro justo cuando el hombre pisaba la luna y un festival que celebraba al Rock ‘N Roll y el amor libre llamado Woodstock se oficiaba ese mismo verano.
El debut como director del todólogo Amir Khalib “Questlove” Thompson (músico, compositor, productor, autor, periodista, DJ, actor, etc.,) es de una sapiencia plena sobre el ideario étnico de donde procede el material histórico con que arma este intrincado trabajo, en el cual aprovechó los momentos discursivos con que se fundamentó dicho Festival de la mano de su organizador, el carismático y energético Tony Lawrence, apoyado entonces por su “hermano de ojos azules”, el alcalde de Nueva York John Lindsey. La estructura del documental abarca cierta cronología en el desarrollo del multitudinario espectáculo, cuyos puntos fuertes son la presentación de gigantes escénicos como Stevie Wonder, Nina Simone, The 5th Dimension, B. B. King o Gladys Knight, quienes, a su vez, aportan con testimonios actuales sobre lo que significó ese punto de condensación cultural y el presentarse en ese escenario. Un soberbio trabajo de montaje nos conduce por una era zurcida en el tiempo mediante los emergentes movimientos sobre los derechos civiles y el significado e interpretación de la raza a través de otras participaciones a cuadro y con voz en off de quienes participaron en su organización. Este mosaico melódico y testimonial aprovecha cada recurso del lenguaje del documental no sólo para rescatar un Festival olvidado, sino para exponer mediante diversas expresiones intertextuales la relevancia de una sublevación de índole racial que, en efecto, no pudo ser televisada en su momento, pero cuyas ondas expansivas han logrado sentirse hasta ahora. Questlove maneja sus archivos audiovisuales con mesura y profundidad, tomando también la perspectiva de algunos asistentes del evento, con los que ofrece toda perspectiva posible al respecto denotando la relevancia e, incluso, trascendencia de este conglomerado de músicos y gente que hicieron de un suceso con connotaciones étnicas algo fundamental, tanto para ellos como nosotros en calidad de espectadores. “El Verano del Soul” embelesa los oídos, la mente y la consciencia con un manejo digno y sustancioso de su tema sin vender nada más que una buena sesión musical que a la vez inspira.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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