RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Con mucho temor iniciamos el primero de junio la terminación de la etapa de las jornadas de sana distancia lo cual definitivamente no significa que se acabe la epidemia, como lo ha tomado la gran mayoría de la ciudadanía a nivel nacional; no han entendido que la terminación de esa primera etapa no es volver a la normalidad luego de 70 días de que fue implementada la Jornada Nacional de Sana Distancia. Hoy debemos entender que con esta reapertura estaremos enfrentando la pandemia lo cual se deberá hacer con todas las precauciones que ya nos han sido señaladas por todos los medios posibles. Sin embargo es increíble como la población ha tomado de manera indiferente las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Desde el pasado fin de semana como que la gente sintió que venía una liberación de las normas a partir del día primero de junio y por ello desde el sábado 30 de mayo se vieron las calles con más gente circulando, los tianguis y mercados ya no guardaban las apariencias, cientos de personas realizaban sus compras acompañados de sus niños y lo que es peor: una gran mayoría de ellos no utilizaban tapa bocas. Al observar lo anterior no podía uno más que sentir un cierto coraje por la indiferencia con que los padres de familia se arriesgaban ellos mismos y a sus hijos y familiares. Los autobuses del transporte urbano el lunes y el martes pasados iban a reventar, cual sana distancia ni que nada, y mucha gente sin tapa bocas. Desde luego ni gel ni nada, todo un foco de contaminación andante y la gente revuelta en ese caldo de cultivo mortal. ¿Y cuál es el motivo de esa indiferencia o de esa falta de precaución? Probablemente la ignorancia a lo que en realidad es esta pandemia. Como que la gente se imagina que a ellos no les va a pasar nada, que el COVID-19 no les afectará. Nada más equivocado que eso. El virus está presente en donde menos se lo imagina uno y con quien menos se piensa. Da escozor confirmar que ahora que se comenzaron a utilizar los semáforos en los estados de todo el país, la totalidad de la república, a excepción de Zacatecas, ¡está en rojo! O sea que de acuerdo a la norma deberíamos estar todavía en la primera etapa de la sana distancia y sin que la gente salga de sus casas; desafortunadamente lo que ha motivado a las autoridades de varios estados a manejar los semáforos de otro color es la economía y con ello cambiar a nivel local el color del semáforo para que las industrias de diferentes tipos puedan reanudar actividades y con ello reactivar la economía, los empleos, pues una inmensa mayoría de ciudadanos estaban ya en situación casi de extrema pobreza al no tener ni mínimos ingresos. Es lastimoso escuchar cómo la gente llama a las estaciones de radio, suplicando por una despensa o por ayuda para medicamentos, sin faltar los que solicitan apoyo en efectivo para pagar la renta o la luz de sus modestas viviendas. Escuchar lo anterior me trasladaba a situaciones que viven desde hace ya muchos meses en Venezuela, desde luego que allá por causas políticas, pero que cuando las veía uno en la televisión se nos hacía imposible que la gente de ese país rico en petróleo sufriera la hambruna de esa manera; desafortunadamente la pandemia nos colocó a los mexicanos en situación muy parecida a los venezolanos.

Si lastima, y mucho, lo que está pasando en México y en el mundo. Y lo más triste es que la vida ya no volverá a ser igual. Pasará mucho tiempo, años quizá, el que podamos volver a gozar de acudir a eventos como el futbol en el estadio Victoria, lleno a toda su capacidad cuando se disputan juegos con los equipos llamados “grandes”. O el acudir al palenque a disfrutar de un concierto musical con artistas o grupos musicales de alto nivel. Total, lo que sean concentraciones de gente será siempre un riesgo. Hoy nos damos cuenta que no sabíamos lo que teníamos hasta que lo hemos perdido. En lo personal no era de mi agrado escribir sobre este tema ya que esto lo escuchamos a todas horas y en todos los canales y programas, se despierta uno y lo primero que se ve en la televisión es sobre este tema; abre uno el periódico y las notas importantes son sobre la pandemia, en la noche los noticieros igual y a las siete de la noche en la televisión el informe diario del Dr. López Gatell, o sea que desayunamos, comemos  y cenamos coronavirus. Mas las reflexiones que hoy le comento son las que amigos y familiares comentan con desesperación cuando ven que la gente no atiende las indicaciones sanitarias para poder lograr que esto vaya disminuyendo. En días pasados leía un artículo muy interesante en donde se comentaba acerca de los lugares de bajo nivel de riesgo de contraer el COVID-19, y esos son: Las vías públicas, transporte en bicicleta y la casa; los de medio riesgo son: las farmacias y los vehículos; los de un riesgo medio- alto son oficinas con cubículos de menos de 2 mts., empresas de producción, peluquerías o salones de belleza, centros comerciales, restaurantes y consultorios médicos; los de alto riesgo: Bancos, ascensores, cines, supermercados, universidades y colegios o escuelas, y los de muy alto riesgo: Hospitales, transporte público, reuniones familiares o con amigos, bares o discotecas, eventos religiosos, eventos masivos, mercados o tianguis y los gimnasios. Si usted se fija no hay nada nuevo en la lista anterior, son los giros y lugares que ya nos han venido indicando pero lo quise compartir porque es bueno reafirmarlo. Ojala los decesos y los infectados vayan disminuyendo, eso nos traerá un poco de alivio y sobre todo esperanza al comenzar a ver de manera efectiva, la luz al final de este inmenso y negro túnel.