Luis Muñoz Fernández.

Hay quien afirma que el mayor triunfo del demonio es haber convencido al mundo de su inexistencia. En las películas del género, se dice lo mismo de los vampiros. Algo parecido parece suceder con el neoliberalismo, cuya sola mención despierta en no pocas personas la negación más enfática de su existencia, que suele acompañarse de un gesto de indignación y enojo. Me pregunto por qué.

En algunos casos, la negativa tal vez se explique porque, habiendo nacido y vivido en él e ignorando la historia del mundo, pasa desapercibido para la conciencia de los negacionistas. Como si le pidiésemos a un pez que nos describiese la naturaleza del agua: no sabría de qué le estaríamos hablando.

En otros casos y muy particularmente en nuestra sociedad actual, porque la constante referencia que hace a él nuestro presidente, siempre para denostarlo, desagrada profundamente a sus principales usufructuarios. Hoy y aquí, el neoliberalismo es como aquellos sambenitos y corozas infamantes con los que vestían a los herejes durante los autos de fe, poco antes de quemarlos en la hoguera.

Pero el neoliberalismo sí existe. Es lo que afirma Fernando Escalante Gonzalbo, doctor en Sociología por el Colegio de México, donde es profesor. Hasta ha escrito una obra esclarecedora sobre el tema (Historia mínima del neoliberalismo. Turner, 2016):

“… el neoliberalismo sí existe, y tiene ya casi un siglo de existencia. Desde luego, tiene perfiles borrosos, como tantas cosas, y desde luego hay un empleo retórico del término, impreciso, de intención política, que no ayuda a aclarar las cosas, pero el neoliberalismo es un fenómeno perfectamente identificable, cuya historia se puede contar. Es un programa intelectual, un conjunto de ideas acerca de la sociedad, la economía, el derecho, y es un programa político, derivado de esas ideas”.

Y agrega: “El neoliberalismo es en primer lugar, y sobre todo, un programa intelectual cuyo propósito es restaurar el liberalismo, amenazado por las tendencias colectivistas del siglo veinte… Pero el neoliberalismo es también un programa político que se expresa en la economía, la educación, la atención médica, la administración pública, el desarrollo tecnológico y el derecho”.

Como los paradigmas de Edgar Morin, el neoliberalismo es inconsciente, invisible, inmune a la crítica, posee una autoridad axiomática que lo legitima y excluye todo lo que no está de acuerdo con él. ¿Será angélico o luzbélico?

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