Por J. Jesús López García

El tono en la arquitectura como en el lenguaje trata de los elementos expresivos que se manifiestan en su carácter y en su intención, también tiene en la arquitectura cierta aplicación como concepto. Asimismo en los edificios se producen ciertos “acentos”, algunas “entonaciones”, que usualmente de manera sutil aparecen en determinados estilos como notas, que dentro de las mismas codificaciones, crean particularidades regionales, cronológicas o destacables en algunos autores. Como por ejemplo, la preferencia en varios ornamentos en expresiones de la arquitectura barroca o la aparición de espacios dedicados a biblioteca o a un pequeño “gabinete” en la arquitectura victoriana inglesa del siglo XIX, del nivel socioeconómico que fuese.
A veces esos acentos son tan fuertes que definen tonos a su vez traducidos a variantes estilísticas por sí mismas, como el uso de la columna de fuste estípite en el barroco novohispano al que el estudioso del arte mexicano Manuel Toussaint y Ritter (1890-1955) denominó “churrigueresco”. En ocasiones esos acentos solo producen un “ambiente” característico de una época, un sitio o cierto segmento de la sociedad. El aluminio anodizado de color dorado, por ejemplo, es un espíritu constructivo muy propio de los años 70 del siglo pasado, al menos en nuestro país; en Aguascalientes a fines en los años ochenta y parte de los noventa fue usual el empleo de teja en cubiertas inclinadas, lo cual no obedecía a cuestiones climáticas pero si a un gusto que en aquellos años se desarrollaba como una imitación a arquitecturas extranjeras.
Los procesos de la historia añaden muchos elementos a esos tonos de la arquitectura. Actualmente hay cierta unidad formal en los edificios locales de varios desarrollos nuevos en que se aprecia una influencia fuerte de maneras de composición y uso de materiales, que vía sitios de internet especializados en la materia, son compartidos por arquitectos, maestros y estudiantes de arquitectura, que reproducen esos “gestos” formales, adaptándolos a nuestro lugar.
Como ejemplo basta traer a la memoria recubrimientos de piedra negra dispuesta en finas lajas, muy característicos de la arquitectura residencial en el centro de la ciudad o en el fraccionamiento Jardines de la Asunción, eso fija la imagen de parte del Aguascalientes de los años 60, o el mosaico veneciano de los años 50, lo mismo puede decirse de los pisos de mosaico de pasta de cemento o de terrazos que son ubicuos también en décadas determinadas.
El tono de la arquitectura entonces, es una manera de “decir” de los edificios. Un modo grave en ocasiones, como los masivos macizos recubiertos de granito de inmuebles como el Guardiola de la ciudad de México -una finca Art Déco vecina del Palacio de Bellas Artes-, o una manera desenfadada como los edificios de techos inclinados mencionados anteriormente que aluden muchas veces al ”early american”. A veces ese tono es hasta cierto punto superficial -como muchos dichos y muletillas que luego caen en desuso- echando mano de elementos que son solamente una moda pasajera.
Otro ejemplo de “tono arquitectónico”: además de los arquitectos, muchas personas no relacionadas directamente a la disciplina comentan sobre casas “estilo Mauricio Garcés (1926-1989)”, aludiendo a una arquitectura doméstica propia de los años años cincuenta y sesenta, y del siglo XX insertada en la modernidad, de espacios amplios y ventanales grandes, ornamento escaso pero con cierta sofisticación -como la casa de la película “El inocente” con Pedro Infante y Silvia Pinal de 1956-.
Guardando la proporción debida, mostramos una casa en la calle General Álvaro Obregón No. 417 esquina con la privada Catalina de Ayala, que puede de manera modesta incluirse en el catálogo de fincas con esa tono moderno de aires “a la Mauricio Garcés” o de las películas y series ubicadas en la California de los años sesenta, aunque no es tan grande como en las películas referidas, sí tiene esa manera de expresión de la época. Es una casa de un solo nivel que enmarca el acceso y sus vanos con cintillos bien definidos, mezcla recubrimientos lisos con otros que simulan paneles y con sillares de ladrillo. La herrería elaborada -pero sin llegar a los niveles de la herrería Déco- y la disposición espacial que en éste caso descansa sobre un agradable cubo de luz central que sin ser un patio, es el elemento que domina la atención del inmueble en su interior.
A veces nos gana el entusiasmo por “renovar” edificios como el mencionado a fin de darles una apariencia más actualizada -después de todo, son modernos- o para mejorar su habitabilidad -una cancelería de pvc o aluminio aisla mejor- pero con esas acciones ese tono empieza a romperse o a fragmentarse, quedando muchas veces, edificios poco reconocibles, como las frases y dichos populares que van retirándose al olvido.
Otras múltiples residencias son las que se encuentran ubicadas en el fraccionamiento Jardínes de la Asunción (1956), las cuales se diseñaron y levantaron siguiendo los cánones de la época con paralelepípedos horizontales, grandes ventanales con vidrio, construidas con concreto armado.