Noé García Gómez

Dicen “qué benditos los que tienen personas mayores -adultos mayores- cerca y pueden escuchar lo que tienen que decirnos, para recibir de ellos lo que de la vida han tenido que aprender.”

Hoy les quiero platicar de un proyecto surgió hace más de tres años y tenía un doble objetivo, el pasado sábado presenté en el Centro de Investigaciones Literarias de Aguascalientes (CIELA-Fraguas) el libro llamado “El Tesoro del No Olvido” un libro biográfico de una familia aguascalentense editado y publicado por Kaos Editorial (así los encuentran en Facebook).

El proyecto surgió tratando de encapsular las anécdotas, historias y vivencias de una familia que vio pasar tres Aguascalientes, uno pequeño, lento y familiar (años 40’s, 50’s y 60’s); a ser uno en vías de desarrollo, mediano, rápido, social y moderno (70’s y 80’s); a finalmente grande, caótico, hedonista, efímero e indiferente (90’s), con ellos se entrelaza vivencias y recuerdos, como tantas familias que han contribuido a construir lo que hoy esta tierra de la cual nos sentimos orgullosos.

Todo desde la vida de Alicia, una mujer que inició como la esposa ideal, parecida a ser sacada de una revista de la época, pero las circunstancias de la vida la fueron transformando en una mujer fuerte que tomó las riendas de su familia.

El titulo tiene una razón, en un inicio se llamaría El Tesoro del Recuerdo, pero el recuerdo implica a los implicados, a los que vivieron los sucesos y por ende lo recuerdan, en cambio EL NO OLVIDO es responsabilidad de aquellos que no lo vivieron, quienes no estuvieron en los hechos, pero están interesados -por alguna razón- en saber qué ocurrió y puedan repetirlo en su mente y luego si les nace, contarlo.

Aquí les dejo una muestra:

… Cuando sus hijos preguntaban por su familia, él platicaba que tenían un ángel en el cielo, en una de las épocas más difíciles para J. Jesús. De jóvenes, “había días que no teníamos para comer” su hermano y él consiguieron un trabajo temporal en una hacienda de Asientos, los patrones los condicionaron a darles el trabajo permanente, dependiendo de si prendía lo que les encargaron sembrar, paralelamente su hermanita enfermó, tan mal se veía que sus padres les hablaron, los hermanos fueron a despedirse de esa niña. Cuando llego el entonces joven J. Jesús se acercó, la miró y le dijo: “hermana, si te vas al cielo pídele a Diosito que nos ayude, que nos cambie la vida”. A los pocos días la tragedia ocurrió, murió y fueron a enterrarla, cuando regresaban a la hacienda a trabajar, “cayó” un “tormentón” que hizo llorar a J. Jesús, eran tiempos de sequía, tenía casi dos años sin llover de esa manera, así siguió la semana con lluvias paulatinas, a los ocho días ya tenían las primeras calabazas y tomates que le llevaron a los patrones, con lo que aseguraron el trabajo permanente al menos por esa temporada. Seguro la hermana habló con diosito y de ahí J. Jesús decía “tengo un ángel en él cielo que nos puede ayudar”.

Pero les platico que también tiene otro objetivo, el de que, esas anécdotas y vivencias encapsuladas, en algún momento inevitable cuando yo ya no esté físicamente en este mundo, para que mis hijos encuentren a su padre, no solo al Noé cuando era niño en los pocos pasajes que me describen, sino a su padre el adulto que invirtió el corazón en escribirlo, que cada palabra leída ojalá la imaginen como si yo se las contara, se las relatara.

Por lo que estoy seguro si tienen oportunidad de recorrer sus líneas, les extraerá todo tipo de emociones, sonrisas, sorpresas, alguna lágrima, pero principalmente alegría y esperanza.

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