Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Inicio esta entrega final de la serie que bien pudo llamarse “El tapado del Papa”, con un dato más sobre el Aguascalientes que encontrará el nuevo obispo diocesano. Sobre el censo de población del año pasado, el experto en población Eugenio Herrera Nuño elaboró un documento en el que se señala que si bien es cierto que el catolicismo continúa siendo la principal religión de los aguascalentenses; la de más abundante membresía, el porcentaje de quienes se consideran como tales cayó por debajo del 90%, aparte de que se duplicaron quienes no profesan ninguna religión. Esto por no hablar de aquellos que se confiesan católicos pero en rigor son más bien indiferentes, y en todo caso se acuerdan de la religión, de su compleja estructura y prácticas, cuando advierten que el guiño que la muerte acaba de hacer les fue dirigido a ellos; cuando los alcanza la vejez y se ve más cerquita la consumación, no del día, o del partido de futbol, o de la película, sino de su tiempo: el padre de todos los finales, el final de finales.

En fin. Mucho más podría decirse sobre este tema, a propósito del Aguascalientes al que llegará el nuevo pastor, pero aquí termino con la reflexión, no sin agregar que Bety Bermea me escribió para comentarme que ella atribuye esta pérdida de respeto por las autoridades al olvido de los valores, por lo que nos vendría muy bien un obispo carismático. Por su parte mi amigo Luis Muñoz Fernández me comentó que esta situación “es un reflejo de la secularización que ocurre en muchas partes de Occidente. Si todo fuese para que los ciudadanos obtuviésemos la mayoría de edad (autonomía moral), yo lo vería bien”, dice Muñoz Fernández, y agrega: “lamentablemente, a veces lo único que ocurre es la sustitución de un yugo por otro, lo que no libra al ciudadano de su semejanza con el buey que tira del arado”.

En efecto, creo que frecuentemente la secularización es hija de la ignorancia; de la flojera intelectual de las personas, y no de una decisión impulsada por una reflexión responsable.

En fin. Esta fue la reflexión. Va ahora la anécdota: el pasado martes 27 de abril asistí al templo de Guadalupe, a la presentación de los resultados de la investigación sobre estos instrumentos musicales maravillosos que son los órganos, que realizó la historiadora Analí Camarena, en relación a los de Aguascalientes.

Este trabajo, que puede usted consultar en la Internet (http://www.organostubularesdeaguascalientes.com.mx/) fue realizado mediante un financiamiento aportado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico. Uno de los compromisos que adquiere quien recibe uno de estos estímulos, es el de darle difusión a los resultados alcanzados. De aquí ésta, que fue la última presentación del trabajo de quien también es pianista y da sus primeros pasos en el sendero de la dirección orquestal.

El acto se llevó a cabo en el templo de Guadalupe porque la presentación de resultados se alternó con un breve concierto, a cargo del órgano de esta parroquia. En el acto estuvo presente el párroco, el padre Carlos Alberto García Zavala, que por cierto cumplía años ese día y fue ampliamente felicitado. El también conocido por el respetable con el mote de padre Gandhi hizo las presentaciones del caso.

Me acuerdo que en 2005 actué de cicerone con mis amici los italianos Francesco Ruffatti y Fabrizio Scolaro, que estuvieron en Aguascalientes en abril de aquel año, para afinar el nuevo órgano de catedral. Mi amigo el padre Miguel B. Medina, custodio de la sede episcopal, me pidió que los llevara a visitar varios templos, para que vieran los órganos. Uno de ellos fue precisamente el de Guadalupe, en visita que ocurrió el 15 de abril de 2005.

El aparato no servía… Para decirlo en pocas palabras, estaba hecho una ruina. Mientras Francesco lo observaba el maestro organero de Padua me dijo que la pintura estaba arruinada, los tubos habían sido soldados, y los del frente eran de plomo pintado, sin aleación. El somier, la estructura donde van los tubos, estaba bien hecho, pero la parte mecánica se encontraba en malas condiciones. Mi amico consideró que restaurar el aparato saldría más caro que su valor.

Pues bien. Esto que le cuento ocurrió en 2005, pero he aquí que el padre Gandhi realizó el milagro de que el órgano regresara desde el silencio para cantar nuevamente; recobrara su voz y volviera a ser carro de fuego sonoro que llevará al cielo las oraciones de quienes estamos atados a la Tierra; arraigados sin remedio.

Terminaron la presentación y el concierto, y al salir me encontré con el señor párroco, quien agradeció mi presencia. Por mi parte, celebré sus esfuerzos en favor del enriquecimiento artístico del templo, a lo que él contestó: “a donde vaya”. Entonces la vi venir, clara como el agua que nos falta; así la vi venir, y desde luego la tomé: “Debería irse a catedral”, le dije, a lo que rápidamente contestó: “pero si catedral está bien”, y ciertamente, el custodio, el padre Raúl Sosa Palos también tiene el templo flamante. Entonces maticé: “Bueno, un poquito más para allá, rumbo a San Marcos, por la Venustiano Carranza”. El sacerdote buscó la respuesta en el horizonte de su mente, y quizá debí esperar a que contestara; a que la encontrara por ahí, arrumbada en su cerebro, porque se tardaba. Posiblemente debí esperar a que dijera algo, porque no sin cierta impaciencia rematé: ¡Sí, hombre! ¡A ese edificio de la acera sur, ese en cuya fachada se lee la palabra OBISPADO!

El padre Gandhi soltó una saludable, abundante carcajada, y se alejó de mí como del coronavirus; así de rapidito… Nomás faltó que me dijera lo que Jesús de Nazareth a Pedro de Betsaida, cuando el discípulo exclamó: “lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso! (Mt, 16, 22).

En fin. Ya veremos; cada vez falta menos para que el Señor Papa pose sus argentinos ojos en esta porción del pueblo de Dios, y le obsequie con un nuevo pastor. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).