Diego Martínez
Agencia Reforma

BOSTON, EU. -Detrás del show de las Finales de la NBA pocos podrían imaginar cómo es el verdadero hábitat de los basquetbolistas en sus guaridas.
Sin lujosos automóviles de por medio, o millonarias cuentas bancarias por el sueldo que les dan por botar el balón, está lo que comen, viven, sufren o gozan a diario los actores principales de este deporte.
Grupo REFORMA ha tenido acceso, en estas Finales, a los vestidores de Celtics y Mavericks, y lo que les urge hacer a los jugadores tras un arduo partido es echarse un regaderazo para sentir un alivio en su cuerpo.
«Hay que darle descanso a esas rodillas. Ponle hielo por media hora», le dice un miembro del equipo de Celtics a Derrick White, quien hizo un tapón clave, a la defensiva, en los últimos segundos del Juego 2 que selló el triunfo de Boston y aumentó la ventaja sobre Dallas.
Ser basquetbolista de la NBA tiene su precio, y va incluido el sacrificio y dolor.
«Estoy bien, no hay problema», le responde Luka Doncic a una persona que le cuestiona cómo se siente, pues previo al segundo partido parecía momia. El esloveno entrenó con vendaje especial en las costillas y en una pierna. «Me duele más el tobillo, pero estamos bien».
Y así es todos los días. Nadie conoce lo que sufren los jugadores, y para el Juego 3 en Dallas el telón se abrirá y saldrán a dar el mejor show.
«Ni se imaginan lo que sufren, a veces hasta juegan con dedos rotos, o lastimados, pero es su trabajo y lo aman», contó un utilero.