Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Decía la semana anterior que difícilmente podría aceptarse que el templo del Señor de los Rayos hubiera sido construido bajo los lineamientos del Concilio Vaticano II dado que éste ocurrió entre 1962 y 1965, y aquél comenzó a construirse en enero de 1956, tal y como se afirma en la página de Facebook de la capellanía. Y sin embargo concederé el beneficio de la duda a esta afirmación, por lo siguiente: la fachada del templo, ¿formaba parte del proyecto original, o fue incorporada con posterioridad? Por desgracia ignoro cuándo se concluyó la edificación, ¿lo sabe usted? Si la portada fue pensada e incorporada en una fecha tardía, entonces sí podría considerarse como fruto de los nuevos lineamientos litúrgicos conciliares, pero no si el proyecto data de la época en que se inició la construcción, entonces no hay tal. Por mi parte me iré por la libre y me inclinaré por esta segunda opción.

Por desgracia no tengo mucha información sobre este templo. Por lo pronto el día de la fecha no se publicó ninguna nota en los diarios locales. Más noticia fue la crisis energética propiciada por la escasez de carbón, o la muerte de un desconocido en un hotel. En cambio El Sol del Centro publicó en su edición del 27 de enero una muy escueta nota de la que no vale la pena citar nada, salvo la hora en que tendría lugar la ceremonia: 17.30 horas, la presencia del obispo diocesano, doctor Salvador Quezada Limón, el hecho de que el nuevo templo dependería de la parroquia de Guadalupe, que encabezaba el canónigo Francisco Tiscareño, y que la construcción sería emprendida por el “dinámico sacerdote”Juventino Díaz.

Luego, este mismo diario dio a conocer el 30 de enero de 1956, allá perdida en la página 4, una fotografía en la que se aprecia un grupo de personas a la intemperie, y al centro unos seminaristas, fácilmente distinguibles por las cotas que portan sobre la sotana negra. Los aspirantes al sacerdocio rodean lo que parece ser un altar con sus correspondientes velas. Detrás de ellos se observan varias tumbas. El pie de foto no agrega más de lo ya dicho. De haber estado yo ahí le habría ofrecido una relación pormenorizada de hechos, incluyendo el clima del día. Pero no; entonces todavía no era yo ni siquiera un proyecto de vida, aunque lo sería un par de meses después.

Comenzaron las obras y el templo volvió a ser noticia meses después, por un asunto trágico: el 30 de julio de ese año de 1959 murió el albañil Martín Salas, al caer de un andamio de 16 metros de altura, según noticia publicada por El Heraldo de Aguascalientes el 31 de julio. 16 metros de altura… El diario dice que el difunto trabajaba en el enjarrado del techo y que la construcción estaba próxima a concluirse, cosa que me permito dudar por el poco tiempo que separa una fecha de la otra. Pero casi dos años después, el 8 de mayo de 1961, y tomando como pretexto la fiesta, que se celebraba el 11 de mayo, este mismo diario publicó una noticia en la que se daba cuenta de la construcción de una “nueva capilla”. De hecho en esa época también se le conocía como la “capillita del panteón”. Por cierto que ese día se publicó otra nota, de la que destaco lo siguiente, dado que ofrece una pista para la interpretación de la portada del templo que le ofreceré en fecha próxima. Y dice: “todos van ahí, arrodillados, a pedir la gracia del Señor. Todos van ahí con una fe inmensa, ciega; una esperanza profunda en que obtendrán de la divinidad el alivio de sus penas. Asimismo, otras personas acuden hasta el pie del altar del Señor de los Rayos, para agradecer sinceramente, la gracia que ya les ha enviado, y llegan con lágrimas en los ojos para demostrar su sinceridad. Llegan de rodillas, y encienden la veladora testimonio de veneración. O bien, dejar el retablo, el milagro de metal o el instrumento que les ayudó algo en su enfermedad, para testimoniar su agradecimiento al Señor claramente”.

Al día siguiente de la fiesta se publicó otra fotografía en la que se aprecia el espacio conocido, ya reconocible, lleno de bancas abarrotadas de gente, el altar al fondo con una gran cubierta de tela y en el centro la imagen del crucificado, de unos tres metros de altura. Tanto a izquierda como a derecha se observan columnas de madera que parecen apuntalar algo. Cito ahora un fragmento de la nota que acompaña a la gráfica, porque me parece interesante en tanto ejemplo de un lenguaje de otra época, hoy desaparecido de los medios, y porque ofrece también alguna pista en torno a las cualidades de la fachada.Dice el reportero: “Damos un vistazo en aquel pequeño y viejo cuartito que ha servido de lugar de oración por mucho tiempo a los fieles, el corazón se abre lleno de esperanza a una nueva vida. Es ahí donde la fe fortifica claramente. Los cientos de manifiestos que rodean al Cristo hablan de una luz abierta en la negrura de la desesperación al haber confiado en Dios. Aquellos retablos que ostentan algunas fotografías; otros dibujos; los pequeños milagros de plata y de oro, que en diferentes formas, simbolizan el profundo sentimiento de agradecimiento del alma sencilla y confiada. Del alma que ha logrado el motivo de su sacrificio, por la fuerza inquebrantable de su fervor…. Y más aún ahí vemos claramente una vida que ha renacido. Infinidad de muletas, bordones, etc., han sido dejados ahí como claro testimonio del alivio de una pena. Ahí están también las mancuernas de los recién casados. “(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

 

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