Su nombre es Vicente Vanegas, tiene 30 años de experiencia y es el director general de Servicios Aéreos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal. Actualmente es uno de los dos pilotos del helicóptero “Águila Uno”, encargándose de la vigilancia aérea, así como del traslado de personas lesionadas y hasta coadyuvando para sofocar incendios forestales.
Portando orgulloso su uniforme de piloto y teniendo como marco el helipuerto de la Policía Estatal, Vicente Vanegas, egresado de la escuela de la Policía Federal de Caminos, confesó que desde corta edad le nació el gusto por volar, por lo cual decidió estudiar para ello, logrando con el paso del tiempo obtener sus primeros sobrevuelos hasta convertirse actualmente en todo un referente de la aviación.
Detalló que en ese trabajo siempre se debe de estar preparado, pues en cualquier momento se puede recibir una llamada de emergencia donde se solicite la presencia del “Águila Uno”. De ahí la importancia de la capacitación constante y de los “nervios de acero” que se requieren para entrar a la escena cuando la adrenalina se dispara.
Tras recibir el reporte de emergencia, la aeronave de la Policía Estatal es remolcada por tripulación a la pista de aterrizaje, donde en un lapso no mayor a los tres minutos, el “Águila Uno” emprende el viaje a lo que es un nuevo servicio. La tripulación ideal debe de estar integrada por el piloto y su acompañante, además de un paramédico y un elemento de la Policía Estatal, sin embargo, dependiendo de la emergencia es como se va componiendo el escuadrón de auxilio. Incluso, la aeronave se puede adaptar en cuestión de minutos para trasladar a personas gravemente heridas y con equipo médico.
“En realidad el ser piloto ya lo debe uno de traer, porque el gusto por volar es algo que nace y posteriormente se puede ingresar a una escuela de aviación; es una carrera muy cara y a veces hay poco trabajo, pero más que nada se debe de tener vocación para hacer esto”, señaló.
Vicente Vanegas precisó que más allá de los sustos que ha enfrentado en más de una ocasión desde las alturas, ya sea por una mala jugada climatológica -por viento, lluvia o poca visibilidad-, no cambiaría por nada la satisfacción que experimenta tras concluir un día de trabajo, donde se requiere su intervención y habilidad en la cabina para contribuir con la seguridad pública, los traslados médicos o cualquier eventualidad que se presente.
“Es la satisfacción más grande de todas, el haber cumplido con nuestro deber. Para eso nos ‘alquilamos’. Lo hacemos con mucho gusto para servirle a la ciudadanía (…) Sepan que estamos trabajando para ustedes y que por instrucciones del señor gobernador estamos atendiendo cualquier emergencia de manera oportuna”, finalizó.