abeja

Itzel Vargas Rodríguez

Imagínese: de una granada sale un pescado de cuya boca resurgen dos enormes tigres quienes se lanzan ferozmente sobre una mujer desnuda, tendida en una isla de hielo, y al mismo tiempo, pero lejano, camina un elefante en zancos con un gran barco a sus espaldas… sí es una locura la idea, pero esta imagen refiere a una pintura de Salvador Dalí que con su título lo justifica todo, éste es el “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar”. Pues es ese sonido molesto que más de uno habrá advertido, cuando se quiere conciliar el relajante sueño, y que viene precedido por una molesta mosca, avispa o se escucha el chirrido de un grillo.

Y es que así como al final de una dura jornada laboral el mexicano intenta conciliar un reparador sueño, así también el mexicano desde hace mucho tiene ganas de sentirse seguro, pero ese chirrido espantoso, esa violencia e inseguridad en las calles de tantos rincones del país, es lo que se convierte en una explosión de sentimientos entre los que sin lugar a dudas resalta la indignación y que explotan en demanda ciudadana que, llena de hartazgo y enojo, busca en las calles y por cualquier medio pedir justicia.

Y es que, tan surrealista es la cosa (Ayotzinapa y Tlatlaya, específicamente) que sólo encontrar analogías con la corriente artística pudiera acercar un poco más a lo que acontece.

Bien filmó en México Luis Buñuel, contemporáneo y amigo de Dalí, en una cinta de cine titulada “Los Olvidados” un retrato de la realidad mexicana de 1950 desde una mirada dura, cruda ante la ignorancia y la miseria humana… si se hiciera una película actual de lo que ha acontecido en Guerrero y en el Estado de México los últimos días, seguramente el sentimiento de horror ante lo que le sucede a las víctimas, sería muy parecido y quién sabe, incluso hasta superado.

Los ojos de los medios internacionales se han colocado directamente sobre México, y para desgracia nuestra, enmarcando nuestra marca, país con los peores adjetivos calificativos: inseguro, injusto, impune, intolerante…

Las movilizaciones sociales que ha habido tanto en el país como a nivel internacional han logrado provocar hasta cierto punto sentimientos de solidaridad y unión, y ojalá sirvan para que la situación del México contemporáneo cambie radicalmente pero en forma positiva. Bien dicen que la fórmula para asimilar el cambio es: Cambio = Movilización – Resistencia.

Si no se media la participación de la ciudadanía con los medios y canales adecuados para ello, el problema terminará siendo más grande tanto para el pueblo como para el gobierno, unos porque no han encontrado justicia y paz, y otros porque han perdido estado de derecho.

Urge que los engranes empiecen a funcionar, que cada quien asuma su papel de responsabilidad, tanto quien debe rendir cuentas como quien debe exigirlas y urge con mayor tesón, que estos hechos no se vayan al olvido como tantos en nuestra historia, no para revivir lo malo y desagradable, sino para que sean memoria constante de lo que no se debe descuidar, lo que no se debe hacer y todo lo que se debe mejorar socialmente. Hay muchas naciones en donde los pobladores no olvidan su pasado, y lo utilizan como instrumento evaluador y enjuiciador de sus actuales gobiernos. Precisamente ejemplo debemos tomar de ello, de lo contrario tendremos “más de lo mismo” y nuestra sensación de impotencia seguirá tan cruda y amarga, como aquel molesto sonido de una abeja o mosca rondando los oídos justo cuando se quiere conciliar el sueño.

El dato cultural: Rondando el vasto mundo informativo en la web, me dio curiosidad por conocer el significado de Ayotzinapa, una palabra claramente de origen étnico. Le cuento que tiene un bello significado, proviene del náhuatl y significa “río de calabacitas”. Lástima que al parecer ahora éstas últimas se encuentren cuatro metros bajo tierra

_______________________________________________________

itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz