Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, ante los escenarios que contemplamos en el desempeño de la autoridad federal del agua, los conflictos, choques de visiones, nos encontramos con una guerra nacional por el agua. Hace 25 años tuve la oportunidad ver una de las películas de Luis Buñuel, por supuesto un filme que no he olvidado.

Quizás usted ya la vio o no, pero permítame hacer una muy breve reseña, porque haré un comparativo con lo que sucede en nuestro país. Está obra dirigida por Luis Buñuel, basada en la novela de Manuel Álvarez Acosta “Muro blanco sobre roca negra” y con el guion de Luis Alcoriza, nos muestra el eterno conflicto en un pueblo tropical de México, un pueblecito costero llamado “Santa Bibiana”, donde todos los hombres portan pistola y cualquier malentendido puede causar la muerte. Ahí existe una cadena interminable de venganzas entre dos familias: Anguiano vs. Menchaca. En donde al cobrar venganza un miembro de la familia éste debe huir hacia el río para no ser castigado por la justicia del pueblo, es un autoexilio, y así sobre un lado del río viven los que han huido después de matar, la zona de los Anguiano y la zona de los Menchaca. Una historia interminable de venganza y resentimiento.

Amable lector, podrá preguntarse qué tiene que ver una película con esta columna, aunque en su título lleve una palabra que refiere a un cuerpo de agua, es decir el río, y de una novela cuyo nombre original nada tiene que ver con el agua. Bueno, mi querido lector, la reflexión en torno a esta película parte de esa historia inacabable de venganza, revanchismo, resentimiento entre dos familias, una pugna que exhibe la predominancia de lo tribal, el binomio de los bandos. En este momento la autoridad federal del agua repite un esquema que ya debió ser superado, actúa con un revanchismo hacia quienes los ignoraron o se mofaron de su bisoñez como sectores ideologizados refugiados en la academia, por un grupo dotado de habilidad en hacer negocios turbios a costa de un bastión de la hidráulica, quienes vendían muy cara una panacea que no ha servido. Pero tampoco el revanchismo del “integrismo y fundamentalismo” que ahora toma decisiones y se afinca en grupos bienintencionados que lo único que pueden generar es “balcanizar la gestión del agua”.

Décadas atrás el control se daba en un bando y el otro era el excluido, ahora la rueda del molino giró y se repite lo mismo, con los mismos actores, pero con rol diferente, una historia que debe terminar. En el Congreso se ha percibido con una serie de iniciativas de reformas como la de Martí Batres que prohibía la inversión social y privada, confundiendo lo que es privatización, lo cual tampoco sorprende de él, porque al igual que otros que ocupan lugares en el Gobierno actual, no supieron lo que era estar en aula estudiando, saben de paros, reventar asambleas, etc. Hay otras que ha arropado MORENA o el PT, que “destacan por el caudal de emociones y sequía de razones”.

Ya es cosa de todos los días ver el resentimiento sino es Conacyt con la cargada contra los 31 del consejo consultivo, ahora con la remoción de Alejandro Madrazo del CIDE. El grupo en el poder demostró ser igual, me hace recordar al personaje de Piggy en la obra de William Holding “El señor de las moscas”, menor que es masacrado por la horda de jovencitos que con fuerza y sin razón tomaron el control en la isla, idolatrando la cabeza del cerdo, un Piggy que exclama tiempo antes de morir: “En qué fallamos si hicimos lo mismo que los adultos”.

Esta guerra de revanchismos del agua en México puede crecer dado el afán de polarizar, perseguir y excluir a quien piensa diferente o critica al “Señor de las moscas”, no podemos permitir que, en la alternancia de poder, los que salen huyan al otro lado del río. La legislación del agua debe ser despojada de ideologías, el fanatismo y pasión en una ideología es la misma cantaleta de la pasión y fanatismo de una religión. Es persistir en la enajenación, diría Voltaire “Si Dios no existiera el hombre lo crearía”. Esperemos que la recién estrenada legislatura pueda contribuir en construir un marco legal e institucional del agua, si existe la inclusión de todos los actores y la sensatez, en ese momento habremos dado un paso en abandonar la inercia que refleja esa maldición de la “tierra caliente” de ese tropicalismo que nos refiere Buñuel.

Nos vemos la próxima semana, recuerden la importancia de construir políticas y acciones tendientes para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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