Zedryk Raziel Cruz Merino 
Agencia Reforma

CDMX.- “Como dice el dicho: de la vista nace el amor. Ven el billete y lo compran”. Por algo estaba tan contento el señor Arturo Dorantes, de 70 años, sonriéndole a la gente en el negocio donde vende boletos de la Lotería, sobre la Avenida Juárez.

Ya había vendido 12 boletos, a 500 pesos cada uno, de la rifa que todo mundo llama del avión presidencial (aunque el premio en realidad es dinero). Lleva 53 años como vendedor y no recuerda un sorteo con boletos así de caros, le sorprende que la gente los compre, pero gracias, dice, porque la comisión que se lleva por las ventas es buena, muy buena, subraya.

“Desde la semana pasada venían y me decían: ‘oye, ¿ya tienes los cachitos del avión?'”. Él ya tenía varias series, sólo que no podía venderlas porque la Lotenal le hizo firmar un compromiso para sacarlos hasta ayer, después del Paro Nacional de Mujeres. Pero él sacaba de debajo del mostrador sus series de boletos, secretamente, para satisfacer a los preguntones, y él notaba cómo se enamoraban de los cachitos con su imagen del lujoso avión que no tiene ni Trump, los acariciaban con delicadeza, como si fueran frágiles papiros antiguos.

“Ay, están chulos”, le decían. “¿Y si me vendes aunque sea un cachito?”, le rogaban en corto.

“No te puedo vender ni un trocito”, los despachaba él guardando rápidamente el fruto entonces prohibido.

“Ay, ¡pero entonces apártame!”.

Lo cuenta y se ríe como quien recuerda una travesura. Entonces le apartaron hasta series completas, dice, 20 boletos en cada una, a 10 mil pesos en total.

“Se aprende mucho en este negocio”, dice.

Los cachitos del sorteo que promueve el Presidente Andrés Manuel López Obrador colmaron ayer los negocios de distribuidores sobre la Avenida Juárez. Los carteles: “Gran rifa del avión”, “Aquí te damos el avión”, “¡El avión, el avión!”.

Un vendedor colocó una imagen del Presidente vestido como “niño gritón” anunciando el premio mayor: 100 boletos premiados con 20 millones de pesos cada uno.

“Sí está jalando la venta, la gente está colaborando, porque es para una buena obra, se necesita de la venta de estos 6 millones de boletos para poder abastecer los hospitales de medicinas”, dice Mario Figueroa desde el huequito del establecimiento en el que ha estado desde hace 18 años.

Los 10 cachitos que ha vendido casi seguro que se los han comprado puros morenistas y simpatizantes de López Obrador, estima, porque un buen jugador de la Lotería sabe que de por sí es difícil ganar en los sorteos que emiten 60 mil boletos, ahora, imagínese, con 6 millones.

“El que está comprando más que nada lo hace por ayudar y no ve el interés de los 20 millones del premio, hay gente que compra sin saber de la Lotería. Un buen jugador no va a comprar, un buen jugador del diario, que sabe bien cómo operan los sorteos, no va a comprar”, observa.

“Sabemos que López Obrador tiene su gente y tiene su pegue el señor como Presidente, podrá ser bueno o malo, pero tiene su gente que lo apoya y es la que está comprando; tal vez podrá haber alguno que es panista o priista y que tenga buen corazón y diga: ‘pues si es para ayudar, dame uno’, pero la mayoría son morenistas los que están viniendo”.

Así hablaba don Mario cuando al puesto de al lado llegó Daniel Casasblanco, 75 años, obradorista y jugador de toda la vida.

“La Lotería la juego desde que tengo uso de razón y tres veces me la he sacado. Saqué unos millones, no le puedo decir cuántos. La última vez fue el 15 de septiembre de 1985, cuando el temblor exactamente, y antes me la había sacado en 1967 y en 1973, y mañana me la voy a sacar otra vez, ¿eh?”, se ríe con sus cachitos de otro sorteo en la mano.

Jugador y obradorista, decía, anuncia que va a comprar también tres boletos de la rifa presidencial.

“Sí le voy a jugar, los voy a comprar. Yo soy un partidario del señor López Obrador y estoy con él. Si yo lo considero como una ayuda, no me afecta gastar mil 500 pesos”.

Eva Frías lleva más de 50 años vendiendo, dice, “ilusiones que se pueden hacer realidad”, sólo que ahora ella también se compró un boleto, y se pone a soñar.

“Si gano, yo no me voy a ir a Europa ni a Alemania ni ninguno de esos países, si yo me saco la lotería, parte de ese dinero lo voy a repartir también a la gente pobre, que lo necesita, de la tercera edad, porque, así como Dios me socorre, así lo voy a repartir; me iría a los pueblitos a buscar y darles dinero, repartirlo, no irme a pasear, y más ahorita con el coronavirus que hay, ¡ni loca ir a otro país a que me contagien!”, se asusta.