Rubén Andrés Moreno de la Rosa

El Tren Maya es una de las iniciativas más grandes y controversiales en los últimos años, por lo cual en este artículo haremos un breve análisis del proyecto, así como de algunos amparos que se han promovido contra él.

El Tren Maya no es una idea original del presidente Andrés Manuel López Obrador, su origen se remonta al 2012, durante la Feria de Turismo de España, donde los gobiernos de México y algunos países de Centroamérica presentaron la iniciativa “Ruta del mundo Maya” como una idea conjunta para promover el desarrollo del turismo.

Sin embargo, el proyecto nunca despegó y no fue hasta el 2018 cuando se retomó por parte del presidente López Obrador.

Desde un principio, el Tren Maya fue objeto de controversia, pues las zonas en la que se tenía planeado construir poseían alta diversidad biológica y cultural. En este sentido, diversas autoridades y organizaciones civiles han estado en constante debate respecto a ventajas y desventajas de éste, sin embargo, no se ha alcanzado un consenso general.

A pesar de eso, el proyecto continuó y el Tren maya se pensó como una iniciativa para la instalación de una vía ferroviaria de aproximadamente 1,500 kilómetros, la cual se divide en 7 tramos. Este proyecto cruzará por el territorio de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, teniendo como objetivo la instalación de 19 estaciones y 12 paraderos en localidades como Palenque, Mérida, Izamal, Valladolid, Cancún, Tulum y Chetumal.

Entonces, a la hora de analizar este proyecto, es necesario tomar en consideración dos circunstancias: el daño ambiental y la afectación a los pueblos indígenas que habitan en estas zonas. Para la realización de este proyecto, deben talarse 2 mil 500 hectáreas de selvas, del mismo modo que, dado que el 53% de la tierra se encuentra en terrenos ejidales, se tendrán que realizar planes para adquisición de los mismos.

Otra circunstancia es que en los espacios donde se tiene planeada la instalación de las vías férreas se cruzan áreas naturales protegidas, así como una gran variedad de flora y fauna, mucha de la cual está catalogada como en peligro de extinción.

Ante esta situación, para el 8 de agosto del 2022 se habían promovido ya 25 amparos contra el proyecto en general, así como algunas secciones en particular a los cuales se habían otorgada diversas suspensiones. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la ciudadanía, muchas de las suspensiones ya han sido revocadas.

El 3 de agosto del 2022 se revocaron las suspensiones definitivas otorgadas en los amparos 884/2022, 923/2022 y 1003/2022 y posteriormente se revocaron las suspensiones de los amparos 820/2022 y 821/2022, quedando ya muy pocas en función.

La decisión de los jueces de revocar estas suspensiones es porque las autoridades ya habían llevado a cabo las modificaciones pertinentes para continuar con los proyectos sin que haya una afectación permanente a los derechos alegados, del mismo modo, señalan que, como ya se tiene una evaluación de impacto ambiental y las consultas a las comunidades indígenas, entonces el Tren Maya puede continuar sin problemas.

Esta respuesta por parte de las autoridades no ha dejado satisfechos a los quejosos, los cuales, señalaban que parte de la violación a sus derechos humanos es consecuencia de que las evaluaciones de impacto ambiental fueran hechas con datos de procedencia cuestionable, del mismo modo que las consultas a los pueblos indígenas no fueron realizadas correctamente.

Ésta es una de las muchas controversias que giran en torno al Tren Maya y, si bien la intención del mismo es buena, el hecho de que el presupuesto requerido para cubrir la obra es mucho más de aquél que se habían prometido, muchos campesinos fueron presionados a vender sus tierras y el deterioro ambiental que se está generando realmente pone en duda el beneficio de este proyecto.

Muchas gracias por su atención y si desean compartir opiniones sobre este tema pueden mandarme mensaje a: rubenmoreno0034@gmail.com