Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

La etapa aguascalentense de la Convención Militar Revolucionaria fue la más famosa, pero no la más fructífera y, quizá, relevante… No por lo menos en términos de ideas y programas. Es la más conocida porque en este momento ambos bandos mantenían un equilibrio de fuerzas, y la moneda estaba realmente en el aire. Aparte, es preciso considerar su carácter novedoso de entre los usos de la política mexicana; la de la época, por supuesto.

Una vez producida la ruptura definitiva -y definitoria-, la convención quedó en manos de villistas y zapatistas, al tiempo que era despreciada por los carrancistas porque, ¿cómo se había atrevido la asamblea a cesar al Primer Jefe, Venustiano Carranza?

Entre mayo y julio de 1915 las fuerzas campesinas sufrieron una derrota militar de la que jamás se recuperarían, en el contexto de una serie de batallas que instalaron al carrancismo como la fuerza política dominante. Pero la convención siguió trabajando… Hasta generar un programa de gobierno, que se aprobó en Jojutla, estado de Morelos, el 18 de abril de 1916, meses antes de que Carranza convocara a la siguiente gran reunión, el Constituyente de 1916-17, y como si todavía tuviera alguna posibilidad de instrumentarlo.

Pero independientemente de esto vale la pena detenerse un instante en el documento, dado que aunque de manera indirecta ideas como éstas ayudaron a delinear el México posrevolucionario, incluso en contra de la voluntad manifiesta de Carranza.

El capítulo más extenso de este escrito es el de las reformas administrativas. Ahí la Convención postula que debe pugnarse por atender las necesidades de educación del pueblo mexicano a través del establecimiento de “escuelas rudimentarias”.

Los rubros que la educación debe atender son los de la cultura física, los trabajos manuales y la instrucción práctica, así como la elevación salarial de los profesores. En relación a la educación superior, la Convención propone la “emancipación” de la universidad y el fomento de la enseñanza de las artes manuales, la aplicación práctica de las ciencias y las profesiones liberales.

En materia de industria, el programa se refirió a la necesidad de evitar los monopolios y revisar leyes y concesiones que los protejan, así como reformar la legislación sobre sociedades anónimas, para impedir los abusos de las juntas directivas y proteger los derechos de las minorías de accionistas.

El petróleo y la minería son tratados de manera expresa en la exposición convencionista. Para el desarrollo de estas actividades se precisa favorecer las exploraciones mineras y petrolíferas; promover el establecimiento de bancos refaccionarios de la minería, impedir el acaparamiento de vastas zonas; conceder amplios y eficaces derechos a los descubridores de yacimientos metalíferos; otorgar al Estado una participación proporcional de los productos brutos en las dos industrias mencionadas; declarar caducas las concesiones relativas, en caso de suspensión o posible reducción de trabajos por más de cierto tiempo, sin causa justificada, lo mismo que en los casos de desperdicio de dichas riquezas, o de infracción de las leyes que protejan la vida y la salud de los trabajadores y habitantes comarcanos.

La Convención no olvidó a la inversión extranjera y en el escrito puso de manifiesto los requisitos que debería cumplir para instalarse en el país, con la condición de que se sujetase a la jurisdicción de los tribunales mexicanos cuando sus intereses en el país fueran sometidos a litigio.

El capítulo relativo a las reformas políticas habla de establecer el régimen parlamentario como forma de gobierno. Asimismo se plantea la independencia de los municipios gracias a la concesión de la libertad de acción para atender los intereses de la comunidad, al tiempo que se defienden de los ataques de los gobiernos estatal y federal. Se postularon también supresión de la vicepresidencia de la República y del Senado, éste último calificado como una “Institución aristocrática y conservadora por excelencia”, en tanto se reorganiza el Poder Judicial, buscando hacer realidad su independencia de los otros poderes de la unión.

Finalmente, la Convención propuso el establecimiento del sistema electoral de sufragio directo y la reforma de las legislaciones respectivas en los niveles federal y estatal, a fin de evitar que se falsifique el voto de los ciudadanos que no saben leer ni escribir.

Como se recordará, en Aguascalientes la Convención eligió presidente de la República al general Eulalio Gutiérrez, que fue defenestrado por la Asamblea el 16 de enero de 1915, pese a lo cual Gutiérrez continuó considerándose como tal hasta el 15 de junio de ese año, fecha en que renunció. Cesado o renunciado, el hecho básico es que nunca tuvo la más remota posibilidad de influir en el curso de los acontecimientos, solo como estaba entre las fuerzas de Carranza y Obregón por un lado, y Villa y Zapata por el otro.

Al cesarlo, la Convención nombró para el cargo al flamante general Roque González Garza, aquel que representó a Villa en Aguascalientes, y que es fácil de reconocer en las fotografías por su barba. Quien sería suegro de don Jesús Reyes Heroles presidió el gobierno de enero a junio de 1915, y dimitió debido a conflictos con los zapatistas. Entonces fue designado el abogado veracruzano Francisco Lagos Cházaro, quien ocupó el cargo del 10 de junio al 10 de octubre de 1915.

El carrancismo por su parte, le imprimió un carácter social a su movimiento con el decreto del 12 de diciembre de 1914, que reformó y adicionó el Plan de Guadalupe. Los cambios incluyeron las principales demandas sociales que los entonces enemigos del constitucionalismo venían esgrimiendo desde meses antes. Días después, el seis de enero de 1915, se promulgó la primera ley agraria de la revolución.

Sin duda ambas medidas dieron cuerpo a la ofensiva ideológica en contra de villistas y zapatistas, a la que correspondería una ofensiva militar que, paradójicamente, culminó en Aguascalientes, lugar donde el Ejército de Operaciones llevó a su término la destrucción de la legendaria División del Norte que inició en Celaya.

También es importante señalar que a principios de 1915 Obregón consiguió que algunos sectores de la clase obrera se aliaran al constitucionalismo. Ello condujo a la aberración que significó el enfrentamiento entre supuestos aliados de clase, obreros y campesinos, en Celaya; en verdad una tragedia. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).