NOÉ GARCÍA GÓMEZ

Ante varias semanas en que la agenda política nacional se debatía la viabilidad de la iniciativa de reforma del presidente López Obrador para que la Guardia Nacional estuviera sectorizada a la Secretaría de la Defensa Nacional y una postura de la oposición donde defenderían la no militarización de dicha corporación que se suponía tendría que ser policiaca y civil; bastó que el secretario de Gobernación apretara unos botones contra el cuestionado presidente del PRI “Alito” Moreno, para que la “férrea” postura priista cambiara a una mágica colaboración y una postura cercana a la del presidente.
En noviembre del 2018 escribí un análisis sobre las distintas posturas de las oposiciones, ya que como lo dice Barrientos del Monte, “Así como no puede existir democracia sin elecciones, habría que agregar que tampoco sin oposición”, en dicho análisis establecí que se generaría una oposición pragmática, que la encabezaría el PRI y me explico.
Primero, es importante diferenciar una política pragmática y un pragmatismo político. El primero actúa porque las acciones favorecen y producen resultados satisfactorios, mientras que el segundo es guiado por la sola conveniencia sectaria. ¿En cuál concepto se ubica? Ellos dirán que en la primera, pero en el fondo es producto de la segunda.
Después del resultado del año 2000 donde el PRI dejó de encabezar el Poder Ejecutivo, rápido entendieron que tender puentes con el Gobierno en turno era más práctico y redituable que oponerse. Llegar a acuerdo, aun sacrificando principios o proyectos, con tal de seguir influyendo en las decisiones del poder se volvió una herramienta que encontró réditos políticos y electorales.
Así ocurrió en los sexenios de Fox y Calderón, se agazaparon, acordaron, cogobernaron y finalmente dieron el zarpazo primero para conservar buena parte de las gubernaturas, avanzar en las cámaras legislativas y finalmente recuperar el poder en 2012.
Para sorpresa, el primer año se mantuvieron discretos, sin polemizar con el nuevo gobierno, algunos dirían que prudentes, pero más bien sigilosos como lo son los zorros, analizando y olfateando el contexto para cuando tengan mejores elementos actuar. Cuando comenzaron el proceso electoral federal intermedio y elecciones de gobiernos locales, sorprendentemente generaron una alianza opositora con el PAN y obtuvieron resultados pírricos, pero en mejor escenario que si fueran solos.
Repito, con sus antecedentes de tener paciencia, llegó el momento en que se erigieron, en que podrán influir en temas que les interesen, a partir de esta votación se presentarán ante el ciudadano como una opción moderada y madura, que apuesta a que le “vaya bien” al gobierno, para que le “vaya bien” a México. Al parecer comenzarán a jugar ese juego ambivalente pero prudente, criticar, pero acordar, oponerse pero proponer, donde todo estará calculado para que tenga un efecto positivo tanto en la nueva mayoría, como en círculo de opinión, así como en la ciudadanía y por supuesto con el “poder” hoy encarnado en López Obrador.
Su oficio aprovechará los dos extremos, el de la tentación mayoritaria de MORENA, como el de la frustración de las otras minorías encabezadas por el PAN. ¿Lo anterior es garantía de tener réditos políticos y/o electorales? No, pero la experiencia nos dice que es un juego que conocen y saben jugar y como todo ente pragmático se irá adaptando dependiendo las circunstancias.
Cierro citando al catedrático Fernando Barrientos del Monte, en su ensayo “La oposición política: notas para una discusión teórica”, que describe: “las oposiciones en la democracia no sólo son necesarias, sino que su permanencia es indispensable […] su existencia es lo que define o no a las democracias. Así como no puede existir democracia sin elecciones, habría que agregar que tampoco sin oposición. No basta la sola existencia de dos partidos, el que está en el gobierno debe asumir que requiere y debe tener un contrapeso político, de otra manera, se presentarían tentaciones autoritarias con el consecuente deterioro e, incluso, desaparición de los principios democráticos”. En la actual coyuntura se ve nacionalmente una oposición desarticulada que difícilmente podrá canalizar el creciente desgaste del presidente y su partido ante el ciudadano.

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