Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando las personas se dan cuenta que algo no están haciendo bien y lo aceptan, hay muchas posibilidades de corregir ese error; pero cuando muchos nos damos cuenta que las cosas no están bien, porque las hacemos mal o porque las dejamos de hacer, y aun así decimos que todo está bien; en estos casos es sumamente difícil, si no es que imposible, enmendar los yerros.

Es el caso del Gobierno Federal, cuando a la máxima autoridad se le cuestiona sobre la situación de la educación, la respuesta en automático es “andamos requetebién”; es decir, la educación que se está otorgando al estudiantado del país es excelente. Sin embargo, todos sabemos que no es verdad, toda vez que en los hechos e investigaciones serias han llegado a la conclusión que en educación básica hay severos atrasos académicos, hasta de dos ciclos escolares, por los impactos de la pandemia y porque la Secretaría de Educación Pública ha hecho caso omiso de esta realidad y no ha tenido el mínimo intento de superar las deficiencias; como tampoco ha desplegado acciones concretas para recuperar a los estudiantes que abandonaron la escuela por los mismos efectos de la pandemia y por otros factores.

El hecho de saber que la educación no está bien e insistir, en el discurso, que todo está funcionando “bien”, es indicativo que, en el fondo, no hay voluntad política para mejorar la educación; por eso se recurre al autoelogio de que “todo lo estamos haciendo muy bien”. Pero, más pronto que tarde tendremos que pagar un altísimo precio por el autoelogio; ese costo lo pagarán los niños, los adolescentes, los jóvenes y la sociedad entera; porque el desmedido autoelogio conduce al conformismo, a la inacción, al estancamiento y al retroceso. Prueba de ello, a manera de ejemplo, está que la Secretaría de Educación Pública, hasta la fecha, no se ha interesado o no ha sido capaz de implementar nuevo plan y nuevos programas de estudio, tan sólo se ha concretado en declaraciones. En tal virtud, se sigue estudiando con los planes y programas de estudio de la educación básica que dejaron los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña; tan criticados ambos, no obstante, son los que están dándole el sustento académico a las escuelas; así como también la denostada pasada Reforma Educativa está dando soporte, a la Secretaría, en la selección de nuevos docentes para el ingreso al servicio educativo y para las diversas promociones a los maestros ya en servicio. ¿Por qué, entonces, tanto salto si el suelo ni chipotudo está? Ya veremos qué hará la próxima administración.

Del Gobierno Estatal que está por concluir, también hemos escuchado decir que deja a la próxima administración “un sistema educativo funcional”, “una educación competitiva por su alta calidad”; en síntesis, “una educación sin problemas que preocupen”. Pero, contradictoriamente, luego dice que le tocará al próximo Gobierno Estatal recuperar los dos años académicos perdidos por la pandemia y recuperar a los estudiantes que abandonaron escuela. Entonces, sí se deja una educación que no está funcionando bien, porque académicamente hay severos rezagos y porque hay estudiantes de todos los niveles educativos, que abandonaron la escuela. No pocos, en su oportunidad, estuvieron insistiendo que si a nivel central no había interés por atender el rezago educativo ni para recuperar a los desertores, sí era responsabilidad del estado, a través del Instituto de Educación, instrumentar acciones concretas para supurar deficiencias y recuperar a los estudiantes que dejaron la escuela; pero se hiso caso omiso y ahora será la próxima administración la que debe ocuparse de los problemas heredados. Habrá que dejar constancia que, con todas las limitaciones, los directores de escuela hicieron lo que humana y profesionalmente pudieron para superar lo anterior.