En un principio, cabe señalar que buscar mejorar tus condiciones actuales de vida no es algo malo. Sin embargo, cuando estás dispuesto a sacrificar todo para alcanzar tus pretensiones, te darás cuenta de que en muchas ocasiones puedes quedarte sin nada.

Esta verdad es la que vivió el exministro de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Fernando Saldívar Lelo de Larrea.

Recordamos que ya durante su tiempo como presidente de esta institución se le criticó por mostrar una actitud complaciente hacia los proyectos del presidente López Obrador; sin embargo, ello nunca pasó de conjeturas al aire.

Posteriormente, con un año para poder retirarse de su puesto como presidente de la Corte, decidió renunciar sin causa justificada a dicha institución y unirse al equipo político de Claudia Sheinbaum, dentro del cual se dedicó a desdeñar y atacar al Poder Judicial.

Pero el momento de mayor impacto fue cuando el presidente, en una de las mañaneras, mencionó que tenía comunicación activa con Zaldívar cuando éste estuvo a la cabeza de la Suprema Corte y que en repetidas ocasiones le pidió que usara su influencia para impulsar las decisiones de los órganos jurisdiccionales en la dirección que él prefería.

Ante esta situación, Zaldívar únicamente dijo que él siempre respetó la autonomía del poder judicial y que si alguien pensaba lo contrario, que se lo demostraran.

Bueno, ese día ha llegado. Hace poco salió a la luz que el 9 de abril de 2024, un ciudadano anónimo presentó una denuncia contra Arturo Zaldívar y sus colaboradores, a lo que la actual presidenta de la Suprema Corte, Norma Lucía Piña Hernández, turnó a la Unidad General de Investigación de Responsabilidades Administrativas del Poder Judicial de la Federación, instancia facultada para realizar las investigaciones pertinentes.

En dicho documento se señala que Zaldívar participó en vulnerar la autonomía e independencia de titulares de órganos jurisdiccionales del Poder Judicial de la Federación, con la intención de satisfacer intereses personales y de terceros, y a sus colaboradores se les acusó de enriquecimiento ilícito, corrupción, extorsión, acoso, delincuencia organizada e incluso violencia sexual.

Lo cual ha llevado a especular que la persona que filtró esta información fue alguien cercano al exministro.

Lo que más llama la atención sobre este documento es que no hace acusaciones alzadas y sin ningún fundamento, sino que a lo largo de sus quince páginas señala hechos, circunstancias, expedientes, instituciones y personas (con nombre y apellido) que se vieron afectados por la actuación del exministro.

Ante esta situación, el exministro únicamente ha manifestado que está siendo víctima de una cacería de brujas por parte de los actuales miembros del Poder Judicial.

Pero como el perro de las dos tortas, Zaldívar se quedó sin nada.

Por un lado, sus constantes ataques al Poder Judicial han logrado que cualquier influencia o amistad en dicha institución haya desaparecido y por otro lado, Claudia Sheinbaum y la 4T en ningún momento han metido las manos al fuego por él y únicamente han manifestado que le corresponde defenderse de lo que lo acusan.

Sin embargo, lo más triste es que nada de esto era necesario, Zaldívar pudo haber terminado su mandato en la Suprema Corte, haberse retirado con un muy buen sueldo y probablemente nada de esto se hubiera sabido.

Pero como le ganó la ambición y quiso jugar al político, traicionó todo lo que había defendido a cambio de vagas promesas de poder e influencia por parte del partido en el poder, pero ahora que las cosas se están poniendo peligrosas, estos últimos no están haciendo el menor esfuerzo por ayudarlo, sino que, por el contrario, lo tiran a la basura como una herramienta rota que ya no posee más usos.

Pero bueno, ese es el costo de la ambición que está teniendo que pagar ahora Arturo Zaldívar.

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