Gerado Muñoz Rodríguez

Hace algunos días, la Junta de Gobierno del Banco de México, presidida por los doctores Agustín Carstens y José Antonio Meade, consideró razonable un aumento en la tasa de interés interbancaria en 25 puntos base, para posicionarla en siete por ciento. Esto en vías del cumplimiento del objetivo prioritario del banco que es procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda. Este incremento, según la junta, posiciona a la tasa de referencia en niveles congruentes con el proceso de convergencia eficiente de la inflación objetivo de 3 por ciento.

En la última reunión, la decisión no fue unánime, si no existió división por parte de los integrantes de la junta, lo que pudiera significar, después de siete alzas consecutivas, que el ciclo alcista pudiera estar cercano al ocaso. Veamos algunas razones.

La tasa de fondeo del país, siempre ha actuado, hasta cierto punto, de la misma manera que la tasa de Estados Unidos. Pero derivado de los altos niveles de inflación del país, así como la considerable depreciación del peso a comienzos del 2015; el banco central tuvo que actuar de manera distinta a su homólogo estadounidense. Hoy nos encontramos con el más amplio diferencial de tasas desde el 2009, alcanzando niveles de 5.75 por ciento.

En cuanto al tema de la inflación anual, se prevé que toque su máximo en los próximos meses y que de esta forma podemos ver una tendencia a la baja de este indicador macroeconómico. Recordemos cómo el alza generalizada de precios ha sufrido una serie de impactos que han hecho que se cotice en niveles no vistos desde 2009. La liberalización de los precios de los combustibles ha sido el principal causante de esta constante alza, acompañado por la depreciación de la divisa mexicana a principios del 2017. La inflación cerró la primera semana de junio con 6.30 por ciento.

El cierto nivel de desaceleración de la economía mexicana para el segundo trimestre, representa una señal de que las presiones inflacionarias pudieran estar disminuyendo, y de esta forma ser un fuerte factor que nos valiera considerar que la política monetaria restrictiva del Banco de México pudiera estar cercana a su fin. De igual forma, el impacto al cual se vio reflejado en la inflación ocasionada por la liberalización de los precios de los combustibles y el traspaso del incremento a los productos a principios de año, se espera que no vuelva a tener ese elevado efecto para el 2018.

Otra cuestión que puede ayudar a retirar el alta de la tasa de fondeo está relacionada con la apreciación que ha tenido el peso mexicano. Como ya hemos comentado ampliamente, esta apreciación esta derivada fundamentalmente por la menor percepción de riesgo por parte de los inversionistas, la cual se vio afectada por las diversas, y al parecer inoperantes, campañas de Trump. La renegociación del Tratado de Libre Comercio, sigue marcando la pauta para determinar el comportamiento de la divisa nacional en lo que resta del año.

A pesar de esto, el banco no esperó a dicha negociación y actuó prematuramente utilizando un sistema de coberturas cambiarias con la finalidad de lograr un funcionamiento más ordenado del mercado cambiario. El pasado 10 de julio, vimos cómo se ejecutaba la cuarta renovación por 200 millones de dólares. La demanda de dólares fue 3.5 veces superior al valor ofertado. Se solicitaron 705 millones de dólares.

A pesar de esto, el banco central de Estados Unidos, proyecta, en caso de todo permanecer constante, cuatro incrementos en su tasa de referencia en los próximos 18 meses, por lo que Banxico debe permanecer atento a esto, así como a la supervisión de los variables económicas comentadas. Solo un comportamiento razonable de éstas, pudieran incentivar el cambio en la política monetaria.

Twitter: @GmrMunoz