Cuando Claudia Sheinbaum fue designada como una de las “corcholatas” que competiría por la candidatura de Morena para la presidencia de la república, se percibió claramente que ella sería la elegida. Que era una faramalla la supuesta competencia entre los aspirantes para ver a quién elegirían las bases morenistas. De antemano se sabía que el dedo elector de ese movimiento político -lease Andrés Manuel López Obrador- había decidido desde mucho tiempo atrás, probablemente años, quién sería su sucesora, pero que había que realizar el montaje de una aparente democracia en el partido creación del presidente. La preferencia de López Obrador por quién era Jefa de Gobierno de la Ciudad de México era evidente, pues Sheinbaum era su mejor y más fiel discípula en todos los aspectos, sobre todo en obediencia y lealtad a toda prueba. Las otras “corcholatas” -Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Manuel Velasco y Adán Agusto López- sabían que solo iban como comparsas pues sin que se los dijera el presidente, la suerte ya estaba echada para ellos. Su presencia era solo para avalar un supuesto ejercicio democrático morenista pero que en la realidad solo era para dar la imagen de algo que no tenían pues el autoritarismo de AMLO ya había definido la sucesión e incluso, con el poder que ejercía en toda su magnitud, la presidencia misma como finalmente sucedió.

López Obrador ha dicho que terminando su sexenio se retirará a su finca ubicada en el sureste del país y que se olvidará de la política. Miente como ha mentido durante todo su sexenio. El poder es unan droga que no fácilmente se deja y López Obrador ya la probó y no dejará tan fácilmente lo que le costó años en conseguir, sobre todo ahora que ya tiene también el control del Poder Legislativo y que está a punto de tener el control del Poder Judicial. Va a controlar el Estado mexicano como ningún otro presidente. Es un montaje ese de una supuesta consulta popular para que los ciudadanos decidan si los ministros de la Suprema Corte sean electos o no por el voto directo de la población. La consulta se hará en agosto y se prevé que Morena, el PT y el Partido Verde logren aprobar su realización.

Claro que esta reforma será aprobada por la población en la supuesta consulta, pues la gente sin saber exactamente lo que se está decidiendo votaran a favor para avalar los deseos del presidente sin saber que López Obrador está tratando de cumplir con otro de sus caprichos: el desmantelar a quienes actualmente integran la Suprema Corte, pues él se ha sentido agraviado por ellos porque no le han cumplido varios de sus caprichos. Con Norma Lucía Piña Hernández, Presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, trae un pleito casado y no descansará hasta desbancarla junto con los ministros. Para ello el plan ya está en marcha y más ahora que tendrá el control de las cámaras.

Lo anterior hará de Morena un partido muy poderoso nada se interpondrá en sus planes, programas y proyectos. Los partidos opositores, lo que queda de ellos, nada, absolutamente nada, podrán hacer para limitar el poder de los morenistas. En las cámaras serán invitados de palo. Ahí los presidentes actuales del PAN y de lo que queda del PRI solo gozaran de fuero y de sus jugosas dietas, para ello se apuntaron en los primeros lugares de las listas plurinominales a sabiendas de que ahí iban seguros a las curules y escaños.

SI alguien cree que podrá participar en la consulta pública para elegir a los magistrados se va a quedar con un palmo de narices pues esta se manejará como cuando se realizó la consulta de inicios del sexenio cuando AMLO dijo que le preguntarían al pueblo si se continuaba con el aeropuerto de Texcoco, que según él estaba plagado de actos corruptos, o se demolía. López Obrador ya había dictado sentencia y solo hizo la simulación de la consulta para avalar sus planes autoritarios que le costaron al erario federal miles de millones de pesos tirados a la basura por capricho y que significó también el que México se haya quedado sin un aeropuerto que vendría a ser de los mejores del mundo. Hoy el lago de Texcoco sigue siendo un sitio con serios problemas ambientales.

López Obrador eligió a su sucesora con la finalidad de él seguir manejando la política del país y por ende con alta influencia también en el gobierno de la nación. Mañana que Claudia Sheinbaum dé a conocer parte de su gabinete se podrá observar la mano del presidente en las designaciones más importantes. López Obrador para cumplir sus caprichosos no repara en ser evidente. La ortodoxia política no se le da. Muchos años lleva en la grilla, que no en el quehacer político, partidista y el destino ha querido que llegue a alturas insospechadas en el control de la vida nacional y para que suelte ese control no será nada fácil pues apenas va llegando. Tendremos seis años de poder tras el trono.