Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Las bírulas.- ¿Qué necesidad de esperar a que ocurran los accidentes? ¿Hasta cuándo Sra. Presidente Municipal dará instrucciones a la Policía de Tránsito para que cumpla con sus obligaciones y meta en cintura a los ciclistas cafres?, son una plaga que pone en riesgo a peatones, automovilistas, motociclistas y hasta a los ciclistas respetuosos.)

No es deseable que el Poder Judicial juegue un papel protagónico en la vida pública de una comunidad, tampoco lo es que sea el antagonista de los otros poderes, el justo medio aristotélico sería lo recomendable para una función que tiene por objeto atemperar los excesos, evitar las violaciones a los derechos fundamentales, reprimir las ilegalidades y en el sentido mas amplio del latinajo atribuido a Ulpiano, “suum cuiquae tribuendi” darle a cada quien lo suyo, determinando y allí precisamente está el quid, qué es lo suyo de cada quien.

Si bien en mi opinión, no es conveniente el protagonismo judicial, en los pasados días hubo tres actuaciones relevantes de diversos actores judiciales, dos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y una de una juez (les gusta que les digan juezas pero prefiero serle fiel a la gramática al fin femenina, que al género que es masculino), que hacen recobrar la fe (concientemente escribo fe y no confianza) en la actuación jurisdiccional y que unas por su relevancia y otra por la publicidad de que fue objeto en los medios de comunicación merecen, al menos reflexionar sobre ellas.

La Suprema Corte de Justicia se conforma actualmente por once ministros, ocho hombres, uno de ellos homosexual, todos con sólida carrera jurídica, tres mujeres, una, con una trayectoria brillante en el Poder Judicial de la Federación, otra, inteligente y sagaz, que no desentona mucho y una tercera, aprendiz, que está pagando el noviciado. Las transmisiones de las sesiones, ahora se realizan a distancia a través de la internet, son educativas, ejemplares y muy interesantes, si usted amable lector las siguiere y lo puede hacer incluso sábado o domingo, en que las repiten, sin ser muy perspicaz ni conocedor, podrá constatar lo que aquí escribo. El actual Presidente de la Corte, hipersensible y con más ánimo de notoriedad, fue protagonista de anécdotas curiosas en sus debates con dos ministros ya fallecidos: con Salvador Aguirre Anguiano, que tenía un fino sentido del humor y una cachondez que disfrazaba de bonhomía, que sin duda también la tenía, y con Jesús Gudiño Pelayo a quién acusó ante el entonces presidente de la Corte de estarle haciendo “gestos”, la respuesta del ministro Gudiño fue como para figurar en el anuario de jurisprudencia: “Es que así tengo la cara” explicó.

El actual presidente de la Corte gusta de salir en los periódicos y dejarse ver en programas de noticias y de entrevistas, escribe regularmente sus comentarios relacionados con la vida política y jurídica en las redes sociales y muy seguido incurre, no puede ser de otra manera, en formular juicios, que, pudieran ser prejuicios en torno a situaciones que podrían llegar a la Corte. Calladitos se ven más bonitos.

La semana pasada la Corte abordó una controversia constitucional en la que se planteaba la constitucionalidad de suprimir el fuero para algunos funcionarios, en particular de jueces y magistrados de una entidad federativa. La postura del Presidente sólo secundada por una de las ministros fue la de suprimir el fuero por considerar que no constituye un derecho fundamental amparado por la norma suprema, la mayoría, nueve ministros, opinó que constituía un derecho que, garantizaba la función imparcial y que en última instancia protegía no solo al juzgador, sino a la comunidad, al dotar de un elemento más de seguridad y tranquilidad para llevar a cabo la delicada y ahora peligrosa función de impartir justicia.

Vino luego la compleja resolución de la juez guanajuatense que tuvo que pechar, ¿quién sabe por qué? con la consignación  de la madre del “Mencho”, me da lo mismo como se llame, así la identificamos, como identificamos a la mamá del “Chapo”, porque, a saber por la información que se difundió por los boletines oficiales fue detenida, luego de haber ingresado a su domicilio con una orden de cateo, por fuerzas armadas, incluso del Ejército, por estar incurriendo flagrantemente en delitos de naturaleza federal relacionados con lavado de dinero, delincuencia organizada y otros semejantemente graves sin embargo la consignación  no se hizo a un juzgador federal sino a uno del fuero común. Sin duda la juez le sufrió, sólo los que hemos sido jueces hemos experimentado esa tremenda soledad, esa inquietud por actualizar la justicia que antecede al dictado de una resolución delicada. La juez hizo su labor, con los elementos dados a conocer en los medios, era más que suficiente para considerar que la señora “Mencha” no podría tener un debido proceso. La juez tuvo más elementos y, ha sufrido hasta la difamación presidencial, ante el silencio de la judicatura. ¿Dónde están los jueces? ¿Por qué se quedan callados? Es inadmisible la actitud del Presidente.

El tercer asunto relevante fue la resolución de la Corte que frena el acuerdo de la muy aplaudida Secretaría de Energía que limitaba el empleo de energías nuevas, limpias y renovables en favor del arcaico uso de combustibles orgánicos, del arcaico  sistema mexicano dirigido por un arcaico político. La Comisión Federal de Competencia había autorizado el uso de estas nuevas formas de producir energía, la Corte, por lo pronto, apoyada seguramente en un tratado internacional, los Acuerdos de París, que son ley suprema de la Unión, resolvió en favor de los organismos y empresas que ya habían empezado a trabajar en estas áreas.

Un vasito de agua en la aridez de esta 4T.

(La visita.- Es frustrante cuando uno constata que en los periódicos de EE.UU. la visita del “amigou” mexicano de Trump no merece mas que breves reseñas en una que otra columna política, sin darle ninguna importancia y nosotros aquí, agarrados del chongo y de la trenza por la pertinencia o no de que se reúna nuestro presidente con áquel y del papelazo que sigue haciendo AMLO. Me recuerda aquel imprecatorio poema del Dr. Desiderio Macías Silva: “Trágate tu palabra”. )

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