Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Érase una vez un actor adorado por el público, aclamado con frecuencia por la crítica y apapachado por la voluptuosa taquilla que sus cintas recaudaban cada vez que éstas arribaban a cartelera. Mas un día su estrella comenzó a extinguirse cuando su presencia en pantalla inició un proceso de empacho a los golosos ojos de sus fans conforme sus trabajos reflejaban cierta desesperación por mantener vigencia, desestimando el fondo y forma de sus cintas y probablemente durmiendo un poco en sus laureles. Su rostro que antes engalanaba portadas de publicaciones prestigiosas ahora se empleaba para memes y como un ejemplo de la faz que toma una carrera mal encauzada a fuerza de películas clonadas de dudosa calidad y un gusto por la gesticulación aparatosa. Pero ahora con “El Peso del Talento” el archiconocido histrión -para bien o para mal-Nicolas Cage se cobija en la manta del “Metacine” para buscar de nuevo el favor de una audiencia que siempre le perdonará cualquier pecadillo cinematográfico al considerar sus logros previos (que son muchos, la verdad sea dicha) y no buscar precisamente una redención o regreso oficial, pues como él mismo lo dice en la película, “Jamás me fui”.

El título en inglés –“El Insoportable Peso del Talento Masivo”- es una jocosa ironía que por supuesto hace referencia al punto con que se consideraba histriónicamente a Cage en algún momento después de obtener el Óscar por “Adiós a Las Vegas” en 1996 en contrapunto a donde ese talento se encuentra actualmente con producciones basura y de ínfimos presupuestos salvo algunos proyectos independientes como “Mandy” (Cosmatos, E.U., 2018) o “Pig” (Sarnoski, E.U., 2021), joyitas que probaban cuán potente era su nivel actoral aún en el marasmo de sus proyectos alimenticios. Pero también es una cinta hecha por fans para fans sobre fans de Nicolas Cage, y lo que pudo desbarrancar en una serie de calistenias narcisistas (que igual algo hay de eso) termina por consolidar una trama y manejo de su narrativa estándar pero divertida sobre las ironías y desparpajos profesionales y personales de éste indudable mito de la cultura pop. Cage viene interpretando una versión ficticia de sí mismo pero con el peso histórico de su carrera real (durante la película se nos obsequia con infinidad de referencias a sus roles tanto icónicos como menores), incluyendo sus actuales traspiés que ni su fiel agente (Neil Patrick Harris) puede resolver. El colmo se da cuando Cage se empeña en participar en la más reciente producción de Quentin Tarantino sólo para verse despechado, así que decide aceptar la oferta de un ricachón español llamado Javi (Pedro Pascal) de hacer una aparición en su fiesta de cumpleaños, pues se declara un admirador impenitente del actor. Lo que él no sabe pero unos agentes de la CIA le informan es que se trata de un poderoso narcotraficante que ha secuestrado a la hija de un candidato presidencial, por lo que es reclutado para localizarla y reportar su paradero. El problema es que Javi es todo un pan, se gana con facilidad a Cage con su carisma y genuina devoción al histrión y eso siembra la duda en Cage sobre si es culpable o no. Al final todo se dará de la forma como el mismo Nicolas Cage y Hollywood entienden: con persecuciones, golpes y balazos en la tónica del “buddy movie”.

Lejos de realizar una parodia que desacralice u observe microscópicamente los altibajos profesionales de Cage como lo hiciera en su momento Jean-Claude Van Damme en su potente filme “JCVD” (2008), el director Tom Gormican (gran aficionado a las películas de Cage, según él mismo) simplemente traza un rumbo unidireccional en términos narrativos donde la anécdota será el punto de arranque para poner al frente y en bis cómica la vida y carrera del actor, considerando su gusto por el cine fino (hay una graciosa diatriba sobre el valor de “El Gabinete del Dr. Caligari” de labios del protagonista de “La Roca”) y la estampa que él mismo se ha forjado en forma de una versión joven de él (interpretado también por Cage) de nombre “Nicky”, el cual cuestiona cada paso que su contraparte adulta da. Los momentos con su ex esposa e hija adolescente son accesorios cuando la dinámica entre Cage y Pascal despega, pues esto es el punto fuerte del filme ya que su química enaltece una trama basada en fórmulas previas (tal vez con un propósito irónico, pero sería darle mucho crédito creo yo a las argucias guionísticas de Gormican y su compadre Kevin Etten) pero que terminamos obviando ante la franca y muy divertida dupla que forman. “El Peso del Talento” deja claro que Nicolas Cage siempre lo tuvo, que el estancamiento en cuanto a popularidad sólo fue un proceso de malas decisiones y que incluso un filme que lo celebra y coloca en pedestal como éste logra funcionar cuando hace lo que mejor sabe hacer pero nos lo negaba con frecuencia: actuar.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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