Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarias.

A lo largo del territorio nacional las manifestaciones se han hecho presentes. No hay Estado en toda la República Mexicana, en el cual no se hayan presentado marchas en muestra de solidaridad, indignación y luto por los terribles acontecimientos de Iguala; sin embargo, parece que hay un sector de revoltosos que tras una capucha de pésame y luto se aprovechan de manera artera para llevar a cabo saqueos, robos, destrozos, bloqueos y demás actos vandálicos afectando a la mayoría de los ciudadanos pacíficos, claro, esto en complicidad (por omisión) con nuestras autoridades.

Como lo comenté la semana pasada en esta columna, los mexicanos no podemos ni debemos ser indiferentes ante la tragedia, por el contrario, hoy más que nunca debemos ser solidarios y exigir de nuestras autoridades resultados. Debemos actuar como ciudadanos responsables, manifestando nuestras exigencias de forma pacífica y por las vías adecuadas, y no por el contrario como una sarta de trogloditas catárticos deseosos de violencia, o bien como una pandilla de delincuentes que solo buscan disfrazarse de ciudadanos indignados para saquear establecimientos.

Tal pareciera que estas minorías violentas que se ocultan tras capuchas y tratan de mezclarse con aquellos ciudadanos pacíficos, que en uso de su derecho humano para manifestarse libremente salen a las calles a exigirle a sus gobernantes resultados, han acobardado a los gobiernos, puesto que se les ha permitido libremente realizar incendios, saquear establecimientos, destruir oficinas públicas, llevar a cabo bloqueos y un sinnúmero de actos perniciosos en perjuicio de población. El temor por parte de las autoridades parece ser tan grande que todo acto de violencia si se realiza durante una manifestación, pasa desapercibido.

Es un deber de nuestras autoridades garantizar el pleno ejercicio de nuestros derechos, así como garantizar nuestra seguridad; es por ello que resulta lamentable que hoy, por el temor a una minoría de delincuentes que se esconden bajo la sombra de la tragedia, se permita que se cometan ilícitos y no se actúe en consecuencia, dejando en un total estado de indefensión a muchos ciudadanos. Pareciera que las autoridades son incapaces de distinguir entre represión, y el uso legítimo de la fuerza pública para combatir ilícitos, y evitar se sufra un menoscabo en los derechos de la mayoría.

Por otro lado, aplaudo a todos aquellos que han salido a las calles de forma pacífica, reprochando a los malos gobiernos su pésimo actuar, manifestando solidaridad con las víctimas de la Escuela Normal de Ayotzinapa, y que dentro de sus manifestaciones han condenado y excluido a todos aquellos grupos violentos que solo buscan aprovecharse de la situación para robar y obtener un beneficio personal o bien como una forma de catarsis para sus frustraciones.

Los ciudadanos, pero sobre todo nuestras autoridades, no debemos olvidar que en un estado democrático el respeto a la libertad de expresión y la libre manifestación de las ideas, son un elemento fundamental. Los gobiernos deben velar por garantizar el más amplio goce de este derecho humano, sin olvidar que el pleno ejercicio de este derecho no es una carta abierta para delinquir y permitir que vándalos pisoteen los derechos de todos aquellos ciudadanos pacíficos.

Como es costumbre, les agradezco el valor de su lectura, y los espero una vez más la próxima semana.