Hace unos días, el Presidente Andrés Manuel López Obrador decidió emprender una nueva embestida en contra de los abogados; específicamente, frente a todos aquellos que representan a empresas extranjeras o, que, en su caso, hacen valer el Estado de Derecho frente a sus ocurrencias a través de medios de control jurisdiccional.

En palabras del Ejecutivo, me permito puntualizar lo manifestado en su mañanera: “una vergüenza que abogados mexicanos estén de empleados de empresas extranjeras que quieren seguir saqueando a México. Claro que son libres pues, pero ojalá y vayan internalizando que eso es traición a la patria”.

A través de estas líneas; me permito primeramente, salir en defensa de mi gremio que no ha sido atacado sólo en esta ocasión y bajo estas circunstancias, sino a lo largo de la presidencia de Obrador. Aunado a ello, también manifiesto mis ideas para hacerle saber al Ejecutivo y a sus simpatizantes, que los abogados somos quienes hemos detenido diariamente, de manera directa e indirecta, que sus ocurrencias tengan consecuencias aún más catastróficas para el país.

Sepa usted, señor Presidente, que todos aquellos valientes amparos interpuestos en contra de sus absurdas decisiones son hoy, un motivo de esperanza. Sepa usted, señor Presidente, que en este país aún se privilegia la justicia antes que el poder político y que a través de estos despachos de litigio estratégico se ha logrado combatir la gran corrupción que existe en esta Cuarta Transformación y de la que usted ha querido pretender desconocer.

Enfrentar una lucha en contra de civilistas, constitucionalistas, fiscalistas, penalistas y muchos otros tipos de abogados, representa la afronta más ilógica de su gobierno. Ningún abogado egresado de cualquier institución debería de ser puesto en tela de juicio por “traición a la patria” si cuenta con las bases y los conocimientos mínimos indispensables de deontología jurídica.

La verdadera traición a la patria va mucho más allá de lo que un código penal pueda tipificar y que expresamente aboca al apoyo de gobiernos extranjeros; la traición a nuestro propio país se realiza día a día por cientos o miles de servidores públicos que sin la capacidad y mucho menos la experiencia, hoy ocupan lugares dentro de la administración pública federal. La verdadera traición, estriba en intentar controlar el poder de una manera absolutista y dar cada vez menor cabida al Estado de Derecho o a las propias instituciones que habían permitido hasta cierto punto algún progreso en nuestro país.

Hoy, expongo mi solidaridad frente al gremio jurídico, exhortando a todos los abogados y estudiantes de derecho a continuar luchando por el respeto a la ley, el fortalecimiento de las instituciones y más importante, a seguir buscando el libre ejercicio de nuestra profesión.

Agradezco el favor de su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

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