Gerardo Muñoz Rodríguez

En días recientes, observamos cómo la calificadora Moody´s redujo un peldaño la calificación crediticia de la poderosa nación asiática de China. La agencia argumenta que la baja fue ocasionada por sus altos niveles de deuda, acompañado de una desaceleración de su crecimiento económico. El ministro de finanzas, evidencia que se utilizaron métodos inapropiados en el análisis de riegos del gigante asiático.Ante este suceso, se genera la pregunta de ¿Qué tanto poder económico tienen estas agencias calificadoras?, ¿Qué tan acertados son sus mecanismos de evaluación? Indaguemos al respecto.

Las tres calificadoras estadounidenses, Standard &Poor´s, Moody´s y Fitch Ratings, tienen un control monopólico sobre la calificación de riesgos de países, fondos de inversión y demás instrumentos financieros. El rol que ellas toman en sus evaluaciones, resulta fundamental para la toma de decisiones a las cuales están sujetos los accionistas, ya que en base a estas, se contribuye a mitigar una parte importante de los posibles costos a los cuales estarían inmersos en cada una de sus inversiones potenciales. Los accionistas de estas agencias, son prácticamente los mismos, lo que pone en tela de juicio y puede tergiversas la autenticidad de su comportamiento.

A lo largo de la historia, se ha observado cómo estas agencias cometen graves fallas en la aplicación de su metodología y que ésta tiene importantes afectaciones en la economía mundial. Basta con revisar el papel de éstas en la última crisis hace ya casi diez años, en las cuales asignaron calificaciones elevados a los instrumentos hipotecarios, los cuales carecían de veracidad y el desplome de los mismos ocasionó que el mundo entero tuviera fuertes repercusiones financieras.El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una demanda contra Standard &Poor´s, sobre su complicidad en la citada crisis. El gobierno norteamericano, argumentaba la culpabilidad de que no fueron actualizados sus criterios de evaluación y calificación entre los años 2004 y 2007. Esto no hizo beneficio de su modelo de negocio que consistía en que quienes compraban las calificaciones (bancos de inversión y emisores) solían elegir las que daban mayor puntuación, lo cual hubiera sido imposible si hubieran actualizado sus estándares de medición.

Los errores cometidos por estas compañías no resultan inocentes, ya que sus calificaciones generan comportamientos de parte de los inversores que causan grandes fluctuaciones en los precios de los activos, así como condicionan la dinámica macroeconómica de muchos países pequeños, que resultan víctimas de ataques especulativos.

Podemos concluir que las calificadoras financieras, a pesar de esa gran importancia que tienen en el mercado mundial, dejan en evidencia graves fallas metodológicas, así como también importantes conflictos de intereses y grandes anomalías en el sistema encargado de regularla. Su análisis puramente financiero y su sistema rígido de evaluación, basado en modelos neoclásicos, han fracasado en muchas ocasiones como la misma historia y evidencia empírica lo demuestra. La regulación de estas debe comenzar por buscar un órgano que evite que se presente el conflicto de intereses entre los agentes que contratan a las calificadoras o fundamentar las opiniones que están realizan.

Twitter: @GmrMunoz