Gerardo Muñoz Rodríguez

Hace algunos días, el actuario Juan Pablo Castañón Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, anuncio una inversión de 3.5 billones de pesos que realizará la Iniciativa Privada durante el 2017. Dicho monto se ejecutara a través del plan “Acción México”, el cual tiene un horizonte de 10 años. El principal objetivo de dicho plan, es poder desarrollar en el país, una fuerte generación de riqueza, así como lograr atraer una mayor inversión. Todo esto con la finalidad de lograr una mayor creación de fuentes de trabajo y con esto dinamizar la economía del país.

El sector privado juega un rol sumamente importante en el desarrollo de la economía de mercado, esto ya que representa la mayor fuente de empleos y de inversión dentro de la misma. En México, según datos del INEGI, el sector empresarial representa el 84 por ciento de la actividad económica que se produce y de la cual la mayoría de las empresas están constituidas como micro, pequeñas y medianas. Estas representan alrededor del 72 por ciento de los empleos formales dentro del país y generan el 52% del PIB.

Sin embargo, en nuestro país, esta fuerte concentración económica en el sector no ha podido fungir como el motor de crecimiento económico que se requiere para afrontar todas las adversidades a las que estamos expuestos. La falta de competitividad dentro del país, aunado a un marco regulatorio débil e ineficiente proporcionado por el Gobierno, frenan el potencial de crecimiento al cual pudiéramos estar sujetos. Indaguemos un poco sobre estas dos variables.

Dentro del marco del Foro Económico Mundial, fue presentado el Índice Global de Competitividad, en donde se situó a México en el lugar 51 de 140 naciones evaluadas. Éste ranking mide cómo utiliza un país los recursos de que dispone y su capacidad para proveer a sus habitantes de un alto nivel de prosperidad. Nos encontramos en el nivel más competitivo de la última década, aunque esto no significa que sean los niveles que el país obliga.

La necesidad de instaurar un mercado competitivo, donde la Iniciativa Privada pueda ciertamente estar bajo un esquema puro de competencia, donde la oferta y la demanda de los diferentes productos y servicios que se consumen sean realmente fijados por su calidad y precio, es cada vez más urgente. Países con los que México compite directamente en términos económicos y comerciales están avanzando a un ritmo más constante, como el caso de Chile o Panamá. México debe redoblar esfuerzos en lo pertinente en cuestiones de salud y educación que permitan niveles más altos de competitividad económica.

Por otro lado, el papel del gobierno en el desarrollo empresarial es fundamental. Esto ya que es el, quien debe establecer bajo qué lineamientos va a operar todo el sector privado. Estos deben asegurar la existencia de mercados competitivos y ofrecer un marco normativo adecuado y eficiente. Según datos del Doing Business 2016, muestran que para apertura de un negocio en nuestro país, registro de propiedad, pago de impuestos representa un proceso costoso e ineficiente. El reporte nos ubica en la posición 38, por detrás de países como Armenia y Marruecos. Deben impulsarse las reformas en materia de competencia, aprobadas en el año 2014, mediante las cuales se pretenden abatir los altos índices de concentración que existen en el transporte terrestre, aerolíneas, construcción y el sistema bancario. Los resultados de esta reforma aun no son plausibles.

De igual forma, es de vital importancia que el sector privado asuma una actitud de responsabilidad social, un compromiso con proyectos de protección ambiental, ya que esto será lo único que asegurará que alcancemos un trayecto de crecimiento económico elevado y sostenible.

Sin lugar a dudas, este tipo de noticias de inversión dentro del país, que típicamente son enunciadas a principio de cada año, generan una gran confianza dentro de los mercados. Sin embargo, los avances no son del todo alentadores ni suficientes. La Comisión Federal de Competencia Económica, enuncia que la tasa de acumulación de capital ha caído considerablemente desde 1982 hasta el año pasado, con un promedio de cuatro por ciento anual (2.2% de 2015 a 2016).

La comprobación y veracidad de dichas inversiones a las que se compromete la Iniciativa Privada, en muchas ocasiones quedan en el aire y no necesariamente se demuestran en la economía nacional, esto a pesar de que la noticia es anunciada con bombos y platillos en todos los medios de comunicación.

 

Twitter: @GmrMunoz