Como abogado, no podía dejar de comentar el tema de la renuncia presentada por el ahora exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Fernando Zaldívar Lelo de Larrea. En primera instancia, dado que, de ser un ministro respetado por la comunidad jurídica, pasó en los últimos cinco años a tener un cambio de criterios inexplicable.

Dogmáticamente y sin la intención de aburrir con tecnicismos jurídicos o filosóficos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación representa la cúspide del Poder Judicial en un país donde teóricamente existe una división de poderes. Si bien es cierto el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo en su mayoría han trabajado conjuntamente por provenir de partidos políticos y tener margen de negociación, el Poder Judicial (de por lo menos los últimos treinta años) se había caracterizado por ser genuinamente independiente de los otros dos poderes.

Históricamente, los perfiles que han llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación han sido propuestos en una terna por el Ejecutivo y seleccionados por el Senado de la República para ejercer el cargo máximo de nuestro tribunal constitucional por un plazo de quince años. Lo anterior, pone en evidencia que dicho mecanismo de selección puede tener algunos tintes políticos o de afinidad con el Poder Ejecutivo y/o el propio Legislativo; sin embargo, la experiencia había dictado que los ministros ejercían el cargo honradamente y prácticamente alejados de cualquier afinidad política o compromiso.

El diseño del mecanismo de selección de ministros que se encuentra consignado en nuestra Constitución permitía a quienes han ejercido el honroso cargo de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, nombrar entre 2 o 3 ministros durante su sexenio. De manera tal, que se entendía la pluralidad de ideas y la presencia de ministros con perfiles jurídicos diversos provenientes de: la academia, de la estructura jurisdiccional y/o reconocidos por ser brillantes abogados consultores o litigantes.

Menciono todo lo anterior, ya que quizá poco se ha reflexionado en relación a lo que sucederá tras la renuncia del exministro Zaldívar. Es decir, preocupantemente el Presidente Andrés Manuel López Obrador elegirá en su mandato a CINCO ministros, lo que representa casi la mitad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Me atrevo a considerar esto como un hecho preocupante, ya que descaradamente el Presidente ha presentado ya a la terna de la cual saldrá quien ocupará el lugar vacante y los perfiles propuestos son provenientes de las huestes morenistas: Bertha María Alcalde Luján, Lenia Batres Guadarrama y María Estela Ríos González.

El papel de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es fundamental para hacer valer un Estado de Derecho y en el mismo orden de importancia, también para la defensa del patrimonio, la democracia, la libertad y diversos derechos fundamentales. Debemos de verdaderamente reflexionar y preocuparnos sobre los perfiles en los que recaerá esta responsabilidad, ya que queramos o no, el futuro de nuestro país y de las máximas decisiones, estará en manos de estas personas.

En las próximas entregas, estaré comentando sobre la trayectoria y perfil de las juristas seleccionadas, así como del proceso que se llevará de conformidad con lo señalado en el Artículo 96 de nuestra Carta Magna. Agradezco el favor de su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

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