Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Conocida formalmente como la Naval Support Facility Thurmont, Camp David es la residencia campestre del presidente de los EE.UU. Ubicada en el parque Catoctin Mountain Park en el condado de Frederick, Maryland, Camp David le ha ofrecido a cada presidente estadounidense desde Franklin D. Roosevelt, una oportunidad para disfrutar de la soledad y la tranquilidad, así como un lugar ideal para trabajar y recibir a líderes extranjeros).

La Noche de Camp David es una novela de ambientación política de Fletcher Knebel, se publicó en 1984 y reafirmó el sitio del novelista como conocedor del ambiente y las tramas en torno a la presidencia de EE.UU. La trama es relativamente sencilla, la novela contemporánea de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb  de Peter George publicada en 1964. De esta segunda, Stanley Kubrick hizo una obra maestra con su película que en español se llamó Dr. Insólito, etc., con las actuaciones extraordinarias de dos señorones del cine: George C. Scott y Peter Sellers, que interpretó ocho personajes. En Dr. el tema era la tensión de la guerra fría y la imposibilidad de controlar todas las circunstancias que podrían desembocar en la destrucción de la humanidad. El jefe de una base área enloquece y empieza a actuar como si se hubiera disparado la alarma nuclear. Corta todas las comunicaciones, cambia las claves, pone en pie de guerra su base y ordena despegar los aviones con carga nuclear.

En la Noche de Camp David la trama también tiene que ver con la locura. Durante un fin de semana en la sobremesa el vicepresidente empieza a sospechar de la cordura del presidente. Si bien el gobierno americano, y en general todos los gobiernos no dictatoriales, puede funcionar con el soporte de una burocracia entrenada y capacitada que lleva el día a día de la administración, el vicepresidente se da cuenta de que las presiones han hecho que la salud mental del presidente haya entrado en crisis. Sus comentarios incongruentes, sus opiniones contradictorias, sus pretensiones de acciones más allá de toda cordura, su delirio de persecución combinado con un delirio de grandeza han hecho que esté fuera de sus casillas, lo que, obviamente, pone en riesgo no sólo el gobierno y la estabilidad de los EE.UU., sino incluso la paz y el orden mundial.

Pero una cosa es tener la certidumbre por el contacto personal y la plática en confianza, y otra muy diferente es poder llevar a cabo alguna medida que reste poder o al menos controle los posibles exabruptos presidenciales. Los que sufren delirio suelen tener un comportamiento aparentemente normal, se relacionan sin dificultad, opinan en muchos campos con sensatez y atingencia hasta que se toca él o los temas que disparan la conducta patológica. De manera que formular una acusación al presidente, sobre todo una acusación de difícil probanza colocaría en riesgo al vicepresidente y quizás detonarían acciones impredecibles y de imposible o muy difícil reparación.

El vicepresidente considera que no sería complicado que luego de una serie de estudios especializados se pudiera establecer el diagnóstico de la dolencia mental. La cuestión es ¿cómo dar inicio? ¿A quién acudir? En términos de legalidad, ante la eventual incapacidad temporal o definitiva del presidente, él como vicepresidente asumiría la titularidad del poder ejecutivo. Esto lejos de favorecer complica la situación. Grupos leales al presidente podrían ver una tentativa de golpe de estado en los intentos de someter a exámenes siquiátricos al presidente. Por otra parte, éste, como comandante máximo del ejército tiene el mando supremo, ante una orden presidencial los órganos militares tendrían que someterse. El Congreso dividido por el bipartidismo tradicional  y por su estructura bicameral constituiría la peor opción, la multitud de intereses, la pluralidad de opiniones y la gravedad misma de la acusación, encenderían focos rojos de alerta y difícilmente podría obtenerse el resultado buscado de suspender el ejercicio presidencial para someterlo a exámenes. El problema, si bien no insoluble, muestra cómo incluso un país en que existen tantos controles y mecanismos de prevención, ante la presencia de una alteración mental del jefe del ejecutivo estaría en riesgo total.

Me gustaría platicarles el final pero no lo recuerdo. Quizás de mi lectura quedó más la imagen del riesgo de los países en que se deposita en una sola persona la jefatura de gobierno y la jefatura de jefe de estado, que la resolución de la novela. En los reinos y en los gobiernos parlamentarios el jefe de estado es diferente del jefe de gobierno y en caso de la incapacidad de aquél, el gobierno no debería entorpecerse y, en el caso contrario, ante la incapacidad del jefe de gobierno, el jefe de estado puede maniobrar para desactivar a jefe de gobierno y convocar a nuevas elecciones.

Lejos estoy de pensar que algo así pudiera pasar en nuestro país, si estoy al tanto de que los adversarios de la 4T son capaces y lo han sido ya, de cuestionar la razonabilidad de muchas de las decisiones presidenciales. Es cierto también que los bandazos y contradicciones han sido constantes en la verborrea presidencial, no tanto en la ejecución que, por comprensibles razones, no funciona a la misma velocidad que las declaraciones. Muchas han sido inverosímiles, tales como la vacunación de más de tres millones de personas en un sólo día para alcanzar (supuestamente) la meta ofrecida por el presidente, otro ejemplo claro es la terminación del huachicol cuando acaba de ocurrir un terrible accidente en Puebla debido a las tomas clandestinas, la política exterior soportada en peticiones epatantes que son objeto de burla de sus destinatarios en tanto aquí se pregonan como mandatos para la comunidad internacional, la desaparición de la violencia ha sido también una cadena interminable de mentiras y así por el estilo en casi todos los temas.

Una de las más recientes retahílas de López Obrador ha preocupado grandemente. Considerar movimientos reivindicatorios, algunos de los cuales datan de siglos, como parte de una política del neoliberalismo. Derechos humanos, feminismo, discriminación, movimiento LGTBI, etc., son todos productos de un “compló”.

¿Y si el presidente estuviese mal de la cabeza…?

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