En su colaboración más reciente en Babelia, en el suplemento cultural del periódico El País, el escritor Antonio Muñoz Molina dice lo siguiente: “La ventaja de ir adquiriendo una cierta perspectiva temporal –de ir haciéndose viejo, en otras palabras– es que uno ha asistido ya unas cuantas veces a ciclos de predicción autorizada y consiguiente incumplimiento, de promesas más o menos utópicas y resultados desastrosos”.

Pareciese que el escritor se refiere a lo que estamos viviendo estos días en Aguascalientes de cara al fin de las campañas electorales para la elección de quien habrá de ser la primera gobernadora en la historia política de este pequeño estado de la República Mexicana. Aunque hemos sacado la frase de su contexto original, su significado se ajusta perfectamente a la elección de la nueva titular del poder ejecutivo estatal (o de cualquier elección similar del pasado y, seguramente, del próximo futuro).

Antonio Muñoz Molina y el que escribe somos, sin ser parientes, casi de la misma edad (él 66 y yo 61), peinamos canas (yo cada vez menos) y, como en otras cosas y con otras personas, compartimos puntos de vista. En este tema, la coincidencia es absoluta: hemos sido testigos de situaciones similares y poco podemos esperar que lo que venga difiera significativamente de lo ya visto y vivido.

¿Pesimismo de viejos? No lo niego. Ya alguien dijo que un pesimista no es más que un optimista bien informado. Y en estar bien informados, o a lo menos mal posible (cosa nada fácil en estos tiempos), nos empeñamos todos los días.

No podemos abrigar grandes esperanzas cuando observamos que no cambia la forma de entender la política: se pronuncian las mismas palabras, se prometen todo tipo de ocurrencias, se toman fotos abrazando y besando ancianitas, se jura desfacer todos los entuertos, se acude a los mismos sabiondos de siempre en busca de la luz que nunca han tenido y se soslayan los medios que se emplearán para hacer realidad todo lo que se ofrece. Insistir el emplear las mismas estrategias fallidas del pasado es la mejor fórmula para reeditar el fracaso. La única continuidad que deberíamos aceptar es la de los aciertos, no la de los errores, pero nos siguen encandilando con el pensamiento mágico y la falacia de la llegada inminente al poder (ahora sí) de líderes providenciales.

No sentimos como lo describe Fernando Savater en Política para Amador: “El ciudadano se encuentra como flotando en un tópico mar de dudas, sin puntos fijos de referencia, teniendo que elegir personalmente sus valores, sometido al esfuerzo de examinar por sí mismo lo que hay que hacer, sin que la tradición, los dioses o la sabiduría de los jefes pueda aliviarle demasiado su tarea”.

En resumen, según el filósofo: “Vivir en una sociedad libre y democrática es algo muy, pero muy complicado”.

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