En diciembre de 2016, al comenzar la administración en el Instituto Cultural de Aguascalientes, con Claudia Santa-Ana como su directora, recibí la invitación para hacerme cargo del Museo Espacio. Llegué un 10 de enero de 2017 a este recinto que apenas cumpliría un año de su creación, inaugurado el 29 de enero de 2016 en el Complejo Ferrocarrilero Tres Centurias, ubicado en los antiguos talleres de ferrocarril. Se remodelaron dos edificios, el 53 y el 56, que funcionaban como talleres de carpintería mecánica. El edificio cuenta con 5,800 m2 en su totalidad y 3,625 m2 en espacios expositivos. Fue concebido para albergar expresiones del arte contemporáneo y su principal objetivo es acercar al público a las diversas expresiones de vanguardia mediante exposiciones, proyectos artísticos, seminarios, conferencias y actividades que permitan un mejor vínculo con el arte a través de la interacción.

En mi gestión, este espacio majestuoso e impresionante por sus dimensiones ha sido testigo de exposiciones de artistas nacionales e internacionales. La primera que gestioné se inauguró en junio de 2018, «Azul de Prusia», del artista mexicano Yishai Jusidman, muestra curada por Cuauhtémoc Medina. Obra pictórica impresionante cuya temática ahonda en la memoria visual del Holocausto y los límites de su representación. Jusidman pinta escenas de los campos de concentración y las cámaras de gas, las resignifica al virarlas al color azul, que resulta químicamente idéntico a las manchas azules que aparecían en las paredes de las cámaras de gas derivadas del veneno usado por los nazis, el Zyklon B.

Para noviembre de 2018, continuamos con la exposición colectiva «Akaso», colección de Sergio Autrey, integrada por 26 pinturas monumentales de 26 artistas, 3 documentales y 16 interpretaciones libres en video. La mayoría mexicanos y nacidos en la década de los 50, catorce de ellos ganaron el Encuentro Nacional de Arte Joven Aguascalientes, entre ellos, los Castro Leñero, Luciano Spano, Magali Lara, Roberto Parodi, Gustavo Monroy, Luis Argudín e Irma Palacios, por mencionar algunos.

En julio de 2018 se inaugura la exposición «Claroscuro» de Javier Marín, integrada por las Cabezas Colosales en bronce en la explanada del museo y en el interior todo el recinto con piezas en diversos materiales y varias de gran formato. Fue una exposición que creó una gran expectativa en la comunidad hidrocálida. Es un recorrido por 30 años de la carrera artística del michoacano, que va desde su etapa de escultor con sus primeras obras en terracota, pasando por sus esculturas de bronce y resinas, hasta una etapa más reciente donde se ha interesado por la pintura, disciplina con la que comenzó, además de producciones inéditas realizadas para esta exposición.

Para abril de 2019 se inaugura «Reverberaciones. Arte y sonido en las colecciones del MUAC», el propósito fue demostrar la importancia del sonido en las prácticas artísticas contemporáneas. Reunió el trabajo de 32 artistas sonoros mediante la selección de más de 60 piezas que advierten el creciente interés en el sonido como elemento central que contribuye a la reflexión del arte contemporáneo a partir de los años sesenta del siglo pasado. La sonoridad percibida en la sala de la exposición emana de esculturas, monitores y proyecciones que ponen de manifiesto diversas estrategias de aproximación al sonido y a su ausencia.

Para finalizar el 2019 se presentó una exposición curada por Eduardo Mier y Terán, «Anillos Concéntricos», de siete artistas: Aron Demetz, de Italia; Kiyoto Ota, de Japón; Pablo Boneu, de Argentina; Héctor Velázquez, Marcela Díaz, Lourdes Moreno y Javier Marín de México. Se integró por 50 piezas de gran formato en su mayoría, obras que dialogan sobre los procesos artesanales y primigenios y el arte contemporáneo. El proceso artesanal visto como el principio de la civilización que juega un papel importante en el arte, que más allá de usar su técnica, usa sus recursos para denotar alguna idea o sentimiento. Estábamos con un ánimo renovado al comenzar el 2020 con una nueva exposición, cuando a nivel mundial llegó la pandemia y el mundo paró su marcha, el museo cerró en marzo y las obras se quedaron sin espectadores, hasta finalizar el año abrió con todos los protocolos sanitarios, pero aún todos, con el miedo de la gran tragedia.

Llega septiembre del 2021 y toca el turno a un joven artista mexicano, Ismael Rodríguez. Trabajó por varios años en su proyecto exclusivo para el recinto y fue un gran reto para él y para el propio museo producir por primera ocasión una exposición para Museo Espacio. «La imagen puede contener» desmonta la realidad construida por los medios y enfrenta al espectador con su entorno, las representaciones, los efectos de las mismas y las implicaciones de estar en un mundo real o ficticio. En la tendencia de la virtualidad, un andar es síntoma simulado, perdido entre lo verdadero y lo falso. La actualidad se nos da hecha, producida e interpretada por dispositivos ficticios y artificiales.

Concluí mi gestión en Museo Espacio en diciembre de 2022 con dos excelentes exposiciones simultáneas inauguradas el 28 de julio, «Multitud en renta» de Yoshua Okón de México y Juan Obando de Colombia, muestra producida para el espacio. Los autores ponen en evidencia la facilidad con que se puede mentir a través de las imágenes, pero, sobre todo, el peligro de creer en todo lo que se observa. La creación de esta muestra se enfoca en cómo nuestra percepción del mundo se puede manipular con facilidad, con diversos propósitos, ya sean políticos o económicos. En EUA existe toda una industria que se dedica a crear manifestaciones falsas con actores, que se hacen pasar por reales, para manipular la percepción de la realidad.

La segunda de la española Ana Casas, «Kinderwunsch», término alemán que hace referencia al deseo de tener hijos, de lograr un embarazo. Casas recorre intensamente ámbitos como la familia y la memoria. Aborda la maternidad como una experiencia llena de contradicciones a través de una profunda exploración. Esta exposición fue el resultado de un proceso de búsqueda de la identidad, del cuestionamiento de nociones como la infancia, el cuerpo, el desnudo, la sensualidad, la infertilidad, el afecto y el papel de la mujer en el intenso proceso de la maternidad. La muestra utilizó diferentes formatos, lenguajes y soportes para articular un discurso a la vez visual y literario. El curador David García acompañó a la artista en todo el proceso creativo.

Dejé el Museo Espacio después de seis años y me retiré del Instituto Cultural de Aguascalientes con 32 años de trabajo intenso y apasionante. Dejo pendiente otro texto para hablar de las actividades paralelas a las exposiciones cuyo objetivo es formar nuevos públicos receptivos y críticos de la actividad artística y brindar elementos teóricos e históricos para la discusión y reflexión en torno a temas relacionados con las artes visuales y la pedagogía del arte, para el análisis y el debate, ya que es ahí donde la investigación, la teoría y la creación se reformulan y aprehenden.