Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Política y muralismo van muy unidos. Esto se debe al grupo de pintores con conciencia social que decidió hacer una revolución cultural. Diego Rivera decía que para ser muralista primero había que inscribirse en el Partido Comunista. Yo no fui miembro del partido, pero considero que sus ideales eran los más justos, dice Barra. La riqueza está mal repartida. Unos se llevan la del león y los otros están a medio morir.
El arte es una necesidad social. Con el arte nace toda la cultura, que empieza cuando el hombre primitivo hace su primera hacha de mano. Su desarrollo es muy lento. Para que el hombre llegara a hacer un hacha de mano bien hechecita pasó un millón de años. Simultáneamente a esto comienza a pintar sus primeros murales en los techos de sus cuevas.
Dentro de la plástica, el muralismo es una de las manifestaciones artísticas más antiguas. Conocemos pintura mural con una antigüedad de 30,000 años, como es el caso de las cuevas de Altamira, en España. Por lo que toca a América Latina la tradición muralista contemporánea no es muy importante, aunque sí se han hecho bastantes murales, en Chile, Argentina, Bolivia, y creo que en Perú.
En México, el muralismo está en crisis actualmente debido a que desapareció la coyuntura que lo provocó. Hoy en día, el Gobierno Federal ya casi no encarga murales. Los gobiernos de los estados sí, aunque con menos publicidad. Sin embargo, creo que en definitiva no puede considerarse al muralismo como algo cerrado, agotado. Contraria­mente a lo que piensan muchos, en el sentido de que la pintura mural está superada, yo considero que los tres grandes abrieron un camino a seguir, aunque actualmente este camino se ha llenado de maleza, ha sido abandonado. ¿Por qué? Porque han aparecido otras corrientes que yo consideraría como contrarrevolucionarias: una contra en la cultura general de México, que no sólo afecta al muralismo, sino también a la literatura y otras artes. En pintura se pretende hacer un arte sin idea, abstracto, que lo es en la medida en que no contiene un mensaje; una idea. En ese sentido es abstracta, pero desde luego que en el momento en que se lanzan líneas y color, ya no lo es tanto. De cualquier manera, no deja de ser una forma de arte contrarrevolucionaria que a mí no me llena. Hacerlo sería una forma de engañarme a mí mismo.
Cuando el muralismo recibió un impulso sin precedentes en México, recién terminó la lucha armada de la revolución, sus promotores impusieron el aprecio de un arte con con­tenido social y hubo una lucha para desplazarlos y apoderarse de Bellas Artes.
Actualmente es muy difícil que un pintor realista contemporáneo pueda entrar a Bellas Artes. Ya todo es un bloque de pintores abstractos. A mí me tocó ver cómo ellos llegaron y se apoderaron de Bellas Artes, que originalmente fue creado por los muralistas.
En cuanto al muralismo, recién estaba pensando en lo vivo que está todavía. En Aguascalientes hay ya varias galerías de arte, que por lo general están desiertas. Tienen concurrencia el día de la inauguración y después el público escasea. Sin embargo, aquí he podido observar, mientras pinto este nuevo mural, que constantemente vienen personas: campesinos, trabajadores, niños, aparte de los grupos que vienen a veces guiados por un maestro; personas a las que les es muy difícil ir a Artes Visuales. Entonces esto me hace pensar que la pintura mural continúa cumpliendo con la función para la que fue creada.
Yo le decía en alguna ocasión a Víctor Sandoval, a propósito de unos ataques que yo había recibido, le decía «lo que pasa es que su arte es un arte hecho a espaldas del pueblo», él me toma la palabra y dice «claro, nunca debe hacerse un arte a espaldas del pueblo», pero él es director de todo un organismo que está haciendo un arte a espaldas del pueblo, que no puede acceder a él y del que está completamente divorciado.
La crisis del muralismo no tiene nada que ver con los temas, que hay muchos, sino con el apoyo para producir pintura mural, que ya no es común. El realizar éste, por ejemplo, es una excepción, ya que poca gente con una visión estética encarga un mural para el palacio.
Temas hay muchos. Por ejemplo, la insolente invasión de que fue víctima Panamá por parte de los Estados Unidos. Evidentemente este es un tema para un mural. Desgraciadamente no tenemos la agilidad suficiente. Alguna vez hice un grabado que muchos consideraron ofensivo, muy agresivo, pero que no es nada comparado con lo que ocurrió en Panamá. El título era Suave Patria, tomado de los versos de Ramón López Velarde, y decía lo siguiente: «no permitas que las transnacionales arrasen tu suelo», y es que en América Latina estamos siendo arrasados, ya sea a través de las mercancías, de la banca, de los préstamos, y con lo de Panamá, por la vía militar. Ya ni siquiera con la complicidad de un dictador local, sino abiertamente, ya sin ningún disfraz; a tal extremo ha llegado la insolencia del vecino del norte. Utilizaron la cuestión del narcotráfico como pretexto pero se olvidan cuál fue el origen de su poderío económico, cómo obligaron a los chinos a consumir el opio. De aquí que lo que para ellos fue bueno en una época y les produjo mucha riqueza, ahora no se lo permiten a pequeños países y que, como en el caso de Bolivia, es el único aliciente que tiene el campesino. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

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