Noé García Gómez

Los paros por el aumento del sueldo

Como era de esperarse, después de que el movimiento no institucional ferrocarrilero votara sumarse a la lucha nacional encabezada por Demetrio Vallejo y que comenzaran a emerger líderes naturales como Ángel Venegas Ahumada, el oficialismo encabezado por Leobardo Quiroz de la dirección de la Sección II del STFRM inician una contra campaña acusándolos de agitadores y lanzando veladamente amansas de sanciones a los trabajadores que los siguieran.

La forma de comunicarse con otras secciones y líderes del país era a través de telegramas, así mismo los maquinistas traían volantes con propaganda política sindical que se generaban en distintas secciones del país, principalmente del Distrito Federal.

El 26 de junio a las 10 de la mañana se da el primer paro por dos horas, la estrategia era que cada día que pasara se iría aumentando el número de horas de paro. “el ruido cotidiano dejó de escucharse, las máquinas, las pistolas remachadoras, los hornos cesaron, el silencio se hizo total en los talleres como si estuvieran muertos. Pero dentro de los mismos el enjambre humano permanecía en sus puestos de trabajo con los brazos caídos” (Báez, 2003); asimismo, comisionados del movimiento recorrían las áreas para cerciorarse que el paro se estuviera ejecutando. Ese día fue clave, ya que al terminar se realizó una asamblea fuera de las instalaciones del STFRM, pero con la presencia de autoridades federales, “se encontraba presente el inspector federal del trabajo Juan Jesús Ruiz Pacheco, para dar fe de la asamblea y levantar el acta correspondiente” (Báez 2003). El principal acuerdo, el desconocimiento de la Sección II del Sindicato, pero la esperanza de los trabajadores de que el inspector federal diera fe, se transformó en enojo cuando declaró que la asamblea no era válida.

Al día siguiente nuevamente a las 10 horas, comenzó el nuevo paro de labores, sería por cuatro horas, comisiones del movimiento pasaban a las áreas a constatar que todos dejaran sus labores, si un día antes se estimó que aproximadamente un ochenta por ciento había parado, confiados y envalentonados se elevó el porcentaje, sólo los leales al oficialismo de los grupos 14 de Octubre e Hidalgo 96 siguieron con sus labores como podían. A las dos de la tarde reanudaron labores y a las tres que terminaron la jornada se reunieron frente a las oficinas del sindicato en la avenida Madero. “Éramos cerca de tres mil ferrocarrileros, entre los cuales sobresalía un grupo de al menos 200 jóvenes encabezados por Rubén Fuentes (“la Toña”) gritando consignas contra los “charros” de la Sección II” (Báez, 2003).

El día sábado 28, el paro sería de seis horas e implicaba que el siguiente turno que entraba a las quince horas también contribuyera; el 29 se dio por ocho horas y el 30 por diez horas. Finalmente, el 1 de julio a nivel federal se acuerda una “tregua” que los diarios registran en primera plana como: “La Normalidad Volvió ya a los Talleres: después de cinco días en que se estuvieron llevando a cabo paros escalonados… los trabajadores ferrocarrileros de Aguascalientes” (El Heraldo, 2 julio 1958).

Al siguiente día se da el aumento de 250 pesos mensuales a trabajadores y 100 a jubilados, rápidamente la Sección II publica en los diarios locales un desplegado de media plana tratando de adjudicarse el logro que en su primer párrafo dice: “Sistemáticamente fuimos objeto de duros ataques que se nos lanzaron en mítines públicos a través de la prensa local, según se ha dicho por nuestra actitud asumida ante el conflicto… en cuyos casos optamos por guardar la cordura y serenidad necesaria y el silencio que la razón aconseja”. En el último párrafo se lee “debemos declarar que no existe de nuestra parte, el propósito de sostenernos en puestos sindicales que desempeñamos” (El Heraldo, 6 de julio 1958). La estocada estaba dada, los vallejistas a nivel nacional logran el aumento, los vallejistas a nivel local tambalearon a los dirigentes sindicales locales.

El 12 de julio la primera plana de El Heraldo anunciaba: “Mañana Esperan a Quiroz y Sabrán si Renuncia el Ejecutivo de la Sec. 2” y la nota iniciaba con “hay inestabilidad en la mesa directiva…” (El Heraldo, 12 julio 1958) por lo que la disputa, que pasaba del aumento de salario a por el control sindical, apenas iniciaba y crecería en intensidad para el tranquilo estado de Aguascalientes, que dependía enormemente del ferrocarril y sus talleres.

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