Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

“Hay algo en la década de los 60’s que me habla”, dice el personaje principal, Eloise (Thomasin McKenzie), en un momento de la película, y esto parece aplicar también para el director Edgar Wright, un cineasta que se ha labrado una carrera que interesa por su puntual desarticulación de modelos narrativos del pasado para reconstituirlos en un idiolecto tan fresco y claro que lo colocan en un lugar elevado en cuanto estima para el cinéfilo contemporáneo, y para muestra están su referenciada y reverenciada “Trilogía Cornetto” (conformada por “El Desesperar de los Muertos”, “Hot Fuzz: Súper Policías” y “Una Noche en el Fin del Mundo”), elaborada a partir de un compendio razonable y bien estructurado de varios géneros clave en la conformación de la moderna cultura pop como el cine de horror, el policial, con mucha acción, y la ciencia ficción apocalíptica, pero en bis satírica (humorística). Con “El Misterio de Soho”, Wright confecciona su relato más maduro hasta el momento sin alejar su mirada al antaño, pues es la cultura de su país natal durante la revolución sexual, social y musical en la Gran Bretaña sesentera la que nutre este relato copioso en ideas y estilo que no flaquea a pesar de llevarnos por diversos corredores argumentales o sus evidentes deudas estilísticas y de fondo al Polanskide “Repulsión” o “El Inquilino” y al Nicolas Roeg de “Venecia Rojo Shocking”, en cuanto a exploración psicosexual y quiebre emocional frente a lo desconocido. Por su parte, McKenzie lleva exitosamente a cuestas el protagonismo de la cinta como Eloise, una joven con gran capacidad de asombro y aspiraciones de diseñadora que vive con su abuela y que comparte los sueños y aspiraciones de su madre ya difunta en recorrer mundo y sobresalir, lo que parece cumplirse al ser aceptada en una prestigiosa escuela de modas en Londres, mas su entusiasmo se apaga cuando descubre un mundo cínico, competitivo y más oscuro de lo que esperaba, por lo que decide mudarse a un viejo departamento en el Soho, cuya casera, la avejentada Sra. Collins (la fallecida Diana Riggs), sólo tiene una regla: no llevar hombres en la noche. Su estadía en ese lugar detona una situación muy peculiar, pues, al dormir, se transporta a su soñada década de los 60’s para vivir la vida de una aspirante a cantante llamada Sandie (Anya Taylor-Joy), una chica desafiante y decidida que comienza lo que parece una vida de fantasía cuando un hombre llamado Jack (Matt Smith) la convence de ser su mánager al momento que ella demuestra gran calidad vocal. Ambas mujeres comienzan un ascenso en paralelo en sus respectivas carreras y eras, sólo para sumergirse abruptamente en penumbras cuando Sandie es prostituida por Jack, comenzando un descenso psicológico que afecta a la misma Eloise en el presente al no lograr separar lo real del pasado, hasta llegar a un punto donde el homicidio y el peligro se imponen en su vida.

Wright domina el rumbo de la historia con bastante sobriedad sin eliminar su gusto por la plástica de los filmes que evidentemente lo influenciaron, bañando a la cinta en estruendosos neones rosados y azules fríos, conjurando una línea estética muy precisa que destaca los puntos psicológicos en que se encuentran las protagonistas durante ciertas escenas y que complementan muy en la tradición del giallola violencia in crescendo que va brotando de la historia hasta un clímax inesperado y sobrecogedor. La simbiosis en caracteres planteado por el desarrollo análogo de Eloise y Sandie es penetrante sin afectar la labor histriónica de las actrices que las encarnan, pues McKenzie logra germinar la personalidad de su papel al contrapuntear con su humanidad y sensibilidad los matices oscuros que posee Sandie, encarnada por una Anya Taylor-Joy vigorosa, quien, sin demasiados diálogos, aprovecha las musitadas expresiones corporales y oculares de su personaje para expresar mucho de lo que llega a sentir o padecer, modelando, a su vez, una de sus mejores actuaciones. La película tiene mucho que decir, y tanto la dinámica que emplea para explorar los tonos socioculturales de aquella época, mediante las dos protagonistas, como el empleo de varios personajes secundarios, que no siempre son lo que parecen, permite que su elocuente narrativa jamás se distorsione o flaquee, por lo que sería justo escribir que “El Misterio de Soho” no es tan solo uno de los mejores ejercicios de Wright en su carrera, también es uno de los thrillers más efectivos del año.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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