RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

Mucho se ha escuchado, mucho se ha leído, mucho se ha dicho sobre la situación del coronavirus y creo que más allá del tema principal que es el contagio, está el tema de la recesión económica y sus efectos en términos de bancarrota para las empresas así como el desempleo. La semana pasada la población tenía la esperanza de que el domingo íbamos a escuchar uno de los discursos más importantes del presidente López Obrador en su sexenio, pues se pensaba que ahí definiría que es lo que quería para el resto de su administración; se pensaba que había dos opciones: o el presidente se ponía desde un punto de vista realista y ofrecía todos los apoyos de parte de la política fiscal para apoyar a las pequeñas y medianas empresas para que no quebraran o aprovechaba la situación para radicalizarse, que fue lo que sucedió para desilusión de toda la nación.

Mucha gente ha dicho que hay a veces no se entiende al presidente, pero en este punto yo diría que hay que ver la historia política de López Obrador la cual es que cuando se siente debilitado o amenazado se radicaliza hacia la izquierda. En el año 2006 luego de la elección que perdió con Vicente Fox lo hizo muy claramente al perder por muy pocos votos. Se radicalizó, pero él prefiere quedarse con esa base social de izquierda que lo quiere, que lo respeta, para a partir de ahí tratar de recuperar terreno político. Creo que López Obrador, lo estamos viendo, ya se siente a la defensiva, lleva ya varias semanas haciéndolo, su discurso ha sido muy duro sobre todo contra los empresarios.

El día que comieron los empresarios con el presidente, la semana pasada, ellos le llevaban un plan que se podría implementar en el mes de abril, enseguida otro plan para mayo y también otro para junio. Los empresarios consideraban que la situación debería verse por periodos y por lo pronto ver las mejores acciones que pudieran tomar para los próximos tres meses. López Obrador aceptó que esto se fuera viendo no cada tres meses sino cada mes y que tuvieran un diálogo permanente para poder ir viendo que cosas se puede ir haciendo. Por lo pronto vieron que parecería que el mes de abril con las acciones que se han tomado de la banca privada con la manera en que los empresarios han reaccionado tratando de salvaguardar casi todas las compañías sin despedir personal, tratando de no afectar los salarios o negociando con los sindicatos vacaciones anticipadas o vacaciones pagadas, parecería ser que la lectura del mes de abril, sin decir que no hay problemas, está bastante bien o sea que se puede transitar todavía este mes.

Sin embargo quedaron con el presidente que a más tardar el 15 de abril volverían a reunirse. López Obrador le asignó a Alfonso Romo la tarea de ir evaluando a diario cuales son los niveles de recaudación y que está pasando en los diferentes sectores, así como qué problemas se están presentando y para el 15 de abril se volverá a evaluar si las cosas van bien y verán si se tienen que tomar acciones diferentes para mayo. López Obrador no aceptó el diferimiento de impuestos y les dijo a los empresarios que si aceptaba otras cosas que él iba a anunciar el domingo pasado y les pidió que él tuviera la primicia de anunciarlas. Sin embargo el mensaje del domingo pasado causó desilusión y enojo entre la iniciativa privada pues no hubo apoyos reales y efectivos para ellos, todo se basó en seguir atendiendo a las clases necesitadas principalmente pero no a quienes invierten en la creación de empleos. El riesgo es que los grandes inversionistas extranjeros pueden llevarse su dinero a otros países.

López Obrador ha sido muy duro retóricamente con los empresarios, no les ha hecho caso a pesar de que los empresarios le han presentado propuestas y esto nos lleva a pensar que probablemente el presidente, como dijo la semana pasada, le quede como anillo al dedo la pandemia del coronavirus para la cuarta transformación. ¿Por qué? Porque efectivamente si le va muy mal al gobierno y hay descontento social y la clase trabajadora se queda sin dinero, sin ingresos en ese momento un líder populista de la talla de López Obrador puede ir ganando terreno pero del flanco de la izquierda. Por ahí puede ir este asunto de un presidente que se puede radicalizar ante la amenaza del coronavirus. Por ello fue importante el mensaje del domingo pasado pues la opción que tomó nos dio luz hacia qué camino se quiere dirigir. Lo que los ciudadanos debemos hacer es tomar en cuenta todo lo que está pasando en nuestro país y en el mundo pues ya no vamos a volver a la normalidad, eso ya hay que pasarlo a la historia como una anécdota para los nietos. ¿Cuándo va a acabar todo esto? Esa es la pregunta. ¿Cómo le entramos a todo esto? El día que comieron los empresarios con el presidente, la semana pasada, ellos le llevaban un plan de que se podría implementar en el mes de abril, enseguida otro plan para mayo y también otro para junio. Los empresarios consideraban que la situación debería verse por periodos y por lo pronto ver las mejores acciones que pudieran tomar para los próximos tres meses. López Obrador aceptó que esto se fuera viendo no cada tres meses sino cada mes y que tuvieran un diálogo permanente para poder ir viendo que cosas se puede ir haciendo. Por lo pronto vieron que parecería que el mes de abril con las acciones que se han tomado de la banca privada con la manera en que los empresarios han reaccionado tratando de salvaguardar casi todas las compañías sin despedir personal, tratando de no afectar los salarios o negociando con los sindicatos vacaciones anticipadas o vacaciones pagadas, parecería ser que la lectura del mes de abril, sin decir que no hay problemas, está bastante bien o sea que se puede transitar todavía este mes. Sin embargo el mensaje del domingo pasado causó desilusión y enojo entre la iniciativa privada pues no hubo apoyos reales y efectivos para ellos, todo se basó en seguir atendiendo a las clases necesitadas principalmente pero a quienes invierten en la creación de empleos. El riesgo es que los grandes inversionistas extranjeros pueden llevarse su dinero a otros países. México esté a un tris de irse al despeñadero si el presidente no cambia su política económica. El domingo pasado los mexicanos nos quedamos con ganas de escuchar el mensaje que nunca llegó.