Juan Sergio Villalobos Cárdenas
 Maestro en Derecho

Camino por la calle en esta época decembrina, y veo el ir y venir de gentes con regalos; niños que se ilusionan con juguetes, escaparates vistosos y luces por doquier; sonrisas y júbilo se dibujan en éste y aquél otro rostro. La Navidad aflora en todos nosotros, esos sentimientos de solidaridad recíproca. Pero incluso en Navidad también hay quienes apenas pueden sonreír, niños cuyas ilusiones tal vez no se tornen en realidad, ancianos que pasan sus noches en intemperie, enfermos que más que un regalo material, desearían tener salud o al menos recursos para poder comprar sus medicinas. Navidad también es una época de contrastes.

Por alguna circunstancia de la vida, hace algún tiempo una joven de preparatoria conoció a un joven quien, enfermo de sus riñones, necesitaba dializarse con frecuencia; había que cubrir cierto costo en cada sesión, y la madre del chico de limitada economía vivía por ello en constante zozobra. El caso es que, cercana la fecha del cumpleaños de la joven quise darle un regalo; me pidió entonces que la acompañara a la clínica donde el muchacho recibiría su sesión de diálisis. Ese fue el regalo de cumpleaños que quiso: pagar la sesión de diálisis del muchacho.

Deseo con fervor que esta Navidad tengamos la sensibilidad de dar no sólo a los nuestros o a quienes nos son cercanos, sino a aquellos a quienes no conocemos; creo que no sería gravoso salir a hacer las compras con una cobija o una chamarra que ya no se necesite y regalarla a un anciano o a un niño; o comprar algunas galletas o manualidades que nos ofrecen en la vialidad en estas fechas.

A fin de cuentas, debemos de reconocer que, seamos religiosos o no, el sentido de la Navidad no es comprar o derrochar; celebramos en realidad el nacimiento de un niño, y ese acontecimiento es el más grande regalo que la humanidad pudiera haber recibido; por ello nuestra vida en todos sus aspectos (profesional, académico, social, familiar, personal) debe ser un constante agradecimiento que no puede manifestarse de otra manera que honrando con nuestras propias acciones el legado de amor que Él nos dio. Siendo tiempo de agradecimiento, lo hago a todos ustedes quienes nos han seguido con interés en este espacio, también a esta casa periodística El Heraldo de Aguascalientes, particularmente al Lic. J. Asunción Gutiérrez Padilla, que nos dan la oportunidad de ejercer el sagrado derecho a la libertad de expresión; y a ti Karla, gracias por enseñarme que el mejor regalo nunca será el que se recibe, sino el que se da, ni el que tiene un valor material sino el que implica darse y entregarse como persona en amor y servicio a la humanidad. Feliz Navidad.

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