Luis Muñoz Fernández

El pasado 21 de febrero de 2022 falleció Paul Farmer. Fue un médico y antropólogo que estudió y desarrolló su carrera en la Universidad de Harvard, donde dirigió el Departamento de Salud Global y Medicina Social y la División de Equidad Global en Salud del Hospital Brigham and Women de Boston. Trabajó en Haití, Ruanda, Cuba, Perú, Guatemala, México y Rusia. Por su historia personal y profesional, conocía de cerca la pobreza y afirmaba que lo que les sucede a los pobres tiene mucho que ver con las acciones de los ricos.

Crítico de la forma habitual en la que los gobiernos financian los sistemas de salud, denunció que el monopolio de las vacunas para la COVID-19 explica en buena parte que menos del 10% de los habitantes de los países pobres haya sido vacunado. Afirmaba que el dinero necesario para salvar vidas sí existe cuando todas las vidas se valoran de la misma manera.

Farmer motivaba a los investigadores para que estudiasen enfermedades en las que fenómenos como el racismo, el sexismo y la pobreza ponían trabas para que la gente se beneficiase de los avances científicos. En Perú demostró que la lucha contra la tuberculosis rendía mejores resultados si a los medicamentos antituberculosos se añadían pequeñas ayudas económicas y alimentarias.

En su libro “Sanar al mundo” podemos leer lo siguiente:

“Los frutos de la medicina moderna han llegado lentamente a quienes más los necesitan: los pobres y los que de algún modo son vulnerables. A los pobres les toca la mayor carga de enfermedad y discapacidad, a la vez que se consideran menos merecedores de cuidado sanitario por un establishment médico que pone la capacidad de pagar por delante de la necesidad”.

Y como si se estuviese dirigiendo a nosotros, médicos del sector público en México, advierte: “En entornos de privación, el personal médico se habitúa a la escasez y al fracaso… Frente a la estrechez, los médicos y las enfermeras que trabajan en ambientes de pobreza deben evitar caer en el empobrecimiento de sus propias aspiraciones”.

Su obituario en la revista “Science” dice que nunca dejó de esforzarse por mejorar los servicios de salud de las comunidades marginadas y de exigir la modificación de los sistemas que perpetúan las desigualdades globales. Se negaba a admitir que no se pudiese ofrecer a los pobres una atención médica moderna y de la más alta calidad.

Esto último es lo que siempre esgrimimos en contra de quienes, siendo incluso médicos, alzaron la voz por considerar que las óptimas instalaciones del Hospital Hidalgo eran un dispendio.

Comentarios a: cartujo81@gmail.com

¡Participa con tu opinión!