Óscar Malo Flores

La Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura, a través del Comité del Patrimonio Cultural y Natural; inscribieron el 27 de noviembre de 2011 al Mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y con esto, en medio de un mundo con clara tendencia a la globalización, el mariachi se convierte en “Crisol de nuestra diversidad cultural y su conservación una garantía de creatividad permanente”.

El comité del Patrimonio de la Humanidad está compuesto por 21 estados que son elegidos por la asamblea (193 estados) por un periodo determinado. El mariachi está dentro del rango de Patrimonio Cultural Inmaterial o Patrimonio viviente y significa las prácticas, las representaciones, las expresiones, los conocimientos y las habilidades, así como los instrumentos musicales, los espacios asociados, las comunidades, los grupos y los individuos que forman parte de su legado cultural.

La inscripción del mariachi en esta lista confirma el valor excepcional y universal de esta manifestación cultural que debe ser protegida para beneficio de la humanidad. Se tiene noticia, desde el siglo XVI, de agrupaciones musicales que pudieran considerarse piedra angular del Mariachi y cuya consolidación a mediados del siglo XX se convierte en símbolo de identidad y herencia del mestizaje popular tradicional.

 Los etnomusicólogos sitúan al Mariachi en una macro región conocida como Occidente de México y abarca lo que era la provincia de Nueva Galicia, Jalisco Michoacán, Colima, Nayarit y se extiende a algunas partes de Guerrero y Sinaloa. Se le llama mariachi  o mariache y su etimología se ha convertido en controversia ya que el dicho que la típica voz mariachi con el que se designa no solo a los conjuntos musicales integrados por violines o violincillos, arpa ranchera, guitarra de golpe o quinta, vihuela indígena y el singular “guitarrón” (las trompetas se añaden posteriormente), así como a los individuos que lo integran, es un galicismo que proviene de la palabra “mariage” que significa matrimonio, casamiento, boda… tal afirmación ha tenido tal difusión que el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la Enciclopedia Británica, la Enciclopedia de México así lo consignan pero sin aportar en algún momento argumento que valide o de luz a tal dicho.

Algunos historiadores como Leovigildo Islas Escárcega, José G. Zuno, que los galos durante su intervención en Jalisco acostumbraban celebrar sus bodas (mariage) con música regional.

Como si fuera pocos escritores como Alfonso Reyes reafirma este dicho en su libro Nuestra Lengua, publicación avalada y distribuida, en su tiempo, por la Secretaría de Educación Pública.

Más con la designación del Mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad, la investigación documental sobre la etimología de mariachi o mariache ha sido cada vez más exhaustiva de tal manera que investigadores, sobre todo etnomusicólogos como el Doctor Arturo Chamorro, Mario Alberto Nájera, Esaúl Arteaga y ya en 1928 Rubén M. Campos, poco después Luis Sandy concluyen que la palabra mariachi o mariache existía de siempre, antes de la llegada de los franceses, mariache se deriva del dicho “Pinutle Mariache” que significa tarima o tablado movible, que servía a los bailadores de jarabe o de sones, “Pinutle Mariache” madera con la que se hacían las cajas de resonancia o tarima para los biladores que eran acompañados a su vez del mariachi o mariache por analogía. “Pinutle Mariachi” son dos rancherías ancestrales una en Tecuala y otra en Santiago Ixcuintla; de ahí en dicho que Santiago Ixcuintla es la cuna del mariachi mexicano. Pinturas de la época (1807) demuestran los fandangos en los que el mariache o mariachi no sólo eran el conjunto de músicos, sino la pareja de bailadores y la tarima donde bailaban.

En el archivo parroquial de Santiago Ixcuintla, Nayarit se han encontrado 126 actas levantadas durante la tercera y cuarta décadas del siglo XIX en el que se hace referencia al rancho mariachi.

Al mariachi ancestral lo encontramos vivo, en nuestros tiempos actuales, en los grupos originales, indígenas como los coras, wixárika, nahua, huichol y purépecha. Lo encontramos en medio del pueblo común y corriente, haciendo música funcional, folk, como parte de la vida, hacen música que aprenden oralmente desde el fondo de los tiempos. Lo encontramos en el mariachi comercial, popular, en las ferias, en plazas y plazuelas; mariachi que hace música para subsistir y desde luego lo encontramos acompañados de orquestas sinfónicas en los grandes escenarios.

La música auténtica del mariachi transmite valores que fomentan el respeto al patrimonio de las regiones naturales y de la historia local tanto en español como en lenguas indígenas.

El 21 de enero se asignó como el día del mariachi “Obra maestra, del Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

Al mariachi auténtico bien se le puede considerar un museo de expresión humana hecho notas musicales.

La música del mariachi no sólo está viva en las regiones en donde el cosmopolitismo no ha cegado la fuente de la imaginación infantil de nuestro pueblo, sino que se expande hacia el norte y hacia el sur; en Costa Rica existe la plaza del Mariachi, en Nicaragua existe el mariachi. En Estados Unidos articula a los inmigrantes; Los Ángeles es un hervidero de música de mariachi mientras se consume birria, tacos, gorditas, quesadillas, menudo, mole, carne asada, cerveza, tequila, en una palabra, la cotidianidad cultural mexicana.

Existen conjuntos mariacheros en Suecia, Holanda, España, Dinamarca, Japón.

El Mariachi auténtico guarda en sí sabiduría, tiene un perfume añejo, pero fragante y fresco por lo que tiene el alma de nuestros ancestros; le canta a la alegría y al dolor.

El mariachi está ligado, además, a la figura gallarda del Charro Mexicano y al pecho blanco de la China Poblana.

El rescate del mariachi y sus raíces nos ayuda a entender la psicología del alma del pueblo, sus nexos sociológicos y hasta aplicaciones educativas.

El Mariachi es memoria, es historia y es tradición.