RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El lunes pasado casi iniciando la “mañanera” un reportero le preguntó al presidente López Obrador que se le escuchaba ronco. El presidente afirmó que efectivamente había amanecido ronco y que más tarde se realizaría la prueba de COVID para descartar la enfermedad. Sin embargo, por la tarde el presidente twitteo que se había infectado del COVID y permanecería en cuarentena, pero sin dejar de atender algunas de sus ocupaciones.
La verdad es que el presidente López Obrador ha sido muy afortunado pues a pesar de que ya es la segunda vez que le da coronavirus, la sintomatología que ha padecido se puede decir que ha sido leve y sin ningún peligro mayor. Y decimos que ha sido afortunado debido a que no se cuida debidamente, no usa ¡para nada! El cubrebocas, a excepción de cuando fue a Estados Unidos a la reunión trilateral. Ahí sí lo vimos muy mansito con su cubrebocas bien puesto. Le pasó lo que le pasa a la mayoría de mexicanos que cuando viaja a Estados Unidos se comportan correctamente, no tiran basura en las calles, se ponen el cinturón del automóvil, no infringen el reglamento de tránsito, no cruzan las calles a la mitad, sino que se van hasta la esquina, etc.
El presidente, sin duda alguna, ha dado un muy mal ejemplo a un sector muy importante de ciudadanos mexicanos en lo que se refiere a los cuidados que hay que tener en esta pandemia. La gente ve a López Obrador que no usa cubrebocas y ellos también no lo utilizan. No hay que olvidar que el ejemplo es lo que arrastra y nuestro presidente ha sido renuente en ese aspecto a pesar de los pesares y de los miles y miles de muertos y enfermos por la pandemia.
El asalto al capitolio
El jueves pasado se conmemoró un momento crítico, aciago, como no se había visto en muchos siglos en la Unión Americana. La conmemoración que hizo el presidente Biden en Estados Unidos del asalto al capitolio fue un recordatorio de una de las amenazas que está sufriendo la democracia occidental desde la Segunda Guerra Mundial. El jueves el presidente Biden dijo que había tres fechas relevantes en la historia moderna de los Estados Unidos que había que recordar: Una era el ataque a Pearl Harbor, que fue lo que incitó que Estados Unidos entrara a la Segunda Guerra Mundial y que finalmente fue el nazismo uno de los mayores riesgos que se dio a la mitad del siglo veinte para la estabilidad y la civilidad y paz del planeta. La segunda fecha relevante fue el 11 de septiembre de 2001 cuando los musulmanes atacaron las torres gemelas y eso desató una amenaza global a la civilización. Y, probablemente, el de Trump, sea la tercera gran amenaza, y no fue menor, lo que hizo Donald Trump el año pasado fue desde la presidencia de Estados Unidos desafiar la celebración de elecciones. Desde 1886, fue la última vez de una crisis política en Estados Unidos por un conflicto post electoral. Los Estados Unidos siempre habían celebrado elecciones en donde había una transferencia pacífica del poder; donde el perdedor siempre aceptaba el resultado y felicitaba al ganador. Y eso hizo que Estados Unidos fuera una democracia sólida internamente, y eso facilitó el liderazgo global de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Lo que está ocurriendo hoy en los Estados Unidos es que se está polarizando el país internamente. Los propios políticos del Partido Republicano están poniendo en duda la legitimidad del proceso electoral y hay el riesgo de que este año, en noviembre, que hay elecciones intermedias los republicanos puedan ganar el control de la cámara de representantes y/o del senado. Y si eso ocurre, dado que el congreso de Estados Unidos tiene un papel muy importante en certificar las elecciones, a diferencia de México quién certifica y válida las elecciones en Estados Unidos es el congreso, y eso significa que en 2024 Donald Trump, que probablemente compita y pueda ganar, pueda tener en el congreso a un gran aliado y si Donald Trump gana nuevamente la presidencia de los Estados Unidos, no solamente está en riesgo el funcionamiento de la democracia interna de ese país, sino diríamos que el funcionamiento de las democracias de todo el mundo. De tal forma que la celebración de jueves pasado y lo que ocurrió hace un año es, desde mi punto de vista, una de las mayores amenazas políticas que enfrenta el planeta, o al menos aquellos países que tienen sistemas de democracias representativas y que creo que estaremos en un grave problema durante los próximos años si Trump y los populistas norteamericanos siguen erosionando la democracia de ese país.
Ciertamente hay riesgos para la democracia en estos términos en el sentido de que Donald Trump, -o alguien peor que él- pudiera buscar nuevamente regresar a la Casa Blanca. Y es que si Trump deja de existir habrá muchos sucesores del populismo polarizante y demagógico desde el presidente Trump. Y claramente ya hay una enfermedad de la sociedad americana, ya hay un problema de polarización, ya hay un problema de teorías de la conspiración; ya hay una grieta en el centro de la sociedad americana que durante muchas décadas en el siglo veinte se caracterizó por tener creencias y valores comunes, y eso se empezó a destruir desde los años sesenta, se agudizó en los años ochentas y hoy, desafortunadamente, ya hay dos bandos. Mucho de esto está pasando a varios países del mundo. Y si los Estados Unidos se desmoronan internamente por estos pleitos ideológicos, políticos y populistas, desafortunadamente van a perder su capacidad de poder ser un liderazgo globalizador como lo fueron en los últimos setenta años y eso va a traer mucha inestabilidad al planeta.
Con lo anterior no estamos diciendo que el liderazgo de los Estados Unidos trajo puras cosas buenas en los setenta años, lejos estamos de sugerirlo, pero si decimos que en ausencia de ese liderazgo y con un ejemplo populista como el de Donald Trump, que no tiene principios, no apela a la verdad, no apela al consenso, lo que se puede generar es un efecto de mostración muy perjudicial en muchos países del mundo.

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