Prof. Flaviano Jiménez Jimémez

En un zoológico de Londres, la gente podía ver a las fieras a cambio de dinero o de perros y gatos que servían de alimento. Un hombre tuvo ganas de verlas, así que recogió a un perrito en la calle y lo llevó al zoológico. Al hombre lo dejaron entrar, y al perrito lo echaron en la jaula del león para que se lo comiera. El perrito metió la cola entre las patas y se apretó contra uno de los rincones de la jaula. El león se le acercó y lo olfateó. El perrito se echó patas arriba y movió la cola. El león lo rozó con una de sus zarpas y le dio la vuelta. El perrito se levantó y se sentó sobre dos patitas traseras frente al león. El león estuvo mirando al perrito, moviendo la cabeza de un lado y al otro, pero no lo tocó. Cuando el dueño le echó un trozo de carne al león, éste le arrancó un pedazo para que el perrito comiera. Por la noche, cuando el león se acostó a dormir, el perrito se acurrucó junto a él y apoyó su cabecita sobre la pata del león. A partir de entonces, el perrito vivió en la misma jaula que el león. El león no le hacía daño, no comía sino la comida que le daban, dormía junto al perrito y a veces incluso jugaba con él.
Un buen día llegó un señor al zoológico y al ver al perrito lo reconoció. Dijo que ese perrito le pertenecía y le pidió al dueño del zoológico que se lo devolviera. El dueño quiso devolvérselo, pero en cuanto llamaron al perrito para sacarlo de la jaula, el león se enfureció y soltó un rugido tremebundo. Así vivieron el león y el perrito un año entero en la jaula. Al cabo del año, el perrito enfermó y murió. El león dejó de comer, y no hacía más que olfatear al perrito, lo lamía y lo tocaba con la pata. Cuando se dio cuenta de que se había muerto dio un respingo, se puso furioso, agitó la cola golpeándose con ella el cuerpo, luego se lanzó contra los barrotes de la jaula dando dentelladas a los cerrojos y royendo el suelo. El día entero estuvo inquieto, caminando de un lado al otro de la jaula y rugiendo dolorosamente. Después se echó al lado del perrito muerto y se calmó. El dueño quiso sacar al perrito muerto, pero el león no permitía que nadie se acercara al animalito. El dueño pensó que el león olvidaría su pena si le daban otro perrito y metió en la jaula a un perrito vivo, pero el león lo despedazó en el acto. Después abrazó con sus patas al perrito muerto y se quedó echado junto a él cinco días. Al sexto, el león murió. León Tolstói. Lecturas. SEP.
EL VALOR DEL AGUA
¿Dónde creen que hay más agua: en los océanos, los ríos, las nubes, los glaciares? Si su respuesta fue que en los océanos, en esta lectura descubrirán que no es así. Espero que, además, puedan entender lo importante que es cuidarla.
Hay más agua debajo de la superficie terrestre que la que hay en todos los lagos, ríos, riachuelos, charcas, glaciares y océanos en la superficie. Generalmente, hasta en las zonas desérticas hay agua en las profundidades, debajo de la superficie. El agua subterránea proviene de la lluvia que se absorbió en la tierra y quedó atrapada en capas, como una esponja gigantesca. La primera capa de arriba se llama nivel freático. En el mundo, la gente que trabaja en la industria y la agricultura obtiene agua subterránea, haciendo pozos y bombeando el agua a la superficie. En algunos lugares la gente ha sacado tanta agua subterránea que el nivel freático ha desaparecido. Ahora sí sabemos que conservar el agua es indispensable para conservar la vida. Avelyn Davidson. Lecturas. SEP.

¡Participa con tu opinión!