Gerardo Muñoz

La semana anterior, comentamos sobre la dimisión del titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, ante a una serie de desacuerdos con el presidente de la Republica. En esta ocasión, aunque si bien es cierto que el fondo es muy diferente, abordaremos otra salida importante en el medio económico-financiero.

Hace dos días, la abogada y política Christine Lagarde, presentó su renuncia a la jefatura del Fondo Monetario Internacional, con la finalidad de abandonar el puesto de directora gerente a partir del 12 de septiembre del año en curso.

La salida de la francesa de 63 años de edad, tiene su origen en las altas posibilidades que tiene para reemplazar a Mario Draghi como presidente del Banco Central Europeo a partir del primero de noviembre. En caso de concretarse, Lagarde se convertiría en la primera mujer en que ocupe tan ajetreado puesto. Mismo reconocimiento que obtuvo cuando se convirtió en directora del FMI. Una mujer que ha roto paradigmas.

Lagarde permaneció al frente del Fondo desde el 2011, destacando una fuerza estabilizadora que ha otorgado un poder estelar a uno de los organismos más importantes en materia económica en el mundo. El FMI de hoy tiene un aura que lo diferencia de su imagen anterior de una estricta disciplina fiscal y planes de austeridad muy severos, los cuales tuvieron implicaciones muy costosas para algunos países.

La señora Lagarde contribuyó a cambiar el perfil, recalcando que la austeridad y la disciplina fiscal no siempre tienen sentido, especialmente cuando los tipos de interés y la inflación se mantienen por debajo de los niveles ideales. Algo que muy pocos economistas que ostentaban el mismo cargo, se atrevieron a implementar.

De igual forma, también sugirió que, en ciertas circunstancias, los déficits más altos y las medidas para reducir la inequidad pueden llegar a tener un impacto positivo.

De esta forma, Lagarde cierra un ciclo en el Fondo y lo deja bien posicionado ante los desafíos que presenta la actualidad actual. El desafío clave para la próxima dirección del fondo, será encontrar la manera de mantener la relevancia, la influencia y la legitimidad de la institución en un mundo en el que el multilateralismo se está desmoronando en medio de tensiones comerciales y alianzas geopolíticas cambiantes.

Se espera, a pesar de la intromisión de Donald Trump, que el próximo mandatario sea un europeo, como lo marca la tradición.

Cuando Christine comenzó en el FMI, se vivía un panorama de incertidumbre, habían pasado ya tres años de la última crisis severa que afectó al mundo y no se lograba encaminar la economía a mejores condiciones. Su nuevo reto, parece aún más complicado que el anterior.

Siempre se le ha reconocido su habilidad de influir y pensar fuera de lo común. Estos atributos serán preciosos para manejar la complejidad de la situación que le espera. Los tipos de interés europeos se encuentran en un terreno adverso y la hoja de balance del banco central contiene unos 4.7 billones de euros en activos, lo cual significa que las herramientas habituales de política monetaria se han utilizado en su totalidad.

Frente al aumento del populismo, el fin del ciclo de expansión y el impacto de tipos de interés demasiado bajos, es importante que la nueva líder del Banco Central Europeo se mantenga fuerte. La mayoría de los observadores esperan que, en términos de política monetaria, Lagarde se mantenga flexible como su predecesor.

Pero lo más importante es que hay esperanza de que la nueva líder del BCE pueda extender la capacidad de injerencia del banco por medio de su habilidad política y capacidad para el diálogo.

Las políticas para estimular el consumo y mejor armonización y solidaridad fiscal entre los países miembros serán fundamental para la existencia del euro e incluso quizás para el proyecto europeo en sí.

Sin lugar a dudas, la comunidad europea debe de sentirse sumamente optimista ante la llegada de esta brillante mujer al siempre atacado banco central.

 @GmrMunoz